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Opinionez

Conociendo el sexo de la mujer

Conzultoría Matrimonial

Lic. Roberto Bautista López

Se habla de que mucha gente no sabe comer, tanto por la forma de hacerlo como de los alimentos que ingiere. Así es más o menos el sexo, toda la gente que está en posibilidad de hacerlo y lo hace, no sabe cómo hacer bien el sexo, pero en el peor de los casos, no conocen bien su sexo o sus zonas erógenas, como tampoco conocen la potencialidad que le ofrece su propia sexualidad. Cosas tan simples como el que algunas mujeres no tengan orgasmos y les pueda parecer natural, o algunas otras, con capacidad de ser multiorgásmicas y desconocerlo.

Parte de esto, tiene la responsabilidad el hombre, porque finalmente para tener relaciones sexuales satisfactorias, ambos deben conocer bien su cuerpo. Ellos deben tener en claro que cada mujer es un nuevo y diferente territorio sensual a explorar y que toda fórmula repetida de actuar, da por resultado una posible insatisfacción sexual. Ellas por el contrario, deben de saber que no existen los hombres perfectos y adivinos. Por eso no sólo debe conocer a la perfección su propio cuerpo y sus áreas más sensibles y erógenas, sino que también deben aprender a decirle a su pareja (o al menos insinuarle si es muy tímida) cuáles son sus secretos para poder recibir y dar placer, así como a no tener miedo a tener una relación sexual con luz y que él descubra que tiene celulitis, pancita o que no se ha depilado y sentirse rechazada.

El aparato sexual femenino está casi en su totalidad oculto, salvo la vulva, que tampoco está del todo a la vista. Dada su poca visibilidad es muy importante que cada mujer conozca sus zonas íntimas en la forma más precisa posible. Esto puede hacerlo a través de un espejo, ya que conocerse es el primer paso para una sexualidad sana, gratificante y satisfactoria. Si no se conoce y no tiene idea dónde está su clítoris, no puedo guiar a su pareja para obtener placer, desafortunadamente la cantidad de mujeres que no se conocen bien, es mucho más frecuente de lo que uno pueda pensar.

Algunos hombres suelen creer que la mujer va en busca del hombre perfecto, pero lo que buscan es a aquel que al hacer el amor la haga sentirse de verdad deseable (ojo). La psique de la mujer puede sentir rechazo cuando las caricias son mecánicas o si perciben prisa de su pareja por erotizarlas y acelerar la penetración (la cultura del pene), ya que esta sensación las lleva a pensar que él sólo busca de su propio placer, olvidándose de lo que ella propiamente desea. Por el contrario, sus fantasías se dispararan si las caricias no son previsibles y se evitan los roces mecánicos en senos y vulva, por lo cual, los juegos y caricias representan placer mayor, ya que muchas veces, aun cuando no hubiera penetración, ellas pueden quedar completamente satisfechas. Olvidándose que el mayor placer sexual lo puede dar la boca (ya lo trataré posteriormente).

A las mujeres les incomoda cuando le hacen caricias por compromiso, cuando no prestan atención a lo que a ellas realmente les gusta, considerando ellos, que todas las mujeres son iguales y responden a los mismos estímulos. La confianza que se adquiere en los juegos eróticos, las caricias, la exploración de los sentidos y sobre todo, diciéndose qué desean dar y recibir para sentir el máximo placer sexual, da por resultado que esa relación sexual de momento sea de lo más placentera, única, increíble, ya que ningún momento será siempre igual, por lo que cada ocasión se convierte en una nueva experiencia mejor que la anterior (cuantos no lo han dicho o han pensado en ello).

Así como la mujer debe conocer su cuerpo para guiar a su pareja, él también tiene que aprender cómo y dónde estimularla sexualmente. Para ambos, es primordial conocer principalmente la ubicación del clítoris, ya que éste aumenta de tamaño al ser estimulado (como si fuera un pequeño pene), en cada mujer tiene forma y tamaño distinto, estar cubierto o no, ser de uno a diez centímetros. Su función es otorgar placer sexual a la mujer y darle la posibilidad de ser multiorgásmica. Su estimulación puede ser manual, oral o con el pene, eso sí, con mucho cuidado y sensibilidad. La mujer debe decir cómo le gusta que se lo toquen, acaricien o besen, porque de otra forma puede generar erosión y dolor en la zona. Algunas mujeres con ese contacto logran tener orgasmo.

Para la mujer el preámbulo amoroso es esencial, por lo que las caricias juegan el papel más importante. Si bien cada cuerpo tiene sus propias áreas sensibles y diferentes, hay algunas que en la mayoría provocan sabrosas y exquisitas sensaciones, como los lóbulos de las orejas, cuello, nuca, hueco de las axilas, lados del cuerpo próximos al nacimiento de los senos y ombligo, espalda, cóccix, caderas y nalgas. Intentar dar masajes a través de todo el cuerpo, es apropiado para que ella descubra nuevas zonas erógenas en su cuerpo y determine qué lugares y en qué forma le cause mayor placer, así como utilizar aceites o cremas lubricantes en las manos permiten una mejor sensación y un más fácil deslizamiento. En el rostro se localizan algunos puntos álgidos, como el nacimiento del cabello o las sienes que, si se recorren con las yemas de los dedos, la lengua, o la punta de los dientes, despiertan intensas sensaciones. Otra caricia erógena es el roce en la piel de las rodillas que desciende hacia las piernas y los pies, principalmente si se hace con la punta de los dientes, y por supuesto la lengua.

Como ven, los dientes juegan un gran papel en todo tipo de caricia (no muy explorado), claro, sin querer comérselas.

A mis dos que tres lectores, seguro estoy que les falta más por descubrir y disfrutar. Tomen su tiempo. A ellos, no se aceleren; a ellas, no esperen que les adivinen, pidan, a gritos si es posible. Sigo agradeciendo su confianza por sus comentarios y consultas al teléfono 684-9647, fax 684-1889, celular 204-6180 o al e-mail: bautista46@hotmail.com.

El Licenciado Roberto Bautista López ejerce su profesión en Tijuana, B.C.


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