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Adela Navarro Bello

Cuál será el escenario del 2 de julio depende de nosotros los mexicanos. Haciendo a un lado al candidato del PANAL, que pocas posibilidades de triunfo tiene, tenemos tres contextos:

1. El regreso del PRI.

2. La permanencia del PAN.

3. La llegada del PRD.

La decisión se concentra en tres partidos, porque realmente los pequeños son eso, pequeños entes que viven de los grandes institutos políticos al servir de comparsas para continuar mamando del presupuesto. Por eso es importante votar por el candidato y el partido que Usted desee que permanezca en el escenario político nacional.

El regreso del PRI podría resumirse en una de las últimas declaraciones de Enrique Peña Nieto en relación a que ese partido nunca se ha ido. Ciertamente, siempre ha estado ahí. Con sus mismas mañas, con su misma naturaleza, con sus mismos miembros, con sus mismos esquemas y sin cambio alguno. El PRI es el PRI y no puede dejar de serlo, sería traicionar la idea que le dio vida y crecimiento en gobiernos acostumbrados a obtener y ejercer el poder a costa de lo que sea.

Durante la campaña que hace unos días concluyó de manera oficial, el Lector habrá quizá tenido oportunidad de ver cómo se las gasta el PRI. El acarreo, la pretendida compra de voluntades, el lucro con la pobreza, la dádiva. A lo mejor ha visto alguno de los muchos videos que en la internet se transmiten, donde se aprecian cientos de camiones trasladando personas para uno u otro acto político de Peña. En algunos casos se entrevista a los participantes, y lo que se escucha es terrible: están ahí porque fueron por ellos, porque les dieron una tarjeta con dinero para llamar por teléfono y, una vez ganada la elección, se las cambiarán por una con dinero para gastar. Mujeres indígenas, hombres sin oportunidades que “apoyan” a los candidatos del PRI porque les pagan para ello. Ya la FEPADE, ya el IFE investigará todos esos escenarios de dinero a cambio de presencia, voluntad y voto (aunque en este ultimo y bajo la secrecía, se puede votar contrario).

Aquí mismo, en esta edición de ZETA, el reportero Isaí Lara relata lo que sus ojos vieron en la entrega de billetes por parte de hombres del PRI a líderes de manzana y de secciones distritales, entre mil 500 y 2 mil pesos por persona para participar en mítines y para votar el 2 de julio.

Así es el PRI. En el ejercicio del gobierno no es diferente. Ganan quienes tienen el privilegio -como los jefes de manzana o los distritales- de estar cerca y en el radar de los gobernantes tricolores. Empresarios que se ven favorecidos, funcionarios que gozan del presupuesto, criminales que disfrutan de impunidad. Clientelismo político. Beneficios para pocos en detrimento de muchos.

En el segundo escenario, la permanencia del PAN, Josefina Vázquez Mota no hizo mucho por deslindarse de los gobierno de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, aunque ellos sí lo hicieron. El ex mandatario hasta la fecha continúa solicitando el voto útil para Enrique Peña Nieto, y el Presidente la dejó sola en la primera e importante etapa de la campaña cuando la dama derrotó a su alfil Ernesto Cordero en la interna panista.

Ciertamente los gobernantes del Partido Acción Nacional aportaron a la construcción del país en que vivimos. Flexibilizaron algunos trámites, ciudadanizaron ciertos programas, pero no ejercieron el gobierno del cambio que pregonaron en 2000; se quedaron en la silla del águila tal como la erigió el PRI, y sucumbieron ante el escenario del ejercicio del poder abusando del mismo. Hoy tenemos una clase gobernante panista rica en términos financieros, pero padecemos los mismos niveles de pobreza de cuando gobernaba el PRI. También la inseguridad incrementó. Si ciertamente el PRI le abrió las puertas al narcotráfico, el PAN no las pudo cerrar. Cosa contraria, el fenómeno se incrementó hasta llevarnos a niveles nunca vistos de criminalidad, adicciones y muertes. Hoy México es el nido del narcotraficante más rico, más poderoso y más escurridizo del mundo. La clase panista dejó de pensar en el cambio y aprendió a sobrevivir del presidencialismo.

En el extremo de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador ya fue gobierno. No nos tocó a la mayoría de los mexicanos, pero sí fuimos testigos de sus excesos como perdedor en la elección de 2006. La toma del Zócalo en la Ciudad de México, la trastada de un gobierno legítimo, el ridículo de una imagen mesiánica. Seis años después, sin haber ejercido autoridad partidista o cargo público, el arropado por partiditos y por el PRD, promete otra cosa. Algunos le creen, otros no. Aquí no hay escenarios, dado que nunca en la presidencia de la República ha gobernado un representante de la izquierda, lo que priva es la incertidumbre de cómo hará las cosas si acaso llega a conquistar los votos mayoritarios. Sabemos que el PRD y su candidato creen en temas de igualdad, en matrimonios entre personas del mismo sexo, en abortos, en dádivas económicas desde el gobierno, situaciones que no siempre y para algunos, representan el beneficio masivo. Conocemos también de casos de corrupción de gobiernos estatales del PRD.

Así, rápido, esos son los tres escenarios, uno de los cuales viviremos los mexicanos todos el 2 de julio, cuando hayamos decidido el regreso del PRI, la permanencia del PAN o la llegada del PRD.

La decisión está en nosotros. Votar es nuestra obligación para poder reclamar, para poder contribuir al proyecto de nación. Anular el voto no debería ser una opción en una sociedad activa, madura. El apremio es para acudir a las urnas y decidir una de tres: regreso, permanencia, llegada. Usted decide, pero de verdad, decida.

 

 

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