Salvador Allende: Patriota y resuelto combatiente demócrata (Segunda parte)
El partido comunista chileno (es decir los revisionistas), que eran parte de la Unidad Popular, presentaba la experiencia chilena como la panacea universal. El ejemplo concreto que confirmaba su nueva teoría sobre la vía pacífica al socialismo sin necesidad de revolución violenta, sobre el atemperar del imperialismo y de la extinción de la lucha de clases. Los revisionistas chilenos con la experiencia del gobierno popular de Allende buscaban confirmar “la acertada tesis” del maldito XX congreso (revisionista-anti estalinista) del partido “comunista” de la Unión Soviética (PCUS).
La teoría de la vía pacífica al socialismo, preconizada por los revisionistas del partido comunista chileno y cofrades, es la responsable de que anidara en la consciencia de las masas la ilusión de que es posible emancipar a la patria del yugo extranjero y de que es posible liberar a la clase obrera de la explotación y de la opresión sin necesidad de revolución violenta.
En nuestro país, como el lector se puede percatar, después de cerca de cuatro décadas de la sangrienta tragedia chilena, la actual izquierda burguesa mexicana (PRD, PT, MC y Morena), encabezada por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y compinches desentierran esa maldita y podrida teoría que tanto complace a los ogros capitalistas.
El Partido Comunista de Chile era fervoroso partidario de las tesis de los revisionistas soviéticos, Nikita Kruschov y Leonid Brezhnev, sobre la transición pacífica al socialismo. Tanto en la teoría como en la práctica. Acatando el bastón de mando de los revisionistas y anti estalinistas, Kruschov, Brezhnev, el PC chileno preconizaba que la burguesía así como el imperialismo se habían ablandado, se habían hecho tolerantes, razonables que en las supuestas nuevas condiciones sociales creadas por el actual desarrollo mundial ya no estaban en condiciones de recurrir a los golpes de estado, a la militarización y a los estados policiacos. En una palabra, según estos falsos comunistas, la maldita reacción burguesa ya no era contrarrevolucionaria. Era, para ellos, una fiera domesticada.
Lo anterior hace recordar cuando el demagogo legítimo AMLO, diligentemente le envió una almibarada carta abierta a Hilary Clinton, cuando ella estuvo en el país. Apreciemos parte de su ditirambo:
“…Ya quedó demostrado en la época en que gobernó Estados Unidos ese gran estadista, el presidente Franklin Delano Roosevelt, quien supo devolverle la esperanza a su pueblo y, al mismo tiempo, aplicó una política de buena vecindad con los países de América Latina y el Caribe, en particular con México…Como siempre, le deseamos una buena estancia en nuestro país”. (Andrés Manuel López Obrador, 24 de enero de 2012)
Para AMLO el imperialismo yanqui ya no es una fiera sanguinaria sino un inofensivo tigre de papel. Elogiar a un representante (sea éste del partido republicano o demócrata) del imperialismo norteamericano, el más bestial que ha existido, es propio de despreciables charlatanes. Franklin Delano Roosevelt fue quien fraguó el asesinato del patriota nicaragüense César A. Sandino y fue quien fabricó la bomba atómica (proyecto Manhattan), que cuatro meses después de su muerte fue lanzada sobre Hiroshima y Nagasaki por su sucesor, Harry Truman (del Partido Demócrata al igual que Roosevelt) en 1945. Y es a este criminal, a quien López Obrador idolatra tanto.
La difusión entre las masas (como lo hace la izquierda amloista) de forma machacona, de la vía pacífica, producen indecisión y desorientación de las masas trabajadoras. Las tesis pacifistas producen decaimiento del espíritu revolucionario, desmoviliza a la clase obrera frente a los explotadores. Ahogan las posibilidades de acción revolucionaria. Y paralizan la capacidad de combate del pueblo.
Los marxistas-leninistas-estalinistas jamás le inculcaremos a la clase obrera o al pueblo, poner la otra mejilla. Mucho menos combatir al enemigo con flores o con poesías; ni con amoroso verbo, ni con espadas de cartón.
La historia ha demostrado los trágicos acontecimientos de Chile (donde todavía no se trataba de socialismo, sino de un régimen de izquierda democrático-popular), pusieron nuevamente de manifiesto que la instauración del socialismo a través del camino parlamentario es completamente imposible.
En primer lugar debe decirse que hasta hoy la burguesía no ha permitido que los comunistas obtengan la mayoría en el Parlamento (congreso) ni que formen su propio gobierno. Incluso en algún caso especial en que los comunistas y sus aliados han podido lograr un equilibrio a su favor en el congreso y participar en el gobierno, esto no ha conducido a la transformación del carácter burgués, ni del Congreso ni del Gobierno, y la actividad de aquéllos (los comunistas) jamás ha llegado al punto de posibilitar la destrucción de la vieja máquina estatal burguesa y la creación de otra nueva, proletaria.
Mientras la burguesía tenga en sus manos el aparato burocrático-administrativo, el obtener una “mayoría parlamentaria” que cambie los destinos del país, es no solo improbable, sino además imposible.
Los instrumentos fundamentales de la máquina estatal de la burguesía son el poder político y el poder económico, y las fuerzas armadas. Mientras estas fuerzas se mantengan intactas, es decir, mientras no sean suprimidas y creadas en su lugar otras nuevas (patrióticas, proletaria), mientras se conserve el viejo aparato de la policía, de los servicios secretos de espionaje e información, etcétera, no hay ninguna garantía de que un parlamento o un gobierno democrático puedan tener larga vida. No solo en el caso de Chile de Salvador Allende, sino tantos y tantos otros casos que han demostrado que son precisamente las fuerzas armadas (Ejército, Policía) comandadas por la corrupta oficialidad burguesa (oficialidad entrenada y doctrinada en los fuertes y escuelas militares de Estados Unidos), quienes han llevado (y llevan) a cabo los golpes de estado contrarrevolucionarios.
Javier Antuna
Tijuana, B. C.
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