
La duda
Adela Navarro Bello
Al final del Gobierno de su marido, doña Marta Sahagún no termina de aterrizar. En cinco años no entendió que el poder de la Presidencia era para su marido y que además, era momentáneo.
Ciertamente el gobierno le llegó un poco tarde, al menos más de lo que ella hubiese querido. La boda del Presidente Vicente Fox y su vocera, se realizó justamente un año después que el guanajuatense ganó las elecciones, y a siete meses que había tomado posesión.
De la Marta que se conoció durante la campaña e incluso en los primeros meses de gobierno cuando jugó el papel de funcionaria, a la Marta esposa del Presidente y por lo tanto primera dama de la Nación, hay un abismo.
La distancia no es únicamente física, que vaya que ha cambiado entre evidentes cirugías plásticas y un asesor de moda con presupuesto ilimitado; en el fondo, la señora Sahagún cambió mucho.
Lo mismo que sus hijos, quienes hoy ocupan el centro del conflicto con el radical cambio en su estatus económico. Esta situación ha llevado a la primera dama a adoptar una actitud pocas veces vista en ella, y ciertamente muy dañina para el aparato mexicano y la propia Presidencia de la República.
Al ocupar oficinas en Los Pinos para emitir una declaración supuestamente a título personal, la señora Marta está pasando por encima de todos los mexicanos y aprovechándose, una vez más, del espacio que le fue conferido a su marido para administrar la nación.
Días después que el legislador federal y ex panista, Jesús González Schmall, integrante de la comisión de diputados que investiga presuntas influencias y beneficios a favor de los hijos de la señora Marta, dijera que ante las investigaciones es inevitable pensar que la primera dama no haya estado al tanto de las acciones de sus hijos, la esposa de Fox arremetió contra este representante del Poder Legislativo Mexicano.
Lo acusó con fervor y una cara descompuesta por la ira, de ser mentiroso y cobarde. Lo amenazó fundamentando que su fuero como diputado se le terminará y dejó entrever que tomará acciones legales contra el legislador.
En el colmo de su divina comedia, Marta Sahagún lo responsabilizó del daño moral que ella o sus hijos puedan sufrir de acuerdo a sus declaraciones.
Esta Marta con actitud endemoniada, amenazante y todopoderosa, es creación, lamentablemente, del Poder Ejecutivo, fue su esposo y solo él, quien le permitió a la señora ejercer y aprovechar un poder que no le pertenece. Fue él quien la dejó utilizar como oficinas personales, la mansión que en el pasado fue utilizada por los mandatarios.
Con Marta Sahagún de Fox, la figura de la primera dama de México adquirió otra dimensión. Un papel no tanto más participativo cuanto más intervencionista. El Presidente Fox, que tanto costó a la democracia, a su partido y a la sociedad, decidió compartir un poder exclusivo y conferido por el pueblo.
A la sombra de su marido, Marta creció hasta llegar a una dimensión que a México le sale sobrando. No puede, la esposa del mandatario, acusar, amenazar y ofender a un representante del Poder Legislativo como lo hizo hace unos días.
Los cauces legales, si es que la razón la asiste, son el medio preciso y adecuado en el que se debería desenvolver la señora del Presidente. No sería la primera dama ajena a este escenario, dado que no es la primera vez que entablaría un juicio en los cinco años que tiene de ser el miembro más influyente de “la pareja presidencial”.
Hace unos meses, luego de la publicación en la revista Proceso de un artículo escrito por la periodista argentina Olga Wornat, donde daba cuenta, a razón de un expediente oficial eclesiástico, de las razones de Marta para la nulidad de su matrimonio anterior, la primera dama, con el apoyo del estado en la figura del Presidente, inició juicio contra la revista y contra la escritora.
El pleito legal lo ganó la señora en primera instancia, pero ha sido emplazada la decisión del Juez por los abogados de Proceso, y el final de esta historia aún no se escribe.
Abordar al legislador González en el mismo ámbito, llevaría a la primera dama a entablar un juicio que terminase, si hubiere elementos, en una solicitud de desafuero para el legislador, cuestión que la subiría aún más en el ranking de los conflictos de la llamada familia presidencial, por eso, amenazó al recordar al legislador, como si éste no lo supiera, que su fuero tiene límites.
Es probable que una vez que los dos, diputado y primera dama, abandonen el poder, a la señora no le sea tan redituable entablar la demanda, pero también es un hecho, que quien quiera que logre la Presidencia de la República, deberá investigar y aclarar cuál es el origen de la súbita fortuna de la familia Bribiesca-Sahagún.
La transparencia que hoy caracteriza al Gobierno Mexicano y demás instituciones, debe ser el camino rector, no sólo de quienes ostentan el poder, acaso con mayor prontitud de aquellos que alrededor de los mismos se han beneficiado, o aparentan hacerlo.
Revisar de manera puntillosa y clarificar el origen de la fortuna de los hijos de Marta, debería ser no una obligación del legislativo, sino un compromiso de la primera dama, para demostrar que ni ella ni su familia se han aprovechado del poder del marido.
De lo contrario, siempre quedará la duda.
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