Vox populi, vox Dei VII Surgir de la democracia y el republicanismo (Primera parte)
Estimado lector, en esta tercera nota del tema donde en cada una de estas columnas procuro dar títulos, datos y cifras sólidas con fuente en lo leído, y donde procuro mencionar algunos de los libros que he tenido la fortuna de leer, cambiaré, de que somos aún faltos de lectura y cultura, a por qué nos falta criterio en hechos para saber analizar.
Y, buen lector, nosotros de los países latinos, somos herederos por España de la cultura occidental europea –y en nuestra América mezclada o mestizada con lo aborigen de nuestros antepasados indio-americanos– sabemos que por los hermanos Rómulo y Remo se fundó Roma en la región del Latium –o Lacio– en Italia, en el año 753 antes de nuestra era cristiana, y por eso nos decimos latinos. E iniciaron a base de leyes duras por ser gente rústica de la región.
Un cuarto de milenio después, en 510 a. C., en la aún entonces joven Roma fue arrojado el gobernante Tarquino, el joven apodado “El Soberbio” –por abusivo con los pobladores súbditos–, y en base a las tribus se designaron tribunos para oficiar mediante tribunales. Iniciando el gobierno de “res publicum” –o sea, cosa del pueblo–, hoy republicanismo.
También sabemos que solo cuatro años después iniciándose con Clístenes en Atenas, en la Grecia clásica, en el año 506 a. C. surgió la democracia –de “demos” (pueblo) y “kratos” (poder) –. Así, hace poco más de 2 mil 500 años surge por los habitantes del mundo euro-occidental, a través de nuestro pasado español, el concepto de que el pueblo, vaya, la ciudadanía (en la acepción moderna), debemos ser quienes demos la guía y fijemos el rumbo a los servidores públicos.
Las repúblicas y la democracia. Éste es el verdadero origen histórico y social.
De nuestros antepasados los latinos y griegos. No de los germánicos anglosajones, ingleses o de E. U.
Pero, cuando en vez de ser servidores, los políticos o gobernantes (junto con cómplices corruptos) excluyen a los ciudadanos virtuosos y pueblo, degeneran en “oligarquía”. Y si un grupo se procura sólo lujos y excesos se le conoce como una “plutocracia”. Los gobernantes o plutócratas abusivos arrastran a una “tiranía”. Esos políticos cuando se imponen como mandamases y no respetan –o, peor, se imponen en contra de– la voluntad del público ciudadano, ni leyes, caen a lo que denominamos “dictadura”. La dictadura abusiva y que no respeta las leyes también se llama “despotismo”.
Continúo aquí por mencionar al diplomático, pensador y autor italiano del Renacimiento Niccolo Machiavelli (Nicolás Maquiavelo), quien nació el 3 de mayo de 1469, en pleno Renacimiento y murió en 1527. Entre sus obras están piezas dramáticas como “La Mandrágora” y “Clizia” e históricas como “Historia de Florencia”, “Anales y Crónica Florentina”, “Estudios de Pisa”, las “Décadas de Tito Livio”, o diversas como “El Arte de la Guerra”, etcétera.
Y la más citada, que leí hace más de 30 años, “El Príncipe”, apareció en 1513 y no produjo escándalo, hasta después por el protestantismo. En ella fue muy franco y directo acerca de lo que han hecho los políticos –no de él en lo personal–, pero que el vulgo no lee e irónicamente “le cuelgan los muertitos” difamándolo y propagando negativamente su nombre. Y aclaro que la pragmática “el fin justifica los medios” no fue de Maquiavelo, sino (antes) del romano Ovidio.
Continuaré.
José Luis Haupt Gómez
Tijuana, B.C.








