Caminando en la ciudad
Le dedico al comercio ambulante y en específico a la venta del libro usado y creo de interés relatar un acontecimiento al parecer mínimo pero que provoca muy preocupantes reflexiones sobre uno de los motivos de nuestra difícil situación en este nuestro país.
Pues bien, sucedió días atrás que acudí a las instalaciones de la UABC en la avenida Río Nuevo de esta ciudad de Mexicali, colocando y sin obstaculizar el tránsito peatonal algunas docenas de libros del área administrativa y algunas docenas más de diversas obras literarias (entre las que se encontraban títulos de Víctor Hugo, Octavio Paz, Julio Verne, Alejandro Dumas y Luis Spota).
Los estudiantes durante aproximadamente dos horas pudieron adquirir a un costo de aproximadamente el 25% de su precio original ejemplares que en ese momento necesitaban (textos) o títulos literarios que llamaban su atención.
Pero para nuestra sorpresa lo increíble en una cas de estudios sucedió pues el propio Director de estas facultades acudió beligerante y molesto a la proletaria banqueta a demandar mi inmediato retiro de las “augustas” cercanías de los recintos escolares.
Debo resaltar por qué es justo que en mi actividad normal de venta de libro usado desarrollada desde hace 4 años en las instalaciones universitarias de la avenida justo Sierra no he tenido ningún obstáculo para la venta de mis productos, sino que por el contrario he recibido palabras de aliento y hasta donativos de libros de maestros y alumnos.
En el caso que comento, el Señor Director tal vez piensa que si en el centro del país se nos considera broncos será interesante que se nos tildara además de brutos y que eso de la lectura ya no se da ni en los candidatos a la Presidencia de la República o bien que se tolere al interior del recinto un comercio de venta de celulares y al exterior es intolerable la venta de libros que no paga cuota.
Claro que en el plan de elucubrar tal vez su rechazo se debió a que le molestó mi edad (78 años) y considera inútiles y un estorbo a los ancianos, ahora denominados “de la tercera edad”. Al señor Doctor en Ciencias Administrativas le sugiero que a semejanza de los esquimales que abandonan a sus viejitos fuera del iglú en los días más gélidos del invierno, proponga que aquí en Mexicali se reúna a la gente mayor de 70 años y se los concentre y abandone en la laguna Salada en uno de los frescos días del mes de agosto.
Investigar el nombre del Director de marras no me interesó, pues es solamente uno más de los productos de los “valores vigentes” lastima si que sea el rector de un sector universitario, pues cuando en un país se le da prioridad al dinero, cuando la importancia máxima es la producción y la utilidad, cuando el consumismo enfermizo domina y finalmente cuando la búsqueda del poder enajena no es de extrañar que ciertos sectores hayan optado por la salida fácil de la delincuencia.
Atentamente:
Enrique Octavio Santillán
Mexicali, B. C.








