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Un conocido psiquiatra se encontraba disfrutando de una siesta sobre un diván de su consultorio. De súbito hubo de interrumpir sus dulces sueños froidianos cuando una compacta jauría de guaruras se apersonaron en su puerta. -¡Doctor, tenemos una emergencia! ¡Traemos un paciente de alto perfil que requiere de sus servicios! ¡Sufre de ataques severos de ansiedad, lapsos de falta de memoria y presenta devaluados delirios de grandeza!

El azorado doctor no pudo negarse a atenderlo ante aquella sentida petición por parte de esos forzudos gorilas empistolados. Con apresurado sigilo entró un ansioso individuo cubierto de la cabeza con un bombacho chamarrón colorado. -Ande usted, le dijo el psiquiatra. Pase y recuéstese en el diván. Ahora descúbrase la cabeza. Al remover la chaqueta carmesí, un frondoso copete negro como el chapopote, dejó al descubierto el demacrado rostro del personaje… traía los ojos enrojecidos y desorbitados como si fuera lechuza del Ajusco… La voz le temblaba al igual que las rodillas. La lengua se le retorcía. ¡Era todo un caso de estudio médico!

-Y bien, dígame…dijo el psiquiatra, ¿qué es lo que le pasa? -¡Pues casi nada, doctor! contestó el paciente. ¡Últimamente he tenido unas horrendas pesadillas!… me sueño inmiscuido en un gran zafarrancho del cual soy protagonista. Sueño que en aquel lugar me insultan y me pitorrean pero no hallo ni un palo con qué defenderme. ¡De pronto me siento desnudado ante la turba que observa tan penoso espectáculo! Por si no fuera suficiente la sorna, me zurran unos pajarracos sobre mi acicalado copete. ¡Nunca antes había sentido tanto pavor por las aves! ¡Y eso no es todo! De pronto me aparezco en el medio de un enorme gallinero donde se me echa encima un rudo gallo de pelea al que le apodan el gallito amoroso. No tengo que decirle que aquel gallo amarillento me acaba poniendo una larga y soberbia picotiza. Me veo entonces y como puedo escapo lejos de aquella enjuta bestia pero por mala suerte me tropiezo con un enorme panal de abejas. ¡Una rechoncha y despeinada abeja reina emerge enfurecida y trata de clavarme con maestría el aguijón en el pecho! Entonces que me echo un clavado de cabeza en un gran lodazal donde nadan sapos y ranas tricolores. ¡Así es como evito quedar enronchado de por vida!

-¡Caray! dijo el doctor…  ¡prosiga! –Bueno, y entonces dijo el paciente, aparezco en medio de una manifestación de furibundas mujeres, cada una con un bebé de gran copete. Todas me gritan… ¡cada uno de estos chamacos es tuyo, mantenlos! ¡No te hagas güey! Y de pronto de la nada se me viene encima una esbelta y recelosa gaviota quien me ataca sin piedad hasta arrancarme el copete y dejarme totalmente calvo. -¡Cielo santo! dijo el psiquiatra. ¿Qué, aún hay más de semejante pesadilla? –¡Sí, doctor! le dijo desesperado el enchamarrado… ya con medio copete trasquilado, el hígado picoteado y mi traje europeo todo enlodado, ¡aparezco pegado con cola loca industrial a una silla! Me quiero levantar para ir al baño pero unos desgraciados gitanos de feria me dicen no iré a ningún lado si no contesto una pregunta de cultura general, la cual por supuesto no me sé, así que me hago en los pantalones como si fuera un desbordamiento de aguas negras del estado de México. ¡Es espantoso, doctor! ¿Puede hacer algo que me libre de semejante tormento nocturno? -Mmmhhh…pues sí, dijo el doctor. Tengo la solución a su problema. Váyase a comprar ahora mismo un viejo gallo de granja. Llévelo a su casa y duérmase. Cuando lo despierte el animal con sus alaridos a las cuatro de la mañana, vaya a buscarse entonces un gran panal de abejas y patéelo con enjundia. Busque a la abeja más gorda y ponzoñosa del nido. Jálele una pata y deje que le pique con furia una y otra vez en un dedo hasta que lo torne inmune a su veneno. Después encuentre un gran lodazal y aviéntese con todo y traje para que aprenda a ensuciarse de ser necesario su acicalado copete. Justo después búsquese una silla cómoda y póngale Resistol 5000. Haga que alguien le lea 48 horas seguidas de literatura clásica hasta que vomite cultura por la boca. ¡Finalmente cuando se le duerman completamente las extremidades aproveche para hacerse la vasectomía sin anestesia! -Oiga doctor, preguntó el sujeto sorprendido por la receta, ¿pero eso me ayudará en algo? -¡Claro! le dijo el doctor! Eso lo mantendrá ocupado el suficiente tiempo para analizar si toda esta fregadera de llegar a ser presidente vale la pena, tanto como para aguantar a las coléricas avispas magisteriales, las burlas y las venganzas políticas de los renacuajos del congreso, las múltiples enlodadas de imagen, los incontables episodios de insomnio, las picoteadas de los gallos de otros partidos, las consecuencias legales de sus infidelidades y el escarnio perpetuo por la innegable ausencia de cultura general…

No hace falta ser un reconocido psiquiatra para darse cuenta que el poder enloquece y destruye. ¿Quién será el próximo en acabar en la silla…de los electroshocks? Sólo Dios sabe.

Muchas gracias.

Toraijin Arendori

Tijuana, B.C.

Correo: atoartfilosografic@hotmail.com

 

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