Jóvenes
Agradeciendo de antemano su siempre amable disposición a publicar las humildes opiniones de un servidor me permito exponerlas a continuación.
Bien por los jóvenes estudiantes y sus protestas en contra de EPN, primero; y en repudio a los medios masivos de comunicación, después, por el descaro con que manipularon la información a favor del candidato del PRI. Felicidades nuevamente porque aunque el sistema utilizó todos sus recursos y sus mañas para desacreditar y minimizar el movimiento, supieron defenderse y al final lo que logró fue darle mayor difusión hacia lo que realmente sucedió.
Si fuera político, me preocuparía porque como yo lo veo, la reacción e los estudiantes no fue en realidad en contra del PRI ni contra EPN en lo personal sino una expresión de rechazo y repudio hacia el que con toda probabilidad se convertirá en el próximo jefe de la mafia de parásitos que desde hace muchos se ha enquistado en el poder. Me preocuparía aun más porque la forma en que se dio es una muestra palpable del hartazgo acumulado, que aunque protagonizado por un proporcionalmente pequeño sector de la población es compartido por la inmensa mayoría de los mexicanos. Al menos para mí la protesta de los estudiantes es un grito de coraje que dice que no estamos muertos ni dormidos ni somos estúpidos ni retardados (al menos no todos). Que la clase política ya no puede seguir jugándonos el dedo en la boca con las mismas mentiras y burdas simulaciones para vendernos año tras año y elecciones tras elecciones la misma basura que ellos llaman democracia aunque se parezca más a lo que en la escuela aprendimos a llamar dictadura. Que ya no estamos dispuestos a dejar que sigan ofendiendo nuestra inteligencia prácticamente cada vez que abren la boca porque tenemos ojos, oídos y cerebro nosotros también y podemos ver, oír y entender claramente que todo lo que nos dicen son cuentos que más nos encabritan por lo burdo y lo gastado.
Las cosas han llegado a tanto que si hoy mismo uno de los cuatro candidatos se atreviera a decir: “está bien, está bien, yo si admito que me beneficiaré en lo personal y beneficiaré a familiares y amigos ejerciendo mi cargo pero a cambio me comprometo a dar el 100% de mi capacidad, mi esfuerzo y mi tiempo en beneficio de mis representados vigilando que todos los funcionarios por mí designados se comprometan en el mismo sentido para compensar”. Si dijera eso aunque sólo fuera por lo original y por las agallas de decirlo yo le daría mi voto y estoy seguro que no pocos harían lo mismo, así de hartos y desesperados estamos.
Porque qué cree que sucedería si Usted tuviera una gran empresa y contratara a una persona para ocuparse de recursos humanos. Tan pronto como dicha persona asume el cargo, los gastos de operación del departamento se disparan hasta cien o mil veces de lo que antes se gastaba y para colmo Usted descubre que el personal experimentado y profesional que ocupaba los puestos clave de su empresa ha sido sustituido por parientes y amigos del gerente de recursos humanos recién contratado. De no actuar de inmediato y despedir a los sinvergüenzas, su empresa estaría en graves problemas en poco tiempo. Eso es lo que sucede en esta magnífica empresa que es nuestro país y, aunque cada vez es más evidente para todos, no atinamos a encontrar la forma de deshacernos o al menos controlar a tan nefasto gerente de personal y estoy hablando de los partidos políticos en México, sus miembros se han cuidado muy bien, a través de todo el tiempo que lo hemos permitido, de legislar para consolidar todo ese poder, hasta el punto de que ahora ya no es muy necesario apenas molestarse en simular que trabajan o que les importan sus representados; pero, eso sí, hay que trabajar duro y defender por sobre todo al partido y asegurarse de lamer bien el trasero de los de mayor jerarquía. Ha llegado el tiempo de que los ciudadanos recobren poco a poco todo ese poder que se nos ha arrebatado y sucesos como el que protagonizaron los universitarios de la ciudad de México la semana pasada son buenas señales.
Pueden estar tranquilos los priistas y su candidato. La ventaja que tienes es amplia y el tiempo que queda es muy corto para perderla, pero sobre todo –y esto es lo más triste– las demás opciones que se presenta, sólo difieren en cuanto al color del partido y el nombre del parásito que postula y nada más. Puede que me equivoque, pero yo creo que si Josefina o López Obrador hubieran sido los punteros en las encuestas los gritos de repudio hubieran sido para ella o para él.
A final de cuentas lo más importante de todo esto es que sin apenas plantearlo ni proponérselo, los estudiantes nos pusieron la muestra de cómo expresar todo ese coraje, indignación y descontento hacia la clase política que nos hemos guardado por tanto tiempo. Me atrevo a predecir que ésta será la primera de muchas otras muestras de ese descontento.
Por primera vez también se puso de manifiesto el formidable aliado que podemos encontrar en el internet y específicamente en las redes sociales para organizarnos y hacernos escuchar. Y apenas estamos aprendiendo a usarlo.
Si fuera político o funcionario público yo empezaría a preocuparme.
Roberto Salas Echeverría
Tijuana, B. C.








