JOSEFINA Y PEÑA: LOS HAZMERREÍR
Ayuditas electorales, para el PAN acarreados para el PRI un discurso de pantalla, AMLO la libra
A carcajadas, así… pero con gusto, se recuerda al par de candidatos presidenciales, Josefina Vázquez Mota del PAN y Enrique Peña Nieto del PRI que, en sus –fracasados– intentos por impresionar al electorado, quedaron en el vil ridículo.
Primero la primera. Josefina.
Dispuesta a dar el “agandalle”, la candidata programó, antes que nadie, la toma de pelo –perdón, la toma de protesta– como abanderada de su partido, un “protocolo” innecesario a estas alturas de la carrera electoral.
Y que conste que desde hace meses los mexicanos fueron retacados por la panista y su partido de convocatorias, precampañas, debates, presentaciones, elecciones, resultados y, ganada la interna, hasta gira de agradecimiento. Pero el pasado domingo, la candidata “tomó protesta”, como si hiciera falta.
El mentado requisito se pensó en grande, y eso que pudo hacerse en la mesura de cuatro paredes o en la discreción mediática de la veda electoral interpuesta por el IFE (al parecer mal comprendida).
¡Ajá!, y tan grande fue que la convocatoria para los medios de comunicación fue dimensionalmente equitativa al enorme lugar donde se planeó el acto: el Estadio Azul en el distrito federal. Donde caben, atiborradas, unas 35 mil “almas” (como luego le gusta decir a doña Josefina).
Lástima, pues en el afán de darse a conocer, seguramente en el cortejo de votos, Josefina y su equipo terminaron en la humillación. Imagine (o recuerde) lector la escena. De aquí al primero de julio todo cuenta:
Desde las altas horas de la madrugada del domingo, reportan los medios nacionales, los acarreados del PAN comenzaron a acomodarse en el estadio de futbol. El peregrinar de los “interesados” comenzó incluso desde varios estados de donde los hicieron llegar a la capital del país.
A las 9 de la mañana de aquel domingo aciago, el ganado electoral de Vázquez Mota ya tomaba sus lugares. Repleto el campo, las imágenes circularon en vivo por varios canales nacionales, Milenio Televisión enlazó en vivo y directo las “espectaculares” imágenes de un concurrido acto panista. El “poder de convocatoria” en breve quedaría reducido a un fiasco.
Casi la una de la tarde y apenas los organizadores subieron al ruedo a las “estrellas” de la política. Primero, la señora Isabel de Wallace, candidata del PAN a la jefatura de Distrito Federal. Tras largo discurso, hizo lo propio José Espina, presidente de la Comisión de Elecciones del PAN y, para rematar, Gustavo Madero, dirigente nacional del partido.
Tan poca consideración le tuvieron a sus acarreados (los que esperaron bajo el sol durante horas) que éstos les devolvieron la majadería. Nada más tomó el micrófono Josefina con ese tonito robotizado y sus espectadores comenzaron a desalojar el lugar. Igualito cuando un partido de futbol está definido, falta poco tiempo para el final y no hay nada que ver.
Evidente fue que aquella práctica tan criticada por Acción Nacional al PRI por su facilidad de montar mítines con acarreo multitudinario se convirtió en una copia mal lograda de los blanquiazules.
Mientras Josefina entusiasmada berreaba: “¡a la historia que aquí nos convoca, tenemos la responsabilidad de ser constructores de paz, constructores de esperanza, tenemos que luchar por la libertad y rechazar cualquier práctica autoritaria, este día, es un día luminoso…!”, los golondrinos le volaron del evento más rápido que si se tratara de un terremoto.
Ahí, toda abandonada, la señora Vázquez se aferró a su discurso, en vez de terminar disimuladamente, continuó hasta el final.
El colmo es que horas después, en otro evento, y como si el ojo infalible de las cámaras mintiera, Josefina Vázquez Mota negó que durante su toma de protesta, los invitados se le fueran. Ya en la malicia, el equipo de la candidata tuvo que resignarse a aceptar públicamente que hubo “errores de logística”. Pretextaron: los choferes les habrían dicho a los acarreados que a la una se iban estuvieran o no. Por eso, dijeron, los fieles emprendieron la huida.
En fin. A los desertores de la panista, el vergonzoso acto les dibujó una burlesca y sabrosa sonrisa, parecida a la que la señora candidata constantemente se tatúa.
LAS TRES TOMAS
Quien la vivió tranquilamente fue Andrés Manuel López Obrador, el candidato de las izquierdas. El lunes pasado por la tarde “El Peje” hizo lo mismo, tomar protesta como candidato.
Se atascó con unas 3 mil personas el Teatro Metropolitano de la ciudad de México para alagar al tabasqueño. Allí reventó: “Más de lo mismo es darle el visto bueno a la corrupción política imperante en nuestro país. Más de lo mismo es terminar de condenar a nuestros hijos y nuestros nietos a un futuro miserable de penurias y temores”.
Ésa fue la toma de protesta de AMLO ante Movimiento Ciudadano –antes Convergencia–, falta por hacer este fin de semana lo mismo ante el PRD y PT.
Y a ver si en estos próximos días (el 17 y 18 de marzo) resbala porque cuando menos en ésta la libró.
PEÑA: LA OTRA PENA
Un día después del “oso” de Vázquez Mota, fue el turno para el abanderado del Revolucionario Institucional. Que al parecer, no quiso quedarse atrás en el concurso de vergüenzas.
Anteriormente, había circulado en los medios la versión de que el priísta tomaría protesta de manera “privada” por aquello de no violar la ley electoral.
Así que la cúpula del PRI y miles de partidarios se trasladaron “en privado” a Dolores Hidalgo a presenciar la “privada” toma de protesta de su candidato.
Largo y protocolario evento para que, para su mala suerte, también terminara en burlas.
Peña Nieto se colocó frente al micrófono y como si fuera cierto, sacó de su ronco pechó emulando al Cura Hidalgo: “hoy regresamos a Dolores Hidalgo, cuna de nuestra independencia Nacional, porque nuevamente México dice basta ya de mal gobierno”.
Al terminar el kilométrico discurso, donde además describió los gobiernos panistas con “sangre, violencia y muerte”, Peña llegó a su clímax: “¡Sí protesto por la grandeza de México!”. Qué tan difícil pudo haber dicho la frase que al priísta se lo trasmitieron por un teleprompter, uno de esos aparatos que reflejan el texto de un discurso para simular que no se está leyendo ante las cámaras.
La privada toma de protesta de Peña Nieto, fue armada con los ingredientes de un show televisivo. Los monitores donde leyó su protesta, ubicados frente a él y a espaldas del público, pero perceptibles a los fotógrafos que así lo documentaron el mismo día.
Al igual que Josefina, Peña Nieto se convirtió en el hazmerreír de la política. Isaí Lara Bermúdez








