¡Esta cámara salió fatal!
Seguro que uno que otro pensará que vengo a quejarme por medio de este humilde espacio, de algún artilugio fotográfico que me salió defectuoso. Nada más lejano de la realidad. Yo me refiero a otra cámara, la(poco) honorable Cámara de Diputados de la Nación, la cual por estas fechas de jugosos intercambios de poder, está tornándose en un recinto mortal para algunos de sus integrantes.
No sé realmente con qué tóxico estarán fumigando la Cámara de Diputados o qué oscuro poder se cierne sobre las curules pero últimamente parecen estarse muriendo algunas figuras prominentes de la política en racimos. Nos enteramos del fallecimiento de la señora esposa del empresario Hank, del fallecimiento del ex secretario Alonso Lujambio, del apuñalamiento del diputado Jaime Serrano Cedillo, del diputado Castro Luque asesinado afuera de su casa. ¡Ándale! Ahora sí los diputados andan ciscados.
Cuando a los poderosos la muerte comienza a rascarles la oreja es cuando se ponen nerviosos y demandan acciones. Aquí lo importante no es que fallezca la gente, pues igual puede resultar difunto un barrendero que un gran empresario. Son las extrañas circunstancias y los actos de nuestra clase política los que llaman la atención.
Primero que nada aunque lamentamos mucho el fallecimiento de la señora y activista María Elvia Amaya, desde mi punto de vista no podemos ver con la mínima lógica ni con una onza de sentido común que una mujer con semejantes antecedentes de salud y con la gravedad de su estado físico, haya sido propuesta para la Cámara de Diputados. Era muy obvio que la señora no estaba en condiciones para acceder a un puesto de tanta responsabilidad.
Después lo del señor Lujambio, entendiendo su trayectoria, no puedo sino sentir desagrado de haber visto a un otrora saludable secretario, volver a la Cámara de Diputados en silla de ruedas, esquelético, sin vista en un ojo y con semblante moribundo. ¿Qué clase de espectáculo de mal gusto es ése? La gente que no puede cumplir con sus obligaciones debe dejar el cargo antes de tiempo. Aquí los únicos que salen ganadores son los suplentes que no dudo entre algo de congoja profesional, hayan estado frotándose las mando con el jugoso puesto heredado por los enfermos terminales.
Y hablando de jugosos puestos fue muy preocupante saber que al diputado Castro Luque lo mandó matar su suplente… ¡para quedarse con el puesto! Este suplente de cuarta, que a todas luces en las fotos se nota era un jovenzuelo indigno siquiera de aspirar a ser suplente, planeó con sus cuates matar al diputado prometiéndoles puestos a sus compinches una vez que accediera al poder.
¿Dónde, díganme ustedes, está el criterio para nombrar un suplente? ¿Qué, los diputados no investigan a muchachos ambiciosos como él con amigos con apodos como “el matón? ¡Por favor! Si los diputados son tan ineptos, irresponsables y estúpidos como para contratar al vecino amigo del tuercas o del malandro como su suplente, entonces ellos son responsables de las consecuencias, no solo para su persona sino al pueblo que ultimadamente tendrá un malandro de representante si algo le pasa al titular.
Torajin Arredondo
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