Confunde “El Oaxaco” a autoridades
Tardarán un mes en confirmar la identidad de los cuerpos
Mientras los restos de dos hombres encontrados en Comondú son enviados a Tijuana para practicar pruebas de ADN, investigadores tienen dudas en cuanto a la dentadura, tatuajes y complexión de las víctimas, mismas que no coinciden con las señas particulares de Héctor Antonio Salazar Monzón. Roberto Salazar Monzón, detenido en una de las casas de “El Oaxaco”, dio santo y seña del Cártel de “La Oficina”
Investigaciones ZETA
La línea de investigación más sólida sobre la muerte de Héctor Antonio Salazar Monzón, “El Oaxaco” o “El H”, y de su lugarteniente José Guadalupe Puentes Calderón “El Garapiñado”, ocurrida el 15 de agosto en Comondú, apunta a que el crimen fue perpetrado por células del Cártel de “La Oficina”.
Como hipótesis de los asesinatos, oficialmente se establecieron cuatro teorías:
1. Las víctimas eran conocidas de los autores materiales del crimen, y muy posiblemente, tenían relación en negocios ilícitos.
2. El método utilizado en el homicidio fue estudiado previamente para no dejar rastros. Es decir, los responsables materiales prefirieron degollar al par de hombres, después de torturarlos y sacarles información, en vez de balearlos porque sabían que, de caer el arma homicida en manos de las autoridades, podrían facilitar las investigaciones, como sucedió en el caso de Hugo Alberto Gutiérrez Garciglia “El Tortas”, quien después de haber sido detenido cuando escandalizaba con una pistola en la vía pública y luego de someter la escuadra a estudios de balística, se determinó que había sido utilizada en la ejecución del ex policía ministerial Ismael Barrios Romero y su sobrino, Luis David Castellón Barrios “El Pollo” o “El 8”.
3. El jefe criminal fue traicionado por su propio equipo de seguridad, ya que desde el día del crimen y al cierre de esta edición, no aparecían por ningún lado dos personas más que fungían como sus escoltas, quienes sospechosamente salieron a hacer unas compras, cuando fue levantado y asesinado.
4. El capo era hombre muerto desde el momento que estuvo a punto de ser capturado en un operativo fallido de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), dado a que era buscado y trataba de ser ubicado en el momento del crimen.
Al momento, policías a cargo de la investigación lograron identificar a cuatro sujetos como los presuntos responsables materiales del doble homicidio, quienes convivían y celebraban el 27 de junio un supuesto trato de negocios ilícitos en el rancho Cuatro Corrales de San Luis Gonzaga.
Los delincuentes –ocho en total, incluidas las dos víctimas- preparaban un ceviche en el lugar, por lo que entre la plática, dos integrantes del equipo de seguridad de “El Oaxaco” o “El H” fueron a traer limones, pero nunca regresaron.
Así, el jefe criminal y su lugarteniente en Comondú, José Guadalupe Puentes Calderón “El Garapiñado”, fueron levantados, amordazados, torturados y posteriormente asesinados, según la hipótesis de los investigadores.
De acuerdo con un un perito de Servicios Periciales de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), en el rancho “no encontraron huellas de violencia, lo único que faltaba eran los dos cuchillos con los que fileteaban el pescado, cuando preparaban el ceviche”.
Los cuerpos de las víctimas fueron encontrados 19 días después de perpetrado el crimen, en avanzado estado de putrefacción y sin huellas dactilares, por lo que fue prácticamente imposible que su identidad pudiera ser corroborada a través de estudios especializados en criminalística o dactiloscopia, los cuales a su vez, tendrían que ser comparados en el Sistema Automatizado de Identificación de Huellas Dactilares, conocido como AFIS.
De hecho, el procurador Gamill Arreola Leal y el encargado de despacho de la Subprocuraduría de Investigaciones Especiales (SIE), Leonardo Pérez Rodríguez, reconocieron que la identificación plena de quien se suponía era “El Oaxaco” o “El H”, podría tomar más de un mes y medio, por el avanzado estado de descomposición del cuerpo que sería sometido a un estudio de Ácido Desoxirribonucleico, conocido como ADN. Esto implica el envío de una prueba a Tijuana, desde donde devolverían el resultado, ya que la PGJE carece de ese equipo fundamental en investigaciones forenses, biológicas, médicas y de ingeniería genética.
Sin embargo, las víctimas pudieron ser identificadas por sus propios familiares. En el caso de “El Garapiñado”, su madre y una hermana lo reconocieron por la ropa que llevaba puesta y un tatuaje con la leyenda “Madre Mía”.
En el caso de “El Oaxaco”, los familiares de “El Garapiñado” y una hermana lograron identificarlo por la ropa y un anillo que fue encontrado en la escena del crimen.
No obstante, las dudas sobre la verdadera identidad de quien podría ser “El Oaxaco” o “El H” aún persisten, por las siguientes interrogantes que los policías investigadores del caso y de peritos no terminan de responder:
1. La dentadura de la víctima pertenece a una persona de entre 25 y 30 años; el jefe criminal tenía 40.
2. El delincuente tenía algunos tatuajes en el cuerpo, los restos de la víctima no evidenciaban alguno.
3. La complexión de espalda y hombros y estatura del cuerpo no coinciden con lo que está registrado en el Centro de Reinserción Social de La Paz, cuando “El Oaxaco” estuvo preso en 2008.
La investigación de la SIEDO
Independientemente del esclarecimiento o no de la identidad de “El Oaxaco” y de la ubicación de los cuatro presuntos responsables materiales, lo que ha quedado claro a los policías investigadores del caso, es que “había orden de matarlo”.
La conclusión se basa en que el jefe criminal estaba tratando de ser ubicado y capturado en el momento del crimen por la SIEDO.
De hecho el 22 de junio, es decir, 35 días antes de ser presuntamente levantado y ejecutado, estuvo a punto de ser detenido por agentes de la Unidad Especializada en Delincuencia de la SIEDO y del Ejército Mexicano, pero el delincuente tuvo suerte: no estaba físicamente en ninguna de las siete viviendas que tenían ubicadas, y simultáneamente catearon en La Paz.
El agente del Ministerio Público de la Federación, Lilia González Lira, había librado una orden de aprehensión en contra del jefe criminal, derivado de que su nombre junto con el de otros delincuentes, policías, jefes policiacos y funcionarios de la PGJE y de la SESP, fue expuesto por un testigo protegido en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/237/2012. Ésta fue la primera vez que un líder del narcomenudeo del estado estaba sujeto a una investigación oficial, siendo buscado y perseguido formalmente por autoridades federales y militares.
Por eso, cuando los agentes de la SIEDO llegaron al estado, ya traían la lista de los domicilios y venían por él, pero el operativo fracasó porque no pudo ser capturado, debido a un error táctico o intencional -no se sabe, dicen los investigadores- porque los agentes de la Unidad Especializada en Delincuencia de la SIEDO, primero solicitaron el apoyo de la PGJE, y como tardaron en resolver, acudieron ante el Ejército Mexicano. En este inter, la información se filtró y el delincuente pudo escabullirse. Anduvo a salto de mata desde esa fecha y hasta el día que fue asesinado.
Durante el operativo del 22 de junio, la SIEDO y el Ejército Mexicano catearon siete casas e incautaron cinco en la capital del estado. Las fotografías de las viviendas aparecen en esta edición y los domicilios son los siguientes:
- Coromuel número 330, entre Rivapalacios e Insurgentes, Fraccionamiento Juárez.
- Guillermo Prieto, entre Michoacán y Jalisco, Colonia Pueblo Nuevo.
- Allende número 2123, entre Francisco Javier Mina y Manuel M. Diéguez, Colonia Los Olivos.
- Serdán, entre Bravo y Rosales, Colonia Centro.
- Allende y México, Fraccionamiento Perla.
- Dos viviendas del fraccionamiento Villas del Encanto.
Cuando los policías y soldados revisaron los domicilios, las unidades estaban prácticamente solas, salvo la de la calle Coromuel del fraccionamiento Juárez, donde fue capturado Roberto Salazar Monzón, de 22 años, sobrino de “El Oaxaco” o “El H”, y su pareja sentimental, Blanca Esthela Avilés Agúndez, de 19 años.
Los detenidos tenían en su poder armas y droga:
- Cuatro mil 500 dosis de cristal.
- Una bolsa con medio kilo de cristal.
- 300 gramos de cocaína.
- Un rifle de asalto R-15 con cargadores abastecidos de bala calibre 2.23 y matrícula raspada.
- 700 cartuchos para rifle de asalto AK-47, de los llamados “Cuernos de Chivo”.
- 700 cartuchos para rifle de asalto R-15.
- 92 cartuchos de diferentes calibres.
Según un agente de la SIEDO, las siete viviendas cateadas no eran propiedad del criminal, sino “estaban rentadas” por empresarios, comerciantes, abogados y hasta servidores públicos, ”por lo que los dueños tenía 30 días para acreditar la propiedad, porque de lo contrario, pasarían a formar parte del inventario de los bienes asegurados de la PGR”.
Las delaciones
En manos de los agentes de la Unidad Especializada en Delincuencia de la SIEDO, el sobrino de “El Oaxaco”, Roberto Salazar Monzón y su pareja sentimental, no se resistieron ni al arresto ni al interrogatorio al que fueron sometidos.
Sin necesidad de presionarlos, fueron generosos y hablaron sobre la estructura criminal, quiénes participaban, por qué lo hacían y quiénes eran sus protectores en la PGJE y en la Secretaría de Seguridad Pública Estatal.
Ofrecieron información lo mismo de decenas de policías y jefes policiacos, que de propiedades de “El Oaxaco”, como un rancho conocido como El Dos, localizado en Los Planes y siete propiedades a nombre de la madre del jefe criminal, de nombre Lorena Aguirre Monzón.
El sobrino de “El H” dijo que en la organización delictiva de su tío participaban:
- Como lugartenientes, sus hermanos Jesús Ramón y Arturo Salazar Monzón.
- Como jefe de seguridad y brazo armado, Martín Salgado Graciano “El Pachuco”.
- Como jefe de los distribuidores de droga en la ciudad de La Paz, Héctor Manuel Diarte Aguilar “El Cleto”, su esposa Brizna Cecilia Leal Cortés y su hijo, Héctor Manuel Diarte Ramírez.
- Como jefe de los distribuidores en el poblado de Todos Santos, José Romero Orozco Agúndez.
- Como jefe de distribuidores de droga en Comondú, José Guadalupe Puentes Calderón “El Garapiñado”.
- Como responsable de distribución de droga dentro del Centro de Readaptación Social de La Paz, Francelia Guillermina Ramírez Ramírez, ex pareja sentimental de “El Cleto”.
- Como empaquetadores y responsables de entregar la droga a todos los distribuidores, Roberto Salazar Monzón y Blanca Esthela Avilés Agúndez.
Asimismo, el sobrino del jefe criminal indicó a la SIEDO que su familiar no quería que anduviera exponiéndose en la calle, por lo que le asignó la tarea de empaquetar y entregar la droga a los puchadores en todos los domicilios que tenía rentados, entre los cuales se movían frecuentemente.
Relató que la droga era entregada en botes de dulces de mil dosis a cada repartidor, el modus operandi era “surtir pedidos de droga vía telefónica a través de una clave que sabían los viciosos y era entregada a domicilio”.
Salazar Monzón abundó que comúnmente preferían domicilios de bajo perfil de uno o dos pisos, enviaban a una pareja de jóvenes con hijos o sin hijos a rentar las viviendas y pagaban con billetes de baja nominación, es decir, de 20 y 50 pesos.
Cuestionado sobre cómo Héctor Antonio Salazar Monzón se había apoderado de la plaza del narcomenudeo de La Paz y Comondú, el detenido expuso que esto se dio cuando detuvieron a Heraclio Soto Aguilar o Eduardo Salas Martínez “El Güero Layo”, y tuvo que disputar el mando criminal con Héctor Manuel Diarte Aguilar, “El Cleto”, ya que “mi tío quería que trabajara para él, pero él no se dejaba, por lo que tuvo que usar la violencia para lograr meterlo en casillas”.
Por esta situación, “`El Oaxaco’ ordenó primero ejecutar al distribuidor de Todos Santos, José Roberto Orozco Agúndez, quien fue herido en el intento, afuera del Hotel Miramar de aquella población turística”.
Aunque el ataque no amedrentó a “El Cleto”, hasta que “El Oaxaco” ordenó levantar y secuestrar a su hijo Héctor Manuel, fue que aceptó trabajar bajos sus órdenes.
Así, “El H” logró apoderarse totalmente de la plaza de La Paz; después negoció Comondú con el jefe de la plaza de aquella población, Ramiro Miranda Claro “El Grillo”, una de las células de Inés Zamudio Beltrán “El Zamudio”.
El Cártel de “La Oficina”
Dentro de todas las relevaciones que hizo el sobrino del depuesto jefe criminal, lo que más preocupó a los agentes de la Unidad Especializada en Delincuencia de la SIEDO fueron los vínculos de Héctor Antonio Salazar Monzón “El Oaxaco” con el Cártel de “La Oficina”.
El detenido afirmó a los policías y soldados que su tío era el principal operador de un sujeto identificado como “El 30”, hermano del líder de esa organización delictiva, conocido como “El 7”, “El Pelacas” o “El Calacas”.
Y es que de acuerdo a la versión de un agente de la SIEDO, “El Pelacas” figura en el mapa delictivo como un delincuente considerado como responsable material del secuestro del ex candidato presidencial del PAN, Diego Fernández de Cevallos, según confesó en su momento en la PGJE del Estado de México, el de nombre Óscar Osvaldo García Montoya “El Compayito”, ex líder de la organización delictiva “La Mano con Ojos”.
Los dos hermanos -“El 30” y “El Pelacas”- son vistos por autoridades federales y militares como los responsables de la ola de violencia y matanza desde agosto de 2011 y hasta la fecha en Los Cabos, cuando asumieron el control de la plaza del narcomenudeo en el destino de playa de Cabo San Lucas.
Según un agente de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, “El Pelacas” es descrito como un tipo extremadamente violento y sanguinario, que infunde miedo con escalofriantes asesinatos que generan terror y zozobra entre la población.
El investigador comentó que el delincuente es amante de la “obediencia absoluta”, y quien no se somete a sus órdenes y caprichos, es asesinado de forma sanguinaria y violenta, a manera de mensaje a otros de lo que podría sucederles en caso de rebelarse.
Los datos que hasta hoy ha recabado la SIEDO, indican que el Cártel de “La Oficina” llegó a Los Cabos para supuestamente cuidar la plaza y mantener la zona libre de “Zetas” y de hechos violentos. Sin embargo, ya apoderados del principal destino turístico del estado -describe el investigador federal-, “están tratando de expandirse a La Paz y Comondú, tejiendo pactos y alianzas con delincuentes que seguramente terminarán sus días como ‘El Oaxaco’, porque su principal objetivo es fortalecerse y buscar una fuente de ingresos rápida y segura”.
























