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Cuando el agricultor Jorge Luis Arellanos Cárdenas fue ejecutado a tiros el 10 de octubre, sobre la carretera al poblado de Los Planes, a escasos 30 minutos de La Paz, iba acompañado de su esposa e hijo.

A decir por su pareja sentimental en declaración preparatoria en la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), el empresario tripulaba un camión de redilas al salir de su rancho, cerca de las 10:00 am, en dirección a la capital del estado.

Sin embargo, una camioneta blanca con vidrios polarizados, le marcó el alto en el trayecto del camino, a la altura de una zona conocida como “Los Encinos”, por lo que imprimió velocidad y trató de huir.

Los cinco tripulantes de la camioneta le dieron alcance, cerrándole el paso y golpeando el lado izquierdo del camión en dos ocasiones, como se apreció en el peritaje de la unidad, hasta que frenó y, sin pensarlo, se estacionó en sentido contrario, descendiendo de la unidad para tratar de internarse en el monte.

De los matones, dos se bajaron de la camioneta y comenzaron a disparar con cuatro tipos de armas, hasta darle muerte. Los otros tres se quedaron arriba y, una vez perpetrado el homicidio, huyeron de inmediato.

El cuerpo de la víctima quedó tirado bocabajo. El agricultor vestía playera tipo polo de color azul, pantalón de mezclilla, cinto y tenis de color blanco.

Su esposa lo vio muerto, por lo que de inmediato solicitó ayuda y entonces arribaron decenas de policías municipales, ministeriales y estatales.

En la escena del crimen, la PGJE encontró 32 cartuchos percutidos calibre 9 mm, calibre 223, calibre 7.62 y calibre 45, asegurados para proceder a su embalaje y traslado, para estudios comparativos con el sistema IBIS.

Hoy se sabe que los asesinos iban a bordo de una camioneta color blanco, sin placas y vidrios polarizados, tipo Cheyenne o Silverado.

Las primeras indagatorias dan cuenta que la víctima era socio de una cuñada de Zeferino Félix Leyva, asesinado el 10 de mayo en el restaurante El Bismarkcito del malecón costero de la ciudad de La Paz.

La versión de algunos familiares es que los asesinos ya lo tenían en la mira, e incluso, en un par de ocasiones se había escondido de sus victimarios.

Tanto uno como el otro, huyeron hace ocho o nueve años de Culiacán, Sinaloa, y hasta antes de su muerte, habían encontrado un refugio perfecto para vivir en el poblado de Los Planes.

Según testimonio de los vecinos de la zona, el agricultor Jorge Luis Arellano Cárdenas y su familia habían iniciado el proceso de venta de sus propiedades y las de Zeferino Félix Leyva, en virtud de que pretendían emigrar de esa región.

Hasta el cierre de esta edición, no había rastros de los asesinos, a pesar de que ya se buscaba la camioneta y se habían establecido filtros de revisión a la salida de La Paz y la entrada de Los Cabos.

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