Blásquez Salinas: un despreciable y reaccionario camaleón (Segunda y última parte)
Nada de sorprendente sería que dentro de poco tiempo se les mire de nuevo, a ambos, sonrientes y abrazados públicamente. En dulce reconciliación. Si su actual ídolo López Obrador ya reparte besos y abrazos amorosos a reconocidos hampones, salinistas y asesinos, por qué no él ha de hacer lo mismo. Además es lo que Blásquez Salinas siempre ha hecho.
Otra perla. Al líder charro y explotador de choferes del pulpo camionero, al priista Gregorio Barreto, lo elevaba por los cielos. “Goyito” lo llamaba con dulzura. Es bien conocido desde hace mucho que Barreto es un rufián pistolero del mafioso Jorge Hank Rhon.
Drácula que les chupa hasta la última gota de sangre a sus esclavos trabajadores del volante. ¿Cómo la ve, estimado lector? El candidato dizque progresista alabando a un sanguinario porro y reconocido explotador de obreros del transporte urbano.
Asegura, Blásquez Salinas, que una vez que sea senador va a convertir sus oficinas en dispensario médico y en almacén de víveres. Que va a ayudar a ancianos, lisiados, y a madres solteras.
Si de verdad ha sido gran parte de su vida un luchador social progresista como presume, ¿por qué no lo había hecho antes? ¿Por qué esperar hasta entonces? Tan sólo con una pequeña porción de los millones destinados para la propaganda (propaganda que pronto irá a parar a la basura) de su campaña electorera podría proporcionar alimentos a centenares de familias que no cuentan con un trabajo. Si sintiera tanto dolor, como dice, por los pobres, ¿por qué no ha convertido su lujoso restaurante en un comedor público para los centenares de hambrientos que en este momento hurgan en la basura buscando un trozo de pan?
Alardeó hace poco que como candidato ha recorrido el estado, cerca de una decena de veces. Que lo recorra mil veces. Los damnificados del terremoto en Mexicali, los esclavos de San Quintín, los miserables de las colonias misérrimas del Este de Tijuana, los esclavos de las maquiladoras, los migrantes del bordo, no necesitan escuchar a cotorras burguesas que les prometan, una y otra vez, los bueyes y la carreta. La clase obrera, los desempleados y miserables necesitan comida, trabajo, salarios que les alcancen, techo, salud, no verborrea demagógica, no palabrería hueca. La clase trabajadora, los pobres no necesitan ni a partidos ni a candidatos burgueses que les tomen el pelo, que se burlen de ellos, que los ilusionen y embabuquen.
Los comunistas decimos a los ciegos, a los sobornados, a los ilusionados, a los fanáticos seguidores de AMLO y compañía: voten, voten por la izquierda reaccionaria. Lleven al poder a esa chusma de demagogos. Lobos con piel de oveja que una vez se apoltronen en el poder, enseñarán garras y colmillos. Y empuñarán el látigo con reciedumbre y se comportarán igualito que los actuales sátrapas burgueses del PRI y del PAN.
Recordemos compañeros de la clase obrera y masas miserables: “La naturaleza de un vampiro burgués es chupar sangre proletaria. Por mas que éste nos asegure que se ha vuelto vegetariano”.
¡Pobres de aquellos que pretenden ver bondad, humanismo, progreso y honorabilidad en siniestros chacales como Andrés Manuel López Obrador y como Marco Antonio Blásquez Salinas, y secuaces!
Javier Antuna
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