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Adela Navarro Bello

Otra vez

Pareciera que en Baja California no hay personas, hombres o mujeres, capacitados para hacer gobierno. Más bien para hacer una buena, excelente labor en la administración pública.

Quienes antes fueron candidatos y hoy son gobernantes, fallaron de lleno a la población. Ni cumplieron sus promesas, ni existe una mejor ciudad o un mejor estado. La población en todos sus niveles, sigue afectada y necesitada de medidas que garanticen su crecimiento social y económico, ni hablar de que la inseguridad no ha disminuido ni un ápice, acaso el aumento es terrible y muchas veces fatal para una porción de la ciudadanía.

Ni Eugenio Elorduy es el Gobernador que prometió sería en campaña, ni mucho menos Jorge Hank ha dado los resultados que pregonó. Los dos, guardada la proporción de delimitación política y geográfica, le han fallado a sus electores y a los bajacalifornianos en lo general.

El Gobernador dejó de serlo para todos y se convirtió en el salvador de unos cuantos. Beneficia a los empresarios que le apoyan, apuntala a los políticos que le sirven (sin distingo de partidos), gobierna para algunas ciudades e invierte en otras.

Avejentado, severamente marcado el paso de los años en su rostro, apareció en televisión hace unos días para prácticamente tirarse al piso y decir que siente, como si le sucediera a él, la inseguridad de la que son víctimas muchas familias. En el colmo de su cinismo casi se le sale una lágrima. De acciones, nada. Llora por fuera lo que en el interior de su gobierno es incapaz de resolver: La intranquilidad social de los bajacalifornianos.

Se deja ver afectado cuando debería ser el hombre con más fuerza y vigor en el estado, dado que él y nadie más que él, tiene la conducción de la administración pública, incluida claro está, la procuración de justicia. Con la misma intensidad que pone a sus palabras para lamentarse de un ambiente que él mismo propicia, defiende la posición de su Procurador y se niega a retirarlo aun cuando es evidente, no está funcionando.

Le concedió Elorduy a Antonio Martínez Luna el beneficio de la duda por ¡cinco años! O sea, de qué manera entenderá que este hombre no dio la talla. Qué peor que el atentado al Secretario de Seguridad, decenas de secuestros en Tijuana, ejecuciones en Rosarito, tráfico en Mexicali y comandos negros en Ensenada pasando por Tecate. ¿Qué más necesitará el Gobernador para darse cuenta que a poco más de un año de gobierno está mal? Que alguien le explique que sus logros, si es que los hubiese, en otras materias, se ven opacados, empañados y borrosos tras las vendas de la inseguridad. Un Gobierno que funciona, es un gobierno integral que ofrece resultados en todas sus áreas de acción, no sólo en aquellas donde los elementos a manejar son más heredados que creados.

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Jorge Hank, incumplió prácticamente todas sus promesas de campaña. Ni seguridad, ni desarrollo, ni urbanismo, ni paisajismo, ni dinero, ni empleo ni nada de nada. Ha sido, para el gusto de muchos, el peor alcalde que la ciudad de Tijuana haya tenido, y eso es mucho decir para personas como Fernando Márquez Arce o Francisco Vega Lamadrid, que hicieron su luchita.
No sólo presume su fortuna, también le da por evidenciar su incapacidad, su falta de conocimientos sobre la administración pública, y por supuesto su carencia política para hacer de esta rica ciudad, una tierra digna, segura y emprendedora. Más allá de las fiestas de este Presidente Municipal no hay nada. Colaboradores corruptos, amigos aprovechados, funcionarios que sacan dinero de cualquier trato, concesión o permiso que pueden otorgar.

Durante la administración de Eugenio Elorduy y la corta pero dañina presidencia de Jorge Hank, han cambiado de residencia más bajacalifornianos que en cualquier otra administración. Se van porque los secuestran, porque ejecutan a un pariente, porque el negocio se fue a la quiebra, porque no hubo apoyo ni condiciones para una vida de trabajo y dentro de la Ley.

Estos gobiernos no apoyan. Sangran, muerden, corrompen, y encima de todo se atreven a discursar de manera lastimosa y al punto del llanto. Cinismo puro.

Estos dos hombres, Eugenio Elorduy y Jorge Hank, no se han cansado de mal gobernar el estado y la ciudad. No conformes con lo que han dejado de hacer, ahora quieren preservarse en el poder y mantener la agonía social. El Alcalde de Tijuana quiere ser Gobernador. Y en medio de su soberbia se hace llamar ungido por un moribundo partido repleto de sus funcionarios para que lo hagan candidato.

Elorduy, en la postrimería de su administración quiere seguir gobernando al Partido e imponiendo candidatos, apoya aún la derrota de Jorge Ramos y pretende que la memoria falle en el electorado para hacerlo, ahora sí, Presidente Municipal de Tijuana, de esta manera como en el 2004, tendríamos otra vez, a los Jorges en campaña.

Uno a la gubernatura y otro, otra vez a la Alcaldía. Y eso, francamente, no se vale. Es una bofetada a todos los hombres y mujeres que en la administración pública, en los partidos o en la iniciativa privada, se desenvuelven con mayor capacidad que estos nefastos personajes que se aferran al presupuesto, pero más que nada, al poder político. Ante estas circunstancias, urge cambiar de políticos. Estos no funcionan. Está comprobado.

Otra vez no. Que el 2004 se quede en el pasado negro de Baja California.


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