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Horas extras en Tijuana, botín del Ayuntamiento

 

La prohibición en la extensión de horario en los bares es letra muerta para el Gobierno Municipal. Todos pagan para violar la Ley, y los que no, son obligados u hostigados por la misma autoridad para que lo hagan. Mientras tanto la actividad de estos establecimientos genera inseguridad y conflictos en los que todos se hacen de la vista gorda para seguir beneficiándose con la impunidad.

Juan Caros Domínguez

Sábado 22 de octubre, 3:20 a.m. Con la altanería que caracteriza a sus elementos, llega la unidad de Reglamentos al boulevard Díaz Ordaz para verificar el debido cierre del bar “El Rey Sol”. Comprueban que la cortina de metal esté abajo y los candados puestos; los agentes se suben a su vehículo tan pronto como llegaron al lugar. Ni voltean a ver al establecimiento de al lado, Bar “El Ejecutivo”, que seguirá operando hasta las 5 de la mañana. Ésa es la diferencia entre los que pagan y no pagan.

El límite marcado por la Ley, en el horario de servicio de antros, bares, cantinas y similares  hasta las 3 de la mañana, es letra muerta, es letra de cambio, es mera transacción, negociación, acuerdo entre la autoridad y los empresarios de la vida nocturna en Tijuana.

5 de la mañana del 10 de octubre. Los taqueros que atienden a los trasnochados del bar y table dance “La Cueva del Peludo” –y antros aledaños– atestiguan cómo es echado a la calle, golpeado y ensangrentado, Cristian Rodríguez, de 24 años, joven que fue víctima de una golpiza colectiva que le propinaron varios meseros al interior del local. Junto con siete de los agresores, la víctima, que ya iba medio muerta (todavía hay versiones contradictorias en el sentido de su posterior fallecimiento o sobrevivencia), es asegurado por elementos policiacos, pero al percatarse los oficiales la gravedad del herido, lo trasladan de la patrulla a una ambulancia, para trasladarlo primero a la Cruz Roja, y posteriormente al Hospital General.

Lo curioso del caso es que el parte policiaco de ese día, emitido por la Secretaría de Seguridad Pública del Ayuntamiento de Tijuana, consigna las 2:33 de la mañana como hora del incidente. Amén de otras inconsistencias. La Cruz Roja por su parte, también se contradice al referir que recibieron al herido a las 3 de la mañana. Atendido después en el Hospital General, según refieren testigos cercanos al parroquiano agredido, los gerentes de “La Cueva del Peludo” lo sacaron de ahí para internarlo en un nosocomio privado, so promesa de pagar todos los gastos, con tal de no hacer “más ruido”.

Evidenciada la violación al horario autorizado para operar en bares y cantinas, fijado en 3 de la mañana, todo parece indicar que autoridades y demás instancias involucradas en este caso, entraron en complicidad para no “balconear” al establecimiento irregular.

Incidentes y hechos suscitados fuera del horario reglamentario, parecieran estar siendo ocultados o minimizados, ahora sí que para “no calentar la zona”, respecto a la violación al horario establecido, que por otra parte es abiertamente trasgredido.

Tal es el caso que tuvo lugar el 20 de marzo de 2011 en la zona de moda, la Calle Sexta. Ése fue el tema más comentado entre los antreros del área. A eso de las 9 de la mañana vecinos de la zona centro reportaron escándalo y música a muy alto volumen provenientes del Bar “La Chupetería”. Al llegar patrulla y policías al local, encontraron a 12 personas con la fiesta a todo lo que da, tan es así que mujeres y hombres estaban desnudos. Era el “After party” de los clientes “VIP”, a los que además, aparte del influjo del alcohol, evidenciaban otras sustancias en el organismo. Hasta ahí quedó. Sesgado el escándalo para no exhibir la violación la horario.

Nada más como ejemplo, ZETA recorrió los antros de La Mesa la madrugada del 22 de octubre. Bares como el “El Ejecutivo”, “Marbella”, “Enigma”, “El Sinaloense”, “Charlys”, “La Cueva del Peludo”, permanecían abiertos más allá de las 3 de la mañana. Al preguntarles a meseros y cantineros la hora del cierre, hasta con orgullo respondían. “Hasta las 5 de la mañana”. Hay quienes se van de largo, cuando la luz del sol ya empieza a destellar: “Cerramos a las 6 de la mañana”, presumen en el centro nocturno “7 de copas”.

Eso es en cuanto a las cantinas ubicadas en la delegación La Mesa. Pero la misma tónica aplica para la Zona Norte, la Avenida Revolución, Zona Río y, ni qué decir, la Zona Este, convertida en tierra de nadie. O bien, en dominio del hampa.

“O cooperas o cuello”

Madrugada del domingo 30 de octubre. En un recorrido que después de las 4 de la mañana realizaron algunos denunciantes a ZETA, constataron la violación del horario establecido de los bares “Los Alebrijes”, “Tzul”, “Duai”, y todos los de la Plaza del Zapato, en la Zona Río. En la Calle Sexta, todos abiertos, a excepción de uno o dos. Sobre la Avenida Revolución el “Coco Bongo”, “La Pulgas”, “El 45”, “Camaleón”, “Premier”, “Colibrí Lounge”, “Sky” y Mikes”. En la Plaza Santa Cecilia “El Ranchero”, “Hawai”, “Taurino”, entre otros. En la Zona Norte el “Hong Kong”, “La Mal Querida”, “Adelitas”, “Chavelas”, “Chicago”, “Río Verde”, “Valentinas”, “Golden”. Además de “La Estrella”, “Blanco y Negro”, “Porkys”, “Volcán”, “Dandy del Sur”, “Cico”, “Rancho Grande”.

Todos pagan, todos se “mochan”, y tienen barra libre y horario extendido. Los menos son los que no están incluidos en ese esquema. Porque no les interesa, porque no lo requieren. Lo de menos sería excluirse del arreglo, y ya. Lo que les molesta es el hostigamiento y presión que padecen de parte de los inspectores de Reglamentos, según lo han manifestado algunos denunciantes a ZETA.

Relatan algunos propietarios de bares en la Zona Centro, “no arreglados”, que en las últimas semanas han sido víctimas de persecución y acoso. Establecido el horario de las 3 de la mañana para el cierre, elementos de Inspección y Verificación del Ayuntamiento de Tijuana llegan a eso de las 2:30 ó 2:45 de la mañana a “supervisar” las condiciones de los bares que sí están respetando el horario. La táctica es encontrarles cualquier pretexto (puerta de emergencia no ubicada, extinguidores, seguridad, etc.) para multarles o clausurarles. En el pecado llevan la penitencia los bares que no pagan la dispensa del horario extendido.  “O me pagas o me pagas”, se quejan algunos propietarios sobre la premisa de Reglamentos.

“Te llega una inspección de Reglamentos, en donde te dejan un citatorio por supuestas violaciones. Una vez que vas al Municipio te informan del programa de las horas extras y luego te mandan a unos inspectores en donde te exigen 2 mil dólares al mes para entrar ‘al programa’”, relata un comerciante afectado.

“Si no pagas te dejan saber que en cualquier momento van a regresar y te pueden clausurar por faltas que ellos encuentran a los artículos de la Ley. Estás con ellos o en contra. Te forzan (sic) a ‘entrarle’ o pagas las consecuencias”, continúa narrando el denunciante.

Asevera el empresario: “Estamos hablando del crimen organizado dentro del Gobierno de Tijuana, manejando cientos de miles de dólares”.

“El negocio no da para tanto”, se queja otro propietario de bar, a propósito de los 2 mil dólares que les exige Reglamentos para dejarlos en paz. “Ni de renta pagamos eso”. En el afán de obligarlos a extender el horario, claro, con paga de por medio, a algunos establecimientos los atiborran de multas por cosas mínimas como tener una luz prendida o apagada indebidamente, de acuerdo al reglamento: “El monto de las multas es lo de menos, te las acumulan para clausurarte. Ellos tienen la Ley en la mano”.

Por otra parte, los afectados no tienen la confianza suficiente para denunciar ante Sindicatura del Ayuntamiento, el acosamiento y extorsión de la que son objeto: “Nos da miedo”.

 

Revisión selectiva

Daniel León Valdés, titular de la Dirección de Inspección y Verificación celebra que con la contratación de 4 inspectores más, ya cuentan con un cuerpo de vigilancia de 10 elementos, para toda la ciudad.

De resultados, refirió por ejemplo los del período del 1 al 10 de octubre pasado. 16 clausuras en las que incluyeron por violación del horario los establecimientos “El Norteño”, “Lucky Lady”, “La 8”, “Pancho Villa”, “Pub del Río”, “Hidalgo”, “El Triángulo” y “Jagger”.

Las estadísticas de Reglamentos, comprendidas del inicio de la actual administración municipal (1 de diciembre de 2010) hasta el 26 de octubre del 2011, es decir en un período de 11 meses, consignan 990 actas levantadas (incluidas clausuras) por diferentes violaciones a la Ley de Alcoholes.

Por irregularidades diversas en los permisos de alcohol se registran 620 actas, multas por exceder el horario, pero sin clausura, llevan 118; clausuras por diferentes faltas, son 200, clausuras por tener a menores de edad dentro, sólo han registrado 7; cierres exclusivamente por violar el horario de servicio son 51.

La multa más alta que se puede llegar a pagar es de 29 mil pesos, por el delito de permitir la entrada a menores de edad. “Y cada semana hacemos lo mismo”, dice León. “Vienen, pagan la multa normalmente el lunes, se regularizan”. Y “sanseacabó”.

No todas las semanas hay clausuras, aclara el titular de Reglamentos: “La mayoría de las veces llegamos ya fuera de horario, echamos a la gente para afuera, que es como si fuera una clausura, suspendemos actividades y levantamos un acta”.

Afirma el funcionario que se aplican igual en todas las áreas de la ciudad, incluyendo la zona este: “Con los peligros que encierran, tú sabes que es una zona un poquito conflictiva”. Los motivos: “La vigilancia está un poquito menos fuerte que en otros rumbos de la ciudad. Pero sí revisamos varios antros y las horas en que operan, algunos tienen el reporte de clausurado. Tenemos inspectores que no están vacilando en los operativos especiales que estamos llevando, una pareja de toda mi confianza los ha recorrido”.

La autoridad atestigua: “Si te das una vuelta por la Calle Sexta te vas a percatar que la mayoría están cumpliendo con el horario. Hay uno que otro por ahí que se nos jala. A otros los hemos detectado que cierran las puertas y se quedan ahí todavía pachangueando. Vas aprendiendo de todo este ambiente, ¿no?”.

Daniel León Valdés explica el mecanismo: “Cierran y se quedan ahí. Ya no entra gente ni nada, pero siguen operando. Entonces a nosotros ya nos corresponde llegar a tocarles, a veces no abren. Pero nomás son unos dos o tres que se nos pasan”.

8 ó 10 inspectores con los que cuenta el departamento de Reglamentos parecieran insuficientes para darse abasto en la vigilancia de los bares en toda la ciudad. El titular de esa dirección explica que no tienen problema por la falta de agentes, la dinámica de la actividad nocturna les facilita incluso la chamba: “Por ejemplo llegamos al Díaz Ordaz, a la Calle Sexta o a la Plaza del Zapato, y cuando miran que estás cerrando o clausurando equis bar, los demás empiezan a aplicar eso de que ‘cuando mires a tu vecinos rasurar, pon tus barbas a remojar’; y empiezan a cerrar”.

Es cuestión de mala o buena suerte, la debida aplicación de la Ley para un antro, nomás sirve da advertencia o aviso para otros. El protocolo lo facilita: “En que sacas a la gente, elaboras el acta y demás… (se pierde mucho tiempo). Si me ocupo en un solo grupo, descuido otro grupo, tienes que jugarlo como si fuera ajedrez, para poder rendir. Una clausura nos lleva 2 horas”. Mientras “se la aplican” a un bar, los demás se corren el pitazo y la libran.

Arreglos, mañas y omisiones

El director de Inspección y Verificación del Ayuntamiento de Tijuana desconoce cuántos bares o cantinas hay, por ejemplo, en la zona este. Pero refiere que hay mil 800 permisos para venta de alcohol, rubro en el que se incluyen abarrotes, bares, loncherías, restaurantes y hasta farmacias. Datos obtenidos por ZETA contabilizan 60 establecimientos con venta de alcohol en la delegación La Presa; 40 en la delegación Cerro Colorado; 67 sobre el boulevard Díaz Ordaz; 86 en la zona norte; 65 en la Calle Sexta; por mencionar algunas zonas de mayor pujanza.

Oficialmente hay 3 mil 900 permisos vigentes para venta de alcohol, para toda la ciudad. De ésos aproximadamente son 300 para cafés cantantes, 90 para bar turístico, 100 para restaurant bar, 300 para restaurant y 200 para loncherías. El resto, se supone, incluye tiendas de abarrotes, min súper, licorerías y súper mercados.

En todo este universo de permisionarios, legales o “arreglados”, hay 800 propietarios que se ampararon ante la Ley de Alcoholes, que prohíbe las horas extras y que promovió el diputado del PAN Max García, y que también fue motivo de encontronazo entre el Gobernador del Estado y la recién iniciada administración municipal de Carlos Bustamante.

Amparados por la autoridad, pero al margen de la Ley, la mayoría de los bares en Tijuana siguen operando a su libre albedrío, en una red de complicidad y corrupción que denuncian quienes se quedan al margen del entramado operativo.

“Lo vemos, los bares no cierran a la hora establecida por la Ley”, observa el regidor panista Erwin Areizaga, quien cita el tema de Alcoholes como uno de los más cuestionables del actual Gobierno Municipal. “Lo más preocupante es que esto (las horas extras) desencadena una corrupción que por lo menos en los pasillos de Palacio Municipal, la gente que está cerca de uno, nos lo comentan, que la extorsión está a la orden del día, que están haciendo el negocio de su vida”.

A los regidores les llegó la queja de un ciudadano al que le cobraban 2 mil dólares por operar horas extras: “A lo mejor a algunos no les cobran porque tienen la amistad con gente de la administración, y los dejan operar hasta las 4:00 ó 5:00 de la mañana, no está oculto, ahí está a la luz de todos”.

Para regular en esta materia se creó un Consejo Municipal de Alcoholes, cuya instalación careció de la difusión debida y respecto a su forma de operar, es un gran misterio. Nadie sabe, nadie supo. Incluso al regidor Julio César Vázquez, del PT, presidente de la Comisión de Alcoholes, nunca se le notificó ni se le pidió opinión para la confirmación de ese organismo dentro de la estructura municipal. El tema está vedado para todos: “Es evidente que es un asunto que genera polémica, donde hay intereses y donde no querían involucrar o que participara gente que les fuera a causar ‘ruido’”, corrobora por su parte del regidor por el PAN Erwin Areizaga.

“Es un tema delicado que tiene que ver con problemas de salud pública y de seguridad”, opina el edil, lo que se sustenta con los casos mencionados al inicio de esta nota. Resalta el regidor que las horas extras no serían problema si la ciudadanía fuera más responsable. El consuelo que queda es la reciente implementación del alcoholímetro: “Que ojalá no sea un bomberazo de 2 ó 3 semanas”.

Menos mal

Pese a la abundancia de antros que se observan operando libremente hasta el amanecer, hay otra realidad que pocos ven. La de una mayoría de bares que no tienen la necesidad de extender su horario –y por ende de violar la Ley– porque simplemente no lo necesitan.

“El negocio de los bares ha decaído mucho”, advierte Daniel León, director de Reglamentos. “Los bares están cerrando, ya no están violando la ley. No hay gente, no hay lugares llenos, son 3 ó 4 ó 5 los que nomás ‘están partiendo el queso’”.

Es la crisis la que hace que muchos estén en el redil, asegura el funcionario: “Antes tú veías el jueves la Calle Sexta llena; ahora está desolado. Antes jueves, viernes, sábado y hasta domingo estaban, pero ya no hay gente, ya no hay circulación”.

Sin embargo aclara: “Independientemente de eso, nosotros cuidamos la seguridad de los antros, que tengan su puerta de emergencia, que no tengan sobre cupo, que tengan las medidas de seguridad, que cuente con sus extintores. O sea, no nomás cerramos por el horario o la presencia de menores”.

El funcionario municipal afirma que no se busca otra cosa más que negocios de alcohol estén regularizados: “para eso estamos nosotros, para tratar de que la gente cumpla”.

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