
Jueces
Adela Navarro Bello
Ante la incertidumbre electoral mexicana, los medios de comunicación han pasado de canal a patíbulo. Del análisis a la cosa juzgada.
Sobre todo los llamados nacionales, han hecho de esta elección su agosto en pleno julio. No conformes con ser los ganadores de la contienda en términos económicos, puesto que la mayor parte del presupuesto se fue en pagar propaganda en medios electrónicos, particularmente Televisa y TV Azteca, ahora se demuestran como dueños de la verdad y la voluntad de todos.
Se han erigido defensores de un Instituto Federal Electoral que no acaba de cometer errores que lo sumen en la sospecha y la desconfianza.
Los periódicos, el segundo de mayor importancia en la Ciudad de México, Reforma, ha emprendido una férrea batalla contra los ánimos impugnadores de Andrés Manuel López Obrador. Lo ha llamado Pinocho, y a la par del IFE o del PAN, se encarga de refutar todo aquello que el tabasqueño quiera esgrimir en su defensa, tenga o no la razón.
Televisa cruzó la raya del medio de comunicación, de canal de la información, al autoproclamarse dueño de la verdad y el espectro electrónico.
El martes 11 de julio, recibieron en las instalaciones de la televisora más importante de América Latina, al candidato de la Coalición por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, es de suponerse que fue invitado o que pidió ser recibido para plantear su postura en el noticiario principal, a cargo de Joaquín López Dóriga.
¿Qué le pasó a López Dóriga? Es algo difícil de saber, de concluir o de conocer, pero lo cierto es que se vio mal. Trató a su entrevistado no como eso, sino como un estorbo. Lo apabulló, lo enfrentó, lo acorraló y hasta se puso a sí mismo como ejemplo de rectitud cuando la nota no era el conductor sino el entrevistado.
López Obrador se contuvo, entre titubeos y fundamentos propios, de llamar la atención del presunto comunicador. Aun cuando no respondió a las provocaciones de López Dóriga, sí quedó claro que al igual que el teleauditorio, estaba sorprendido por la actitud inquisitoria de quien se autoproclamó como el paladín de la verdad político electoral.
El conductor de Televisa perdió el piso y la proporción de su trabajo como medio de comunicación o canal de la información, en ningún momento permitió que sus espectadores pudieran escuchar otro lado de la historia electoral, la de Andrés Manuel, lo fustigó en todo momento para que el perredista le respondiera lo que sus oídos querían escuchar.
Al final, el candidato terminó entrando a los terrenos del enojo del conductor y éste reclamó el tiempo que él y nadie más que él le dedico (he ahí la importancia de otorgar una concesión de televisión).
De esta forma, muchos medios de comunicación creen ser ahora, los jueces de la elección. En la defensa a Calderón Hinojosa (el candidato ciertamente con el mayor número de votos) demuestran que aquella campaña del miedo contra Andrés Manuel, no estuvo sólo en la oposición política.
Los llamados “medios nacionales” siguen pues, sacando jugo del proceso electoral. De beneficiarios económicos ahora pasan a jueces inquisidores de un proceso que no termina y cuya conclusión no está en sus fueros informativos.
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tiene en sus manos la enorme responsabilidad de calificar, juzgar y sentenciar la elección del domingo 2 de julio. La realidad es que no existe un Presidente Electo y que todos los candidatos, por Ley, tienen derecho a defender su elección.
Pero una cosa es que el candidato presente argumentos legales ante la instancia específica, el Tribunal Electoral, y otra que partido y medios nacionales quieran determinar la sentencia del Tribunal, basados en la opinión pública.
Por un lado el Partido de la Revolución Democrática, hace llamados a una marcha nacional que en nada ayuda al proceso en el tribunal, y por otro, la televisora de Emilio Azcárraga tiene a todos sus conductores denostando al Partido y a su candidato Andrés Manuel López Obrador.
Finalmente, pónganle como le pongan, los medios nacionales y el PRD y su candidato, la decisión inapelable está en la determinación del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Los medios, más que juzgar, deben analizar, informar y actuar con responsabilidad ante la opinión pública. Para no contribuir al enrarecimiento del tema post electoral, sobre antes del 6 de septiembre, fecha límite para que el Tribunal emita su falló y nos dé a conocer al Presidente de la República, o en su defecto, nos guste o no, anule la elección.
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