Dos testimonios de la trata
Durante seis meses, las hermanas Dora y Sandra, de 12 y 15 años de edad, respectivamente, fueron víctimas de trata.
Bajo amenazas, sus victimarios las obligaban a tener relaciones sexuales con sujetos hasta por 150 pesos, con lo que las menores retribuían a sus explotadores el alimento que les proporcionaban, así como el poder dormir en el piso de la cocina.
Con engaños y la advertencia de “matar a mi mamá y hacerle daño a mis hermanitos, Lorena nos obligó a irnos a vivir con ellas, para que le ayudáramos con trabajo a pagar la renta de la casa”, comparte Sandra, mientras baja la mirada al hablar, pero su voz, apenas un susurro, mantiene la firmeza en cada palabra; para ella dejarse explotar era la única alternativa posible para evitar que se le causara algún daño a su familia.
Al iniciar la entrevista con ZETA, Dora estaba decidida a hablar, y Sandra dijo preferir no hacerlo, pero con solo 12 años, las palabras se ahogaron en la garganta de Dora, quien con la angustia reflejada en los ojos, parecía querer externar el infierno que vivió y que sigue en su memoria.
Entonces Sandra se armó de valor y compartió primero sus anhelos: Quiere estudiar y llegar a ser policía “para poder ayudar a muchachas que son maltratadas como nosotras, y rescatarlas como lo hicieron conmigo y mi hermana”.
Antes de ser víctima de trata, ambas estudiaban; Sandra cursaba el segundo de secundaria y Dora el quinto año de primaria. Afirman ser buenas estudiantes y que quieren volver a la escuela.
“Yo le dije a Lorena que a mi hermana ya no la obligaran a hacer eso, que solo a mí me dejaran, y ella contestó que lo pensaría, pero fue en esos días que la Policía nos sacó de ahí”, anota Sandra.
Tres años atrás conocieron a Lorena Martínez Espinoza “La Happy”, y a su pareja sentimental, Jorge Arturo García Estrada, “cuando ella llegó a la colonia Postal (de Tijuana), al ser deportada de Estados Unidos”.
En la misma colonia vivían Dora y Sandra con su mamá, su padrastro y dos hermanitos, a los que el DIF Estatal mantiene en custodia desde hace un mes, ya que la madre de las menores fue acusada de maltratarlos.
“Lorena era amiga de mi mamá y nos visitaba, pero luego comenzó a pedirme que mi hermana y yo nos fuéramos con ella, porque si no, le iba a hacer daño a mi mamá y a mis hermanitos, que ocupaba que trabajáramos con ella para ayudarla con los gastos de la casa, a pagar la renta”. Pero Lorena no les mencionó en qué “trabajarían”.
Luego de varias amenazas, Sandra dijo que un día, “hace como seis meses”, provocó un pleito con su mamá, situación que aprovechó para abandonarla, llevándose con ella a su hermana de 12 años.
En los primeros días en casa de Lorena, ésta solo las ocupó en el aseo de la vivienda, compuesta por dos cuartos. En uno dormía la victimaria con su pareja y la hija de ambos, de 2 años, mientras que la otra habitación hacía las veces de cocina, comedor y sala. Ahí dormían las menores en dos cobijas que les facilitaban, una para que la tendieran en el piso, y la otra para cubrirse.
Al poco tiempo, Lorena les señaló que tenían que ayudar con los gastos de la casa. Para ello sostenían relaciones sexuales con hombres que ellas conocían, pues “eran amigos con los que Lorena y su esposo se emborrachaban”. Para obligarlas, les volvió a proferir las amenazas de siempre.
Así, cada mes tenían que estar con tres o cuatro clientes, ya en la casa de Lorena o en el propio domicilio de los sujetos, “siempre eran las mismas personas”, y previo a ello las obligaba a consumir drogas.
Sandra refiere que el pago se lo entregaban a ella, pero se lo debía reportar íntegro a Lorena, quién nunca les compartió nada, ya que eso era “para el pago de la renta y los gastos de la casa, pues ni ella ni su marido trabajan; él a veces limpiaba carros, pero no ganaba mucho dinero”.
Los clientes de planta pagaban porque se las llevaran a sus propios domicilios, o por estar con ellas en la única recámara de la casa de Lorena.
“Me dejaban en la esquina de la casa de uno de ellos, quien con una seña me indicaba cuando entrar a la casa, que siempre estaba sola, un rato después él llegaba, después que pasaba todo, yo me iba sola a casa de Lorena”, reseña Sandra mientras las lágrimas ruedan por su cara.
Cubre su rostro con ambas manos, intentando contenerlas infructuosamente, pero prosigue: “Otras veces era en la misma casa de Lorena, en su recámara, era un rato el que estaba con alguna de estas personas, mientras ellos (los de la casa) se quedaban en el sofá. A mi hermana nunca la llevaron a otro lugar, ella solo estuvo con estos hombres en la casa de Lorena”.
Sandra indica que no se atrevieron a pedir ayuda por las amenazas de que eran objeto, por su parte, Lorena las había entrenado para que, en caso que la Policía las abordara, dijeran que su mamá las maltrataba y que por eso vivían con ella, de lo contrario se vengaría, además aseguraba tener amigos muy poderosos.
Una denuncia anónima de un ciudadano que observó la irregular situación en el domicilio donde las menores eran explotadas, permitió que el 18 de julio la Subprocuraduría de Justicia en Tijuana, a través de agentes ministeriales adscritos a la Agencia de Delitos Sexuales y Violencia Familiar, así como de la Unidad Estatal de Trata de personas, logró la captura de Lorena y su pareja.
Con el testimonio de las menores rescatadas, se logró ubicar en sus domicilios a cuatro de los sujetos que pagaban por estar con ellas, identificados como Salvador Aguilar Magadan “El Capitán”, de 65 años; además de Marco Antonio Chávez Balcázar “El Pelón”, Gabino Cardozo León y Jesús Héctor Pineda Quezada.
El Juzgado Noveno de lo Penal libró la orden de aprehensión en contra de los seis sujetos por los delitos de trata de personas, corrupción de menores y violación equiparada, que se acreditó en una de las ofendidas.
Los detenidos fueron internados en la Penitenciaría del Estado de La Mesa, y puestos a disposición de la autoridad judicial que los requiere. Es el segundo caso que en Baja California se consigna bajo la nueva Ley para prevenir, sancionar y erradicar los delitos contra trata de personas.
En lo que respecta a las menores de edad, fueron llevadas a un albergue temporal del DIF Estatal, en lo que las autoridades analizan con quién dejarlas en custodia, y aunque la madre las ha requerido, sus antecedentes hacen poco probable que vuelva a tener la tutela. Isabel Mercado








