Camino recorrido (Primera de dos partes)
Sr. César René Blanco Villalón
Sra. Adela Navarro Bello
Codirectores de semanario ZETA
Les mando un saludo muy afectuoso y sincero.
Estoy viendo a lo lejos los cerros, de pronto empiezo a ver caer a varios paracaidistas y al caer se esconcen, me quedo sorprendido, son gringos y están cayendo en nuestro lado mexicano, más atrás está su país y nadie dice nada, espero un poco y nuevamente empiezan a caer más paracaidistas, entonces comienzo a gritarle a la gente para detenerlos, pero nadie sale y nadie hace nada, sigo observando y silenciosamente al poco rato siguen cayendo más, luego grito con fuerza ordenando dispararles a los que vienen en el aire, después cuando van llegando al suelo todos están muertos, ahora vamos a esperar a los que están escondidos.
Voy caminando y hacia mí veo venir a Julián Leyzaola, al llegar pasa por mi lado izquierdo, lo veo y como militar que es va caminando recto y la mirada hacia el frente, no voltea a verme, solamente lo veo que sigue su camino, hago lo mismo, sigo mi camino.
Estoy con Cecilia Galeano, es mi pareja, estamos en la intimidad, repentinamente me avienta con sus manos y me grita con voz fuerte, ten cuidado que me lastimas.
Al ir caminando por terracería, poco después de un tiempo, volteo la mirada hacia atrás y veo a lo lejos a varias personas igualmente caminando, después volteo de nuevo hacia atrás y las personas están más cerca de mí empezando a señalarme con las manos y hablando entre ellas, entonces empiezo a caminar más rápido llegando a un puente, por debajo pasa un río pequeño con agua transparente, rápidamente me meto acostándome boca arriba y aguanto la respiración, cuando llegan las personas empiezan a buscarme y uno de ellos me encuentra y me saca del agua, siento algo de temor, me doy cuenta que son narcos, quien me saca del agua me pone frente a él y lo veo fijamente a los ojos, entonces empieza a hablarme en un lenguaje que no entiendo, después me suelta y me señala con su mano derecha hacia otro lado, luego veo sus labios y entiendo lo que me dice, ya se van a ir de aquí, se van a vivir al otro lado, volteo hacia mi izquierda y a unos cuantos metros pasa una línea negra que nos divide, después de ésta hay una gran planicie con pasto muy verde y parejo, sigo escuchando a esta persona que dice, ésas son tierras vírgenes, y cuando volteo a ver al narco ya no está y no hay nadie de ellos, todos se han ido, han desaparecido de aquí, al otro lado están bonitos los pastizales, después quién sabe.
Al ir caminando veo que a lo lejos viene una persona, apenas lo alcanzo a ver, está muy obscuro, cuando se va acercando me doy cuenta que es Diego Fernández de Cevallos y cuando pasa cerca por mi lado izquierdo inclina la cabeza y la mirada hacia el suelo, siguiendo su camino, ya me doy cuenta, lo acaban de soltar y lo traen del otro lado de la frontera.
Continuará…
Juan Ángel Hernández
Tijuana, B. C.








