“Los Uriarte” controlan narcomenudeo
Tras la familia de “El Muletas”
Primos, hermanos y tíos de Raydel López Uriarte, identificados como “El Chapito”, “El Lucas”, “El Flaco” y “El Moncho”, tienen el dominio del narcomenudeo y de la operatividad criminal en Tijuana; estructura delictiva empresarial que coordina venta de droga, tráfico hacia los Estados Unidos, cobro de piso, extorsión y otros ilícitos
Investigaciones ZETA
La venta de droga al menudeo y al mayoreo en México, es un negocio ilícito que normalmente se comparte en el ámbito familiar.
Tal es el caso de los Uriarte, sobrinos, primos, tíos y demás parentela -en su mayoría del lado materno- de Raydel Rosalío López Uriarte “El Muletas”, narcotraficante que controló parte del narcomenudeo en Tijuana y estuvo en uno de los flancos de la guerra de cárteles que dejó miles de ejecutados entre 2008 y 2010, año en que fue capturado en Baja California Sur.
De acuerdo a la autoridad investigadora de Baja California, los sucesores de “El Muletas” son responsables de muchas de las ejecuciones que han sucedido desde 2008 hasta la fecha, en el afán de mantener el control de la venta de droga al menudeo.
Los Uriarte son avecindados de la delegación Cerro Colorado; quienes los vieron jugar en las calles, ahora les temen porque son testigos de cómo circulan impunemente por la delegación con pequeños y medianos cargamentos de la droga sintética conocida como ice, además de cocaína y marihuana. Es justamente en esa delegación donde tienen el mayor número de laboratorios para fabricar droga sintética.
Elementos de inteligencia de la Policía Estatal, los ubican en una célula donde son acompañados por otras familias en su actividad delictiva: “Son los Uriarte y el resto de las familias con las que se emparentaron, los Mendoza, los Machado, los Angulo, los Valdez, Félix y los López. También algunos familiares políticos de las familias Villaseñor, Ureña, Zamora y Alvarado se han integrado. Javier, Ramón, Óscar, Alberto, Luis, Jesús y José, son nombres que se repiten; ‘El Chapito’, ‘El Lucas’, ‘El Flaco’, ‘El Moncho’, ‘Chuyón’, ‘El Tacua’, ‘Cabezón’ o ‘Chiquil’”, apodos todos, identificados por las fuerzas de seguridad integradas al Consejo Estatal de Seguridad de Baja California, quienes tienen bajo investigación el amplio organigrama familiar que incluye a hombres, mujeres, jóvenes y viejos.
Antes corrían tras una pelota de futbol. Hoy caminan con armas fajadas a la cintura, tienen negocios en ambos lados de la frontera, trasiegan cocaína a Estados Unidos y envenenan con metanfetamina las colonias de Tijuana, mientras amenazan a sus vecinos y se dan la gran vida con fiestas.
Desde 2009, antes de que “El Muletas” fuera detenido tras nueve años integrado al Cártel Arellano Félix (CAF), las corporaciones policiacas ya habían identificado a Francisco Javier Mendoza Uriarte “El Chapito” como pieza clave en la célula delictiva de su primo. Lo catalogaron como su jefe de sicarios, cabeza operativa de los 30 o 40 grupos homicidas que dirigía López Uriarte. Después, en declaraciones ministeriales de homicidios, salió a relucir otro primo: “El Lucas”.
Los últimos dos años de su carrera delictiva, “El Muletas” formó su poderoso cartelito. Su posición como jefe y la posibilidad de delinquir independientemente, estableciendo sus contactos y traficando “droga de su propiedad”, le permitió acumular capital y poder. Precisamente tras la escisión del grupo de traficantes de “Los Teos” del CAF, que dio origen a una guerra interna provocada cuando en abril de 2008, Teodoro García Simental “El Teo” (detenido en enero 2010) se negó a entregarle a los sicarios de Fernando Sánchez Arellano “El Ingeniero” a Raydel Uriarte, luego que este último llevara a cabo un secuestro “no autorizado” por el sobrino de los Arellano.
Al ser detenido en diciembre de 2009, uno de los principales operadores de Uriarte López, el ex policía Gilberto Sánchez, explicó que este grupo tenía mucho capital financiero y muy buenos contactos y proveedores criminales en Puerto Vallarta y Michoacán. En aquel tiempo, quien administraba el dinero era un hombre llamado Juanito, conocido como “El Viejo”, quien no ha sido aprehendido.
Continuidad en el trasiego
En su declaración ministerial, “El Muletas” informó que él era “el bueno”; que tenía avionetas y lanchas que nunca fueron decomisadas, con las cuales realizaba de dos a tres viajes por mes, cada uno de 500 kilos de marihuana que transportaba de Sinaloa y Durango a Tijuana, así como un traslado mensual de 250 kilos de ice que le vendía la organización delictiva apodada “La Familia Michoacana”.
Investigaciones recientes indican que esos negocios permanecen, pero ahora ubican a los de apodo “El Chapito”, “El Moncho”, “El Lucas y “El Tacua”, como los que controlan el paso de esa droga y la venta en diversas tienditas por toda Tijuana, mayormente en la delegación Cerro Colorado, donde sus zonas de confort son las colonias Praderas, Loma Dorada y El Lago; seguidas de la delegación La Presa, la zona del Ejido Mariano Matamoros y las colonias Buenos Aires Norte y Sur, en la delegación Centenario.
“Ya no son solo un grupo de sicarios, a través de los recursos materiales y financieros que les dejó ‘El Muletas’, ellos establecieron alianzas, algunas abriendo negocios en sociedad con otros delincuentes michoacanos, y otras a través de matrimonios. Usualmente los hombres se encargan del trasiego y el lavado, y las mujeres de la administración de los recursos financieros una vez que fueron limpiados. Ellos han invertido en negocios lícitos, y ellas tiene trabajos en empresas privadas, incluso en entidades de gobierno locales”, expuso un investigador a ZETA.
Esta familia tiene establecida una red de tráfico que incluye droga que procede de Centro y Sudamérica, que ellos reciben en Quintana Roo y de ahí en tierra hasta Sinaloa, donde en lanchas y avionetas, es trasladada a Baja California Sur y a Baja California. En Mexicali tienen ligas con José Soto “El Tigre” y el Cártel de Sinaloa.
Trabajan con cocaína para traficarla hacia los Estados Unidos, utilizan mulas ciegas y también cruzan un porcentaje de cristal y marihuana. Parte del dinero que obtienen en las ventas se envía a Tijuana, pero otro lo han invertido en negocios en San Diego relacionados con la venta de autos y refacciones.
La investigación oficial sobre los Uriarte determina que en el lado mexicano sus inversiones son más grandes: expendios de agua, bares, permisos y líneas de transporte.
Cuando sus líderes tienen problemas serios con la autoridad, como ocurrió en 2011 con Javier Mendoza Uriarte “El Chapito”, se trasladan a Ensenada y en lanchas cruzan a Sinaloa, ya sea a Culiacán o Mazatlán.
Modus operandi
La operatividad criminal de los Uriarte es similar a la que estableció “El Muletas”. El análisis de la investigación oficial detalla la estructura: Tienen coordinadores por delegaciones, y delincuentes seccionales -de 10 a 15 cuadras- que “cobran piso a los tienderos de droga o los extorsionan”.
Los encargados principales, todos miembros de la familia Uriarte, uno entrega la droga a las tienditas y otro recoge el dinero. Todas las cuotas se cobran y pagan por semana.
Aunque presuntamente pagan por protección a policías municipales, en todas las zonas de influencia tiene “punteros” instalados que cubren las 24 horas, con la encomienda de reportar el paso o llegada de comandos policiacos o criminales, y cualquier presencia para ellos sospechosa en el área.
Uno de los policías investigadores dijo a ZETA que los Uriarte tienen cuentas en el banco y cajas de seguridad, donde resguardan bienes económicos que operan como “comunal”, además de contar con “una” responsable de distribuirlo, según los requerimientos de cada miembro de la familia involucrado. Incluso trasladan dinero de Tijuana a San Diego cuando es necesario, usualmente en días de tráfico pesado, durante el fin de semana.
Impunidad
A pesar de las investigaciones y búsqueda que elementos estatales y federales realizan sobre este grupo criminal, del que poseen gran cantidad de información que incluye domicilios, relaciones comerciales y familiares, la mayoría continúa en libertad.
A la fecha solo se tiene información de la captura de Luis Alberto López Uriarte, trasladado al Centro de Readaptación Social de “El Hongo” en 2008, cuando se le responsabilizó de los motines ocurridos el mismo año en la Penitenciaría de Tijuana; de su tío, Sergio Uriarte Félix, capturado en enero de 2010 en posesión de droga; y el primo Luis Mendoza Uriarte, detenido en diciembre de 2011. Este último ya fue liberado.
Adicionalmente se tiene el antecedente que el 7 junio de 2010, policías municipales capturaron y dejaron ir a “El Chapito” en el fraccionamiento El Florido. Lo habían sorprendido en posesión de droga, pero únicamente consignaron ante la PGR a otro hombre que lo acompañaba.
Situación similar ocurrió con a mediados de año con un operador del grupo de apellido Angulo, detenido en Villa del Campo, distrito La Presa Rural. En ambos casos existe el señalamiento de que los policías involucrados recibieron una fuerte cantidad de dinero. Hubo investigación, pero no consecuencias.
“El Chapito”
Caso especial es el de Javier Mendoza Uriarte “El Chapito”, que el año pasado huyó a Culiacán pero regresó a Tijuana, donde oficialmente están abiertas cinco investigaciones por homicidio donde aparece como autor intelectual y en algunos casos material. En las cinco tiene orden de aprehensión pendiente.
Los expedientes en cuestión, son las averiguaciones previas AP 32/12/201; AP 469/10/201; AP 6695/10/206; AP 6622/10/206; AP 5876/10/206; AP 510/10/201; AP 524/10/201; y AP 543/10/201.
Sus presuntas víctimas fueron asesinadas la mayoría entre 2010 y 2012, quince en total, y los casos incluyen tres cuerpos encontrados en una narcofosa ubicada el 18 de noviembre de 2010. En todos los expedientes, los cómplices confesos implican a “El Lucas”, y en el hecho fechado el 28 de enero de 2012, mencionan al liberado Luis Mendoza Uriarte, identificado en el organigrama criminal como “El Güero Chompas”.
La familia de “El Muletas” ha crecido en número y en territorio en el negocio del narcomenudeo, y de célula, se está convirtiendo en una organización criminal al amparo de la impunidad que les proveen desde 2008.








