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Se enfrentan los bandos de “El Caguamo” o “El Nine”, y “El Güero Layo”

La del martes negro del 9 de octubre, fue una agresión directa en contra de los custodios. Los disparos que realizaron los francotiradores desde la torre de control, prueban que la seguridad dentro del penal fue vulnerada ante la turba enardecida de un centenar de reos

Investigaciones ZETA

La Paz, Baja California Sur. En la trifulca registrada el martes 9 de octubre dentro del Centro de Readaptación Social (CERESO), destacan cuatro hechos:

1. No fue un pleito entre dos bandos de reos de las áreas de sentenciados y procesados, sino el conato de un amotinamiento dentro del penal.

2. Los participantes fueron más de 100 internos que comenzaron el enfrentamiento a golpes con custodios, por lo que al verse superados en número y dentro de su terreno, tuvieron que disparar al aire para generar alerta en todos los guardias de la penitenciaría.

3. Los reos utilizaron máscaras y, armados con piedras, replegaron y pusieron en jaque a los celadores, quienes no tuvieron más remedio que solicitar el auxilio de decenas de policías municipales, ministeriales, estatales y hasta militares; temerosos de que el incidente pudiera salirse de control, provocando una fuga de reos.

4. La falta de capacitación de los custodios evidenció que no están preparados para sofocar un incidente de ese tipo, ya que tardaron tres horas para poder controlar el suceso, auxiliados por la Policía Estatal Preventiva y la Policía Ministerial del Estado.

La versión del titular de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, Álvaro de la Peña Angulo, de que el incidente “fue solo un pleito entre dos grupos de internos por viejas rencillas entre sentenciados y procesados”, quedó evidenciada como una falsedad, cuando las primeras investigaciones arrojaron que la principal causa del conato de amotinamiento fue la disputa por el control de la venta de droga dentro del penal entre Carlos Castro “El Caguamo” o “El Nine”, y Adelaido Soto Aguilar o Eduardo Salas Martínez “El Güero Layo”.

Los disparos que realizaron los francotiradores desde la torre de control -no hacia el aire, sino a un punto cercano de donde se suscitaban los hechos-, son prueba de la desesperación y de que la seguridad dentro del CERESO fue vulnerada ante el accionar de los reos que se convirtieron en una turba enardecida.

La del martes negro del 9 de octubre, fue una agresión directa en contra de los custodios. En las gráficas que se publican en exclusiva en esta edición de ZETA, se puede observar cómo entre tres reos tiran al piso a un celador, y después de someterlo, tratan de desarmarlo de su equipo de seguridad.

En otro ángulo, un agente de la PEP tiene sometidos a tres reos que, acostados en los límites de una barda, parecen haber cedido en su intento de amotinarse, cuando apuntando su arma larga directamente en contra de ellos, espera la llegada de sus demás compañeros.

En un ángulo más lejano, se nota cómo más de cien reos levantan sus manos en señal de estar listos “para lo que venga”, y encapuchados con camisetas y sus clásicos uniformes amarillos, comienzan a caminar hacia un guardia que está detrás de las rejas.

En el área de la cocina, por ejemplo, quedaron dispersas decenas de vidrios, quebrados por las pedradas y forcejeos entre unos y otros.

Las gráficas publicadas en este Semanario dan cuenta de lo que verdaderamente sucedió en el amotinamiento; incluso se observa a uno de los reos escoltado por un agente de la Policía Estatal Preventiva, herido de la cabeza y con una venda.

Evidentemente los diez custodios que en ese momento vigilaban la penitenciaría, no supieron qué hacer ni cómo actuar, y en medio de la revuelta, se replegaron en el área de gobierno, cerca de los talleres, cocina y en las torres de control, esperando la llegada de refuerzos para intentar controlar el incidente.

Para fortuna de las autoridades penitenciarias, horas más tarde los reos fueron sometidos, e inmediatamente 28 fueron sacados del CERESO de La Paz para su traslado a la prisión de Los Cabos.

La investigación

Según las primeras indagatorias, los responsables intelectuales del conato de motín fueron Adelaido Soto Aguilar o Eduardo Salas Martínez “El Güero Layo”, y Carlos Castro “El Caguamo” o “El Nine”, quienes en los últimos días habían tenido roces por el control de la venta de droga al interior del penal.

Los responsables de esta investigación explicaron que “El Layo” -como le llaman al ex jefe de la plaza de narcomenudeo de La Paz- había mantenido el control de la venta a través de Francelia Guillermina Ramírez Ramírez “La Cleta” y un grupo de custodios afines.

Sin embargo, “El Cuaguamo” o “El Nine” y Felipe Herrera “El Michigan”, así como Ricardo Flores Salazar, comenzaron a operar dentro del penal, lo que provocó fueran acosados y presionados por guardias de seguridad del bando de “El Layo” hasta el 13 de septiembre. Las diferencias pasaron de las palabras a los golpes, y entonces sobrevino el amotinamiento. Los de “El Caguamo” y “El Michigan” se fueron contra los custodios afines a “El Güero Layo”, detonando el incidente.

Pero como suele suceder en estos casos, las autoridades responsables de la penitenciaría no actuaron sobre los autores intelectuales, sino en contra de todos aquellos que participaron de manera directa o indirecta en la trifulca.

Los principales instigadores -como fueron calificados por las autoridades- son dos reos federales, y tres del fueron común: Pascual Martínez Marín “El Jaibo”, Ricardo Flores Salazar, Edwin Rocha Rodríguez, José Antonio Casillas Hale y Oswaldo Araujo Noriega, estos dos últimos detenidos en mayo de este año, por su vinculación en delitos de robo con violencia en casa habitación.

Los cinco fueron sacados casi de inmediato del CERESO de La Paz, y enviados al de Los Cabos junto con otros 23 reos. Ellos son:

1. Refugio Amador Núñez

2. Juan Antonio Sanabria Amador

3. José Pablo Calderón Soriano

4. Camilo Cazares Lucero

5. Edgar Napoleón Corona Mandujano

6. Antonio de la Cruz Angulo

7. César Jaime Mendoza Guerrero

8. José Ramón Nájera Rodarte

9. Rogelio Pérez Flores

10. Jesús Salvador Pino Gil

11. Sergio Manuel Romero Navarro

12. Yancarlos Sánchez Estrada

13. Martín Antonio Sánchez Hernández

14. Pablo Silva Geraldo

15. Víctor Alfonso Uribe Vázquez

16. Felipe Neftalí Valeriano Romero

17. Carlos Alberto Villafaña Cosío

18. Cristián Omar Higuera.

19. Francisco López

20. Daniel Valdés

21. Juan Carrillo Vargas

22. Luis Gustavo Soto Morales

23. Juan Francisco Uribe Murillo

El saldo del conato del motín fue oficialmente de dos personas lesionadas, con cortaduras en algunas partes del cuerpo, y una decena de reos con contusiones leves que no ameritaron hospitalización.

La sobrepoblación

Después de los hechos, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal ofreció una conferencia de prensa para exponer la situación dentro de la penitenciaría, reconociendo la existencia de sobrepoblación en el Centro de Readaptación Social.

Según el funcionario, el penal fue diseñado para albergar a 550 presos y actualmente están recluidos 870, lo que significa que hay 320 reos de más dentro de las instalaciones. “La sobrepoblación no es tan grande como en otros penales, hay reos de más, pero no como en otros lugares”, justificó Álvaro de la Peña Angulo.

De entrada, descartó la existencia de un motín, y expuso que solo se trató de un pleito entre dos grupos, ya que “en la trifulca participaron solo unas veinte personas y no todos los reos del penal”.

De la Peña minimizó el hecho, considerando que “no fue nada grave”, además de que se dijo “muy contento” por la capacidad de reacción de la Policía y las Fuerzas Armadas en un evento de esta naturaleza, que por tres horas mantuvo con el alma en un hilo a decenas de familiares de internos que, cuando se suscitaron los hechos, inmediatamente fueron sacados de las instalaciones y de la sala de espera.

“Nosotros desde el otro lado de la calle, solo escuchábamos las pedradas y los balazos, estábamos asustados por temor a que algunos de nuestros familiares anduvieran en la bola”, dijo Dolores López, madre de un reo.

El titular de la SSPE adelantó que luego de este incidente, habrán de descongestionar el CERESO de La Paz y enviar algunos internos a Los Cabos; y de ser posible, los reos de carácter federal serán canalizados a centros de reinserción social en los estados de Sonora, Jalisco y Guanajuato.

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