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“La clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado burgués, tal y como está, y servirse de ella para sus propios fines. Debe de romper, destruir esta máquina, no solo apoderarse de ella. Es la condición previa de toda verdadera revolución”. (V. I. Lenin. “El Estado y la revolución. 1917”, p. 45)

 

La barbarie, los trágicos y sangrientos acontecimientos de Chile, perpetrados a partir del golpe de Estado fascistoide, del 11 de septiembre de 1973, deben de estar, a perpetuidad, en la memoria de los revolucionarios del mundo entero. Para que sirvan de enseñanza. Para que sirvan de acerado pertrecho.

Hasta la fecha, pocos gobiernos de izquierda, verdaderamente populares y democráticos, que han existido, en el mundo, se pueden comparar con el régimen que encabezó el gran patriota chileno, Salvador Allende.

Cuba fue de los pocos, en sus principios, sobre todo en las décadas de los 60 y los 70, que estuvo a la altura del régimen allendista.

Hay que decir en primer lugar que el periodo 1970-1973, en que el gobierno de Allende permaneció en el poder, no es un periodo que pueda ser fácilmente borrado de la vida del pueblo chileno, como tampoco de toda la historia de América latina.

La Unidad Popular (UP) y Salvador Allende, constituyéndose en intérpretes de las reivindicaciones y los anhelos de las amplias masas populares, emprendieron una serie de medidas y pusieron en práctica una serie de reformas encaminadas a la consolidación de la libertad y de la independencia del país. Al desarrollo independiente de su economía.

La UP golpeó duramente tanto a la oligarquía nacional como a los monopolios norteamericanos que tenían en sus manos todas las llaves y hacían su voluntad en Chile.

Allende fue el inspirador de esta línea progresista y antiimperialista. Fue un eminente patriota y combatiente demócrata. Una de las figuras más nobles que América latina ha dado al mundo.

Bajo su dirección el pueblo chileno nacionalizó los bancos privados y luchó por la realización de la reforma agraria. Nacionalizó las compañías extranjeras, entre otras, a las poderosas ITT, Chase Manhattan, Dow Chemical y Anaconda Copper Co.

Gigantescos esfuerzos hizo para lograr la democratización plena de la vida del país y por arrancar a Chile del yugo norteamericano.

Hay una anécdota poco conocida: Antes de ser Presidente de Chile, Salvador Allende fue senador. En cierta ocasión, siendo parlamentario, se supo de un grupo de revolucionarios paraguayos fugados de prisión. De inmediato se puso en camino a la frontera, donde en esos momentos los patriotas paraguayos perseguidos se encontraban a punto de ser capturados por la soldadesca genocida del dictadorzuelo gorila Alfredo Stroessner.

Su arrojo y su valentía en primer lugar y su fuero senatorial en segundo, salvó la vida de aquellos luchadores paraguayos acorralados. Los llevó a Santiago y les dio cobijo salvaguardándolos de las dentelladas de la reacción. Estruendoso fue el bramido del imperialismo norteamericano. Ése era Allende. Una persona enérgica y llena de humanismo. Valeroso y sin dobleces.

Sabido es que cuando él y su Unidad Popular conquistaron la presidencia de chile en 1970 el país fue un verdadero santuario para las fuerzas democráticas y progresistas de todo el mundo. Todos los excarcelados y perseguidos políticos, por los gobiernos fascistoides, encontraron bajo el régimen allendista refugio seguro y aliento para su causa. Allende abrió sus puertas de par en par a revolucionarios y a combatientes antiimperialistas, los cobijó y los defendió. Él no temía que EEUU gruñera. Ni retrocedió ante las amenazas de éste. Y respaldó sin reservas a los heroicos pueblos de Vietnam, Camboya, Palestina y otros.

¿Se quedarían los imperialistas y los burgueses explotadores con las manos cruzadas? ¿Podrían los latifundistas perdonar a Allende viendo que su tierra era distribuida entre los campesinos pobres? ¿Podrían los industriales soportar que fueran expulsados de sus fábricas y éstas se nacionalizaran? ¿Se mantendrían quietos los monopolios norteamericanos al ver cómo su poderío se perdía?

Por supuesto que no. Toda la reacción chilena, el clero conservador y sobre todo los chacales de Wall Street saboteaban con rabia el régimen allendista. Todas estas hienas se confabularon para derrocarlo y poder recuperar su paraíso perdido.

Las diabólicas embestidas de la reacción interna y externa debían haber sido suficientes para “sonar la campana a rebato” y oponerse en forma enérgica levantando la consigna histórica de toda gran revolución: “¡Contra la violencia reaccionaria la violencia revolucionaria!”.

Pero el Presidente Allende no hizo nada, ni siquiera se movió. Desde luego, él no puede ser acusado de carencia de ideales. Amaba con toda su alma la causa por la que luchaba y estaba firmemente convencido de su justeza. No le faltaba valor personal y estaba resuelto a llegar, como efectivamente llegó, incluso hasta el sacrificio supremo.

La tragedia del patriota chileno radicó en que confiaba en el recurso de la razón para convencer a la oligarquía, a la burguesía reaccionaria, para que renunciara a sus actividades subversivas, cedieran por las buenas y renunciaran a sus privilegios.

El golpe de estado fascistoide encabezado por el maldito militarote gorila Augusto Pinochet (tan adorado por los panistas mexicanos) fue fraguado en las siniestras cavernas de la Casa Blanca. Fue la CIA norteamericana quien en realidad estuvo detrás de los golpistas.

La burguesía tolera algunas libertades en tanto que no resulten lesionados sus intereses esenciales, mas cuando éstos se ven amenazados, entonces ni la burguesía más liberal tiene en cuenta ética alguna, ni respeta leyes ni constituciones. Aunque éstas hayan sido por ella acuñadas. Esto debe tener siempre en cuenta todo obrero con consciencia de clase, todo patriota y todo comunista. El derrocamiento del Gobierno patriótico democrático y popular de Salvador Allende fue una gran desgracia para las masas chilenas en particular y para los pueblos del mundo en general. Sin duda alguna.

 

Javier Antuna

Tijuana, B. C.

Correo: lahojadeltrabajador@yahoo.com

 

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