A votar
Rosario Mosso Castro
El voto es universal, libre, secreto, directo, personal e intransferible, por el bien de su familia, su ciudad, estado y país: ejérzalo.
Aunque el Código Federal de Procedimientos Electorales plantee el votar como un derecho y una obligación, los mexicanos sabemos que no cumplir con el deber ciudadano de participar en las jornadas electorales no acarrea ningún castigo en este país. Por tanto, es desafortunadamente común que un promedio de 30 y hasta el 58.32 por ciento (en elección intermedia en el año 2003) de los ciudadanos oficialmente registrados para voto, eluda este compromiso cívico.
El argumento de la mayoría de personas que evade esta responsabilidad para con el bienestar de su comunidad, es que voten o no, en el país no cambia nada y no les reditúa en un beneficio directo y personal. Como si no percibieran los perjuicios que les generan los gobernantes que llegan a los poderes Ejecutivos y Legislativo, elegidos por las minorías a satisfacer y defender los intereses de sus partidos y grupúsculos de poder.
Presidentes, gobernadores, diputados y senadores que llegan a sus puestos apenas con el 18 ó 30 por ciento de los votantes registrados en un padrón, pero toman decisiones que favorecen a unos cuantos y afectan la vida de la mayoría.
En ZETA estamos convencidos que la única manera de generar el cambio es provocándolo, participando. Quejarse de los partidos, políticos, funcionarios y gobiernos corruptos, no es digno ni válido, cuando no se hace uso del recurso más asequible que es el voto.
Si bien coincidimos con el extinto escritor Carlos Fuentes, en que “la situación política (de México) se va a complicar, porque los problemas son muy grandes y los candidatos muy pequeños”, la realidad es que uno de los cuatro aspirantes será Presidente de México a partir del próximo 1 de diciembre, y estamos obligados a buscar, dentro de esa baraja, la mejor opción, o la menos peor.
Revise discursos, compromisos, futuros gabinetes, credibilidad, habilidades para concertar y debatir con la oposición. Por el futuro del país y las familias de México, pugnamos por un voto de razón y de conciencia: sufrague a favor de su hombre o mujer preferido, dele su apoyo a un partido, también puede ejercer el voto diferenciado.
Pero si después de analizarlo resulta que ninguno de los suspirantes le satisface, todavía puede votar en contra del que le provoque molestia o indignación, o bien, optar por el voto útil al cruzar el nombre de un aspirante que si bien no es su favorito, tiene posibilidades de ganar frente al candidato que más le desagrada.
Para mostrar su insatisfacción, existen también opciones en las urnas. Aquí tiene Usted la posibilidad de anular su papeleta, o incluir en un cuadro reservado en la extremo inferior derecho de la boleta, “si desea votar por un candidato no registrado”. Pero ojo, estas votaciones le permitirán exhibir su hartazgo, pero no influirán en la definición del futuro gobierno de los mexicanos.
Las encuestas -si las cree- muestran que serán elecciones competidas, donde la participación de los indecisos tiene la posibilidad de ser determinante. Particularmente para impedir que los vividores de la política intenten ganar en los tribunales, lo que los ciudadanos les nieguen en las urnas.
En medio de una crisis económica mundial y otra de seguridad nacional, los electores debemos tener claro que la elección del Presidente, la permanencia o cambio de partidos, no resolverá los problemas del país. Pero sí es imperativo, por la estabilidad, que el ganador llegue legítimamente con el mayor número de votos posibles, para que tenga la oportunidad de aglutinar voluntades de todos los sectores productivos en la búsqueda del desarrollo nacional, y reducir las posibilidades de que la oposición en el Congreso lo bloquee por vanos intereses partidistas.
Son unos cuantos minutos de su domingo, que afectarán los próximos seis años de su vida. Participe.








