A Javier Antuna (Segunda de tres partes)
4 Vladimir Ilich Uliánov (Lenin) fue un gran marxista, principalmente, por haber desarrollado el marxismo merced al domino cabal que tuvo del método científico de investigación que él aplicó bien a la realidad de su tiempo, la dialéctica, creada de cabeza por el idealista Federico Hegel y puesta de pie por el materialista Karl Marx. Ésta es la herramienta que debe dominar todo marxista para serlo verdadero; pero el Señor Javier Antuna no domina ni su lengua, ya que si la dominara dejaría de repetir tantas frases vacías por ser inadecuadas a la realidad concreta donde pretende aplicarlas. Por eso no debe decirse marxista con toda propiedad, aún; y en cuanto a ser leninista, pues tampoco, ya que su anti leninismo es evidente a pesar de citar mucho a Lenin. Cualquiera que lea “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo” conocerá la actualidad asombrosa que todavía tiene ese clásico de la literatura leninista, cuando aún podemos ver haciendo de las suyas a esos “enfermos infantiles”, como etiquetó Lenin a aquellos izquierdistas parecidos al Señor Javier Antuna, atorado éste en el siglo pasado. Para mí sería pretencioso y ridículo hacerme pasar como marxista-leninista; sin embargo, nadie puede quitarme el derecho a sentirme discípulo de aquellos clásicos del socialismo científico; y fiel, inclusive, por cuidarme de aplicar bien sus consejos, además de rectificar tan pronto como descubro equívocos en mi práctica.
5 Queda claro, entonces, que el Señor Javier Antuna tampoco debe llamarse seguidor del marxismo-leninismo por hacerlo a ciegas, al sacar del contexto donde fueron expresadas esas citas que acostumbra a mostrarnos para apoyar sus dichos (el marxismo es una guía para la acción, no un dogma). Y porque de premisas justas extrae conclusiones falsas. Veamos: “Los que votan no deciden nada. Los que cuentan los votos lo deciden todo” (José Stalin). Cierto, pero el Señor Javier Antuna no concluye que debemos convertirnos en “Los que cuentan los votos” para ser quienes “lo deciden todo”. Al contrario, se declara vencido antes de la lucha y llama a repudiar al “circo electorero”, al que, sin embargo, acepta confusamente. Un hombre que le saca la vuelta a una tarea infinitamente menor como es la de llamar a votar para implantar la hegemonía político electoral, como lo hizo el priismo de 1929 al año 2000, es un hombre incapaz de abordar otra tarea infinitamente mayor como es la de tomar el poder político y establecer el socialismo.
6 Dos hechos de la vida actual apoyan mi conclusión del punto anterior: El Congreso no ha caducado y la vía electoral aún es válida; prueba, la destrucción por el pueblo mexicano de la septuagenaria hegemonía político electoral del priismo y de la más reciente hegemonía panista de doce años nacionalmente; y la posibilidad de implantar la hegemonía del pueblo mexicano, prueba, la victoria anti priista no solo del año 2000 y la hegemonía que ejerce el pueblo en Venezuela, por ejemplo. Ni fraudes ni pinochetazos son señal para tener por caduco el Congreso y cancelar la vía electoral como una forma de lucha principal o secundaria, jamás única, de acuerdo a las circunstancias de lugar y momento: la prueba está en Chile. Los que se van, por haber “caducado”, no son los congresistas sino los izquierdistas independientes, siempre que sucumban frente a la oligarquía, al imperialismo y los ayudantes de ambos, sobre todo los domésticos, izquierdistas sectarios como este estalinista que más parece estar cobrando en la nómina de la CIA, Javier Antuna y cofradía: válgame esta trompetilla legítima. Sin embargo, creo más que nuestro estalinista primerizo no sabe luchar porque no sabe pensar, y, al mismo tiempo, no puede entender porque su estalinismo le nubla la cabeza debido a su manera ligera de abordar su doctrina. Mas no debe avergonzarse, ya que ese mal es histórico en los marxistas-leninistas, debido a su terrible desinterés, por un lado, en un estudio sistemático del marxismo-leninismo y, por el otro, en un diálogo serio y respetuoso entre los seguidores del comunismo científico acerca de sus diferencias político ideológicas que por no ser antagónicas no deben separarlos, menos aun, a muerte.
7 Así que el Señor Javier Antuna es un estalinista simplemente, y muy malo por incierto. Lenin desarrolló el marxismo en la época de los monopolios, y por eso mismo ahora le llamamos marxismo-leninismo. Karl Marx puso de pie la dialéctica que Federico Hegel tenía de cabeza, y de ese modo la convirtió en una ciencia confiable e infalible. Sin embargo, el Señor Javier Antuna, lejos de espulgar la doctrina de su héroe José Stalin para extraer de ella lo útil a nuestra realidad concreta actual, eleva a un dogma esa doctrina y convierte a José Stalin en un relevo o sustituto de Lenin; para luego armar a capricho esa extraña ideología que los estalinistas llaman marxismo-leninismo-estalinismo: Je, je.
8 Ahora bien, el Señor Javier Antuna muestra claros indicios del típico político amargado, en este caso, por aceptar solo de palabra la máxima leninista en el sentido de que las masas no se mueven en su quehacer político de acuerdo a nuestro capricho, porque “tienen que hacer su propia experiencia”. Por eso nomás nos queda acompañarlas en su lucha a fin de que nos conozcan bien y algún día nos hagan caso; y ayudarlas a obtener conciencia de clase y organización política sin pretender dirigirlas antes de tiempo. Por lo contrario, el Señor Javier Antuna no hace otra cosa que regañarlas profetizándoles una tremenda decepción contra sus líderes. Porque él cree que a golpe de “sesudas” exposiciones de su “sabiduría” la gente lo va a seguir. Mas cuando se desespera porque esa gente no le hace caso, despotrica contra ella frente a sus camaradas, como lo hizo frente a Flavio, según éste, cuando le dijo amargamente que “A todo esto ya se lo llevó la chiflada”. Y como el paso lógico a seguir por todo hombre abatido por la desilusión es, a veces, darle la espalda “a todo esto” porque “ya se lo llevó la chiflada”, démosle este consejo de José María Napoleón: “Hombre, si te dices hombre no interrumpas tu jornada o harás de tu vida tumba, y de la tumba, morada. Si has de tener una rosa debes conocer la espina, pues si no sabes del dolor (cuando las masas te dan la espalda) no sabrás de la alegría (cuando te hacen caso las masas)”.
Jesús Vicente Cázares








