“Entramos a territorio estadounidense llevando nuestro dolor y nuestro amor”: Sicilia
No es un problema mexicano, es nuestro problema; Bob Filner
La Caravana por la Paz lleva un mensaje claro: los 70 mil muertos, más de 20 mil desaparecidos, más de 250 mil desplazados y cientos de miles de huérfanos y viudas que la guerra contra el narco ha dejado en los últimos cinco años. “Vamos a Estados Unidos a decirles esto y a cobrarles un cheque, nos deben esa paz, junto con nosotros deben construirla. Gracias por ser el origen de esta cruzada por la paz a territorio estadounidense”, expresó Javier Sicilia en Tijuana
Inés García Ramos
Pasadas las cuatro de la tarde se respira un aire cálido en los pasillos de la emblemática Casa del Migrante; hombres sentados en bancas, recargados en barandales, observan a un séquito de activistas, reporteros, fotógrafos e interesados, preparándose para recibir al poeta Javier Sicilia y a la Caravana por la Paz.
Entre ellos Jorge Ely Cruz, migrante hondureño deportado de California hace cuatro años. “No sé quién sea, pero eso que me dice que hace, es muy bueno”, responde al preguntarle si conoce a Javier Sicilia o el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.
A los minutos llega el activista rodeado de cámaras y reporteros; con dificultad se abre paso hasta el salón donde ofrecerá conferencia de prensa acompañado de Sergio Aguayo, Fernando Ocegueda y miembros de su Movimiento. Toman asiento, guardan un minuto de silencio en memoria de las víctimas que se encuentran presentes en fotografías montadas sobre la pared, o impresas en lonas y mantas que los familiares levantan.
Los testimonios comienzan: Julia Alonso, madre de Julio Alberto Josué López Alonso, desaparecido desde 2008 en Nuevo León, ha vivido en exilio. “He sido amenazada a raíz de estar siempre buscando a mi hijo… donde quiera que te encuentres, Julio Alberto y a todos los desconocidos, les mando todo mi amor”, comenta con la voz quebrada.
El presidente de la Asociación Unidos por los Desaparecidos de Baja California, Fernando Ocegueda, lanza el primer reclamo al gobierno: “Baja California es un estado de la violencia imperante, donde prevalece la impunidad y la simulación por parte del gobernador y del procurador de Justicia del Estado”.
Expone que su asociación ha documentado 250 casos de desaparecidos y violaciones de derechos humanos; ninguno ha sido resuelto por las autoridades.
“Le hago un llamado a México, que despierte porque están matando a sus hijos”, exclama Margarita López Pérez, cuya hija de 19 años fue asesinada en Oaxaca. Lleva consigo el reclamo de otros padres, del Estado de México, Veracruz, Guerrero, Morelos.
“Mi hija fue sustraída de su domicilio, estaba casada con un militar de fuerzas especiales, delincuentes encarcelados me narraron la manera en que fue torturada, violada y asesinada mi hija”, relata López con lágrimas en los ojos.
Es el turno de Javier Sicilia, toma el micrófono e inicia: “Éstas son las víctimas del dolor y sus testimonios, que cada vez son más y más. Hasta que no aparezcan sus familiares, no va a haber justicia”.
Habla de la clase política que no entiende al país. De la guerra contra el narcotráfico en ambos lados de la frontera, de los muertos de este lado, de la discriminación y el racismo del otro.
“La guerra ha creado un imaginario, donde todo migrante es criminal y todo latino es criminal, incluso para las poblaciones afroamericanas, de las cuales están llenas las cárceles, aunque el consumo de drogas sea parejo entre la comunidad blanca y la comunidad negra”, dice.
Sicilia expone los puntos fallidos en las políticas públicas y denuncia: “Se invierte más dinero en violencia que en la vida humana”.
Esa misma tarde, la del sábado 11 de agosto, el líder de la Caravana por la Paz escuchó los testimonios de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, de familias destruidas, madres y padres desesperados, de los huérfanos.
Al día siguiente, el 12 de agosto, la Caravana llegó al Parque de la Amistad en San Ysidro, símbolo de la unión entre dos naciones, separadas por un muro de cinco metros de alto, punto de donde partieron quienes viajarán juntos durante un mes, recorriendo 26 ciudades. Tomaron un breve descanso previo a la travesía que les espera, entre ellos Javier Sicilia, quien se apoya sobre un pequeño muro antes de llegar a la playa, enciende un cigarro y mira hacia el mar.
— ¿Ya había estado aquí antes?, pregunta la reportera.
“Sí, hace como 35 o 40 años”.
— ¿Cómo se siente con el recorrido que está a punto de iniciar?
“Contento, pero mejor no le pensamos mucho, porque nos agobiamos, vamos como Alcohólicos Anónimos, día tras día”.
— ¿Cómo vio Tijuana?
“Con mucho dolor, como todo el país, con las mismas circunstancias que en todo el país, desaparecidos, abuso de derechos humanos, donde uno pisa hay dolor”.
“¿Sabes que estaría padre, Javier?”, interrumpe un joven, miembro de la Caravana, con cámara al hombro, mientras señala a la playa: “Que corras y espantes esos pájaros y tomemos un vídeo desde aquí”. Sicilia ríe. “Eso sí sería noticia, poeta enloquece”, finaliza el joven. La entrevista continúa.
— ¿Cómo surgió la idea de hacer la Caravana?
“Había una conciencia de que había una gran responsabilidad por parte de Estados Unidos en todo este problema. En un momento dado dijimos: ‘Tenemos que ir a decirles a los norteamericanos que no entienden que esta guerra, que el dolor en que está hundido el país, tiene su origen aquí, en la guerra contra las drogas, eso está generando graves problemas allá (señala al otro lado del muro). Es el gran reto de la Caravana, decirles que es un asunto multi-nacional, que tiene que ser tratado de otra manera, si no lo hacemos entre ciudadanos, no vamos a encontrar la paz. Venimos a decirle al gobierno lo que le hemos dicho al nuestro: que se vuelva Estado, que dejen de servir a los señores de la muerte, a los señores del dinero, de la guerra; que sirvan a los ciudadanos. Esa es la vocación del Estado, que ha sido pervertida, pero tenemos que recuperar a los ciudadanos mismos”.
— En Estados Unidos, el ciudadano común no está interesado en la guerra que Usted menciona, muchas veces ni siquiera voltea al otro lado de la frontera. ¿Cómo dirigirse a estas personas?
“Tenemos que encender una vela en medio de la oscuridad, de la desmemoria, de la ignorancia, para que por lo menos empiecen a voltear hacia allá. Porque esas armas, que parece que ahora no les causan muchos problemas, se van a volver contra ellos, si siguen descuidando, si siguen vendiendo armas de exterminio indiscriminadamente. Pero el lavado de dinero, el problema del migrante, el asunto de la droga tratada como un asunto de seguridad nacional, está poniendo en riesgo lo que nos ha costado tanto tiempo, que está en el origen de los padres fundadores, la democracia. Es la época de los ciudadanos, tenemos que pensar de otra manera la democracia, porque la hemos perdido, se la hemos dejado a esta gente del capital, del dinero. Tenemos que recuperar la dignidad y eso nos corresponde a los ciudadanos”.
— ¿Estamos a tiempo?
“Sí, estamos a tiempo, la barbarie todavía no se instala completamente y todavía hay esto, la Caravana, tanta cantidad de gente que está luchando por los derechos humanos, luchando por un mundo más digno. Cuando estuve aquí hace 35 años, no había tanto dolor. Estados Unidos parece que está tranquilo, pero en el fondo se está convulsionando. Ahora hay una patria rota, aquí también, aunque no se vea, hay una ruptura, una grave ruptura que es el capital. Tenemos que devolverle la memoria, poner en el centro de la vida el futuro y el presente, sobre todo por los muchachos. El gran problema de los muchachos es que no tienen a dónde mirar, se les cerró el horizonte y ésa es una responsabilidad nuestra, y ahora es también responsabilidad nuestra, recuperarlo junto con ellos”.
– En ese sentido, ¿cómo ve, movimientos sociales juveniles en México, como #Yo Soy 132?
“Son muy importantes, empiezan a construir horizontes, yo creo que el gran problema de 132 es que nació atrapado por la coyuntura electoral y tienen que reinventarse, ir más allá y cambiar la agenda, no solo se trata de medios, hay que hacer una reforma política a fondo, hay que subir nuestras agendas importantes, poner el lugar de las víctimas y la paz como prioridad. Tienen que salir del entrampamiento”.
El activista finaliza su cigarro y descansa un momento, su rostro es cubierto del Sol por su característico sombrero, luego se reúne con su equipo para hablar de los detalles de lo que será su inicio en territorio norteamericano.
¿Dónde estás?
“¿Dónde estás?”, se lee en una camiseta rosa que porta una mujer que en su mano lleva la fotografía de una joven de cabello rubio. Los rostros siempre están presentes, en lonas, camisetas, pancartas o simples fotografías.
Las casi 80 personas que conforman la Caravana por la Paz comienzan a extender sus mantas y lonas con los rostros y nombres de sus desaparecidos. Las instalan sobre el pasto y se acercan al bordo, algunos se fotografían con la Patrulla Fronteriza, otros bajan al mar.
Sergio Aguayo, académico y miembro del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, comenta: “Es un ambiente contradictorio, se vive una felicidad que es resultado de la tristeza que los une, la pérdida de sus familiares”.
Según la Asociación Esperanza contra las Desapariciones Forzadas, tan solo en los últimos diez años han desaparecido dos mil personas en Baja California.
Este mensaje, de cómo las armas que son introducidas a nuestro país desde el país del norte, de cómo el consumo de drogas por parte de norteamericanos causa muerte y dolor a la sociedad mexicana, es la bandera de la Caravana, que inició en California y continuará por Arizona, Nuevo México, Texas, Lousiana, Mississsippi, Alabama, Georgia, Kentucky, Illinois, Ohio, Maryland Nueva York y Washington.
El inicio del peregrinaje
Minutos antes de las doce del día, llega al parque Bob Filner, congresista federal que busca ser alcalde de San Diego este año. Apresurado toma la palabra, sin esperar a que Javier Sicilia llegue a su lado:
“No es un problema mexicano, es nuestro problema. ¿Las armas de quién están matando a 60 mil personas?, ¿la demanda de drogas de quién, impulsa los cárteles? De nosotros, Estados Unidos, estoy aquí para decir que aceptamos esa responsabilidad”.
Los aplausos no se hacen esperar, Sicilia camina hacia el congresista, quien lo toma de la mano y enuncia: “He conocido a Martin Luther King, he conocido a César Chávez y ahora he conocido a Javier Sicilia”. Luego grita en español: “¿Se puede?”. El público responde afirmativamente y el acto se repite dos veces más.
Sin embargo, ante la petición de Sicilia de que el Parque de la Amistad vuelva a ser abierto para el convivio de familias de ambos lados de la frontera, no hay respuesta, más que una sonrisa del candidato, quien se retira inmediatamente.
Acto seguido, los reunidos se acercan al muro, la instrucción de 25 visitantes como máximo permitido es ignorada por los oficiales de la Patrulla Fronteriza, quienes permiten el acceso a mayor número de personas, aunque algunos se mantienen del otro lado del muro, sosteniendo sus lonas.
El acto comienza con una bendición indígena, en medio de danzas, rinden tributo a las víctimas al sonido de los tambores, “qué ironía que esto pase de este lado y no de lado mexicano”, comenta una de las asistentes.
A unos cuantos centímetros, en Playas de Tijuana, se escucha la música regional mexicana y el taconazo de los bailarines. Un choque de momentos.
También del lado mexicano, la regidora María Luisa Sánchez y el diputado federal electo Juan Manuel Gastélum encabezan la ceremonia de despedida, el protagonismo, pues.
De regreso al lado norteamericano, Juan Vargas, senador por el estado de California, entrega un reconocimiento a Javier Sicilia por parte de la Cámara Alta.
En perfecto español, Vargas declara: “Estamos con Usted, esta guerra de las drogas ha sido, en realidad, asesinato de gente inocente, en ambos lados de la frontera estamos apoyándolo porque sabemos que esto tiene que cambiar, lo que hemos hecho no ha sido justo, no ha estado bien y no ha funcionado”.
Sicilia toma la palabra: “Como los colonizadores del Siglo XIX, vamos en caravana, a diferencia suya nos movemos en autobuses y coches modernos, transitaremos en una ruta inversa, del oeste al este, porque nuestra tarea no es la colonización, sino el rescate de lo que es esa colonización, en medio de sus dolores e injusticias; pero también en medio de sus aciertos, trajo al mundo la democracia.
“Entramos a territorio estadounidense, llevando nuestro dolor y nuestro amor. Cargamos un sueño, que llegará un día en que nadie será asesinado, secuestrado, despreciado, asediado a causa de la usura de las armas y de la droga, o a causa del abuso del poder”, finaliza el poeta mexicano.
Al día siguiente de la visita de Javier Sicilia, se registró en Texas un tiroteo que dejó tres muertos.
Del lado mexicano, quienes no cuentan con los papeles para cruzar la frontera, narraron sus historias de desaparecidos.
Sentado frente al muro, Sicilia escuchó estas historias y, en un acto de silencio, colocó su mano sobre el muro; del otro lado las personas hicieron lo mismo, en un acto simbólico de hermandad y unión a través de unas rejas oxidadas, pero inmovibles.
La siguiente parada fue la Universidad de San Diego y una misa en nombre de las víctimas. Apresurados, los consanguíneos colocan las mismas pancartas y fotografías sobre los escalones de la iglesia. En su sermón, el padre bendice a la Caravana por la Paz, les desea fuerza para su viaje y les recuerda: “Nuestra paz debe consistir en no estar en paz, hoy, eso significa la justicia”.
El religioso pide a los feligreses que se levanten. Al unísono se escucha el rechinido de las bancas que dejan de soportar el peso de los alrededor de cien presentes. En la novena banca y con dificultad, Sicilia se pone de pie, con la cabeza agachada y con los brazos apoyados sobre el respaldo delantero, respira profundamente. Su rostro luce cansado, cierra los ojos.
Horas antes, frente al mar, el poeta reflexionaba: “Después de esto (la Caravana) voy a hacer un largo retiro, porque estoy cargando con mucho dolor, mucho sufrimiento. Haré un gran alto en mi vida, y tal vez así pueda mirar en los abismos que hay en ella”.














