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Opinionez

Violencia matrimonial

Conzultoría Matrimonial | Lic. Roberto Bautista López

¿Qué es lo que espera toda persona que se casa, hombre o mujer? Pues lo más seguro es tener un matrimonio sin problemas y feliz. Pero eso no llega junto con el matrimonio, no vienen juntos (la felicidad y el matrimonio), cada aspecto hay que buscarlo, hay que luchar por lograrlo, hasta hay que sacrificarse por ello. Y creo que la mayoría no está dispuesta a hacerlo. Creen que todo debe darse por añadidura, con que cada uno cumpla con su parte, es decir, con su obligación, creen que las cosas ya se darán. Nunca y mentira. Y desgraciadamente el hombre es el que más piensa que así debe de ser. Él cree, o la gran mayoría cree que con entregar el sustento ya cumplió con la suya y la mujer debe hacer todo lo demás, atender la casa, los hijos, la comida, la limpieza, el mandado, la escuela, etc., etc., y estar dispuesta para cuando él quiera también, estar disponible pues.

Los graves problemas de la pareja son precisamente por eso, porque no atienden lo que a cada uno le corresponde o atiende de más, no hay equidad. No nomás al hombre le corresponde el sustento, sino parte de lo que a la mujer hace, como la atención y educación de los hijos, compartir en llevarlos y/o traerlos de la escuela, etc. No hay solidaridad de parte de los hombres, muchas veces no quieren saber de los problemas de la mujer, precisamente para no involucrarse en tener que atenderlos, le huyen a los mismos, y si las cosas no salen como él piensa que debería de ser, se molesta y remata con su mujer, ya sea gritándole, ofendiéndola, o de plano golpeándola. Por favor, créanlo, a diario sale en los periódicos la violencia contra las mujeres, y eso sólo lo que se denuncia, ¿y lo que no? Y lo que sólo saben de oídas, y lo que a mí me escriben seguido pidiendo ayuda.

Gran avance habría si la mujer afronta a su marido, platica y le hace ver lo mal que están las cosas, llegado el momento si no hay arreglo, lo mejor tomar la decisión de dejarlo, ya que lo peor que pasaría es que le diera otra paliza, que debería ser la última si lo denuncia.

En verdad que siento a veces como propio el dolor de ellas, la falta de respeto a la mujer, la familia y sobre todo a los hijos. Son unos cobardes, no se dan cuenta de que con esas conductas están haciendo a sus hijos peores que ellos, ya que eso es lo que están aprendiendo y lo verán como algo natural cuando crezcan, y que desgraciadamente las hijas al considerarlo como normal, permitirán que cuando se relacionen con hombres, ellos las violenten y lo acepten como normal.

Un hogar en estas condiciones no puede ser un hogar feliz, ni un matrimonio que tenía las mejores expectativas al casarse. Sabemos que hay problemas, y que éstos son puros sinsabores, pero que si luchan juntos saldrán adelante, pero si uno deja de hacer la parte que le corresponde o le deja a la otra que haga todo lo que por naturaleza, juntos tienen que afrontar, para nada se les pronostica un matrimonio feliz.

En el matrimonio la mayor virtud debe ser la RESPONSABILIDAD; si esta no se da, difícilmente podrán aspirar a ser felices, y sólo el odio o frustración sembrarán en la familia, pero eso sí, afuera, en el trabajo, en el club, en el colegio, con los amigos, son unos tipazos, deslumbran por su porte, vestido, conocimientos, amistad, buenos compañeros, gastadores, simpáticos, honorables (¿), pero nomás llegan a casa y se convierten en lo que verdaderamente son, unos malos padres, malos esposos, energúmenos buenos para nada, etc., etc., que no valen la pena haberlos parido, ya que gracias a ello, sus madres consideran que son los mejores hombres del mundo, y todavía se lo creen.

Siento un coraje, una frustración cada día que sé que hay matrimonios peores de lo que aquí les cuento, mujeres que prefieren estar muertas que seguir así, pero que no pueden hacer nada, porque como quiera que sea dependen de ellos, que ven con sufrimiento cómo sus hijos se enferman sin poder hacer que sus maridos los atiendan, que ven con tristeza que sus hijos van con casi harapos a la escuela porque el padre no se quiere ocuparse de vestirlos, que regresan con terror de la escuela esperando encontrar al padre golpeando o gritándole a su madre y sin poder hacer nada por ellas, soñando con mejor irse de la casa y vivir en la calle como muchos otros que tomaron ese camino. Porque eso es lo que han hecho esos niños, no se salieron porque en su casa reinaba la armonía, existía cariño, amor, atención, preocupación, solidaridad; no, nada de eso había y por ello prefirieron arriesgarse a ese sufrimiento de la calle que vivir en casa.

El matrimonio, aun cuando Usted lo vea en la pareja de al lado, con sus amistades, los vecinos, no es lo que parece ser, por muy amistosos que se comporten, muy alegres que se vean, no todo puede ser cierto, no existe la capacidad para luchar en muchos por tener uno bueno, por sacrificarse por él, solidarizarse por él, para nada. El hombre se sale de la casa y que la mujer atienda todo, y si hay problemas que ella los resuelva. Dirán que dramatizo, que exagero, pero no, hasta Usted mismo puede encontrarse en una situación de falta de respeto a su pareja, de ser verdaderamente solidario con ella, y ella, pues ella se aguanta, pero hay peores, y que en este momento, mientras Usted lee esto, hay otros que se encuentran golpeando a sus esposas, a sus hijos, gritándoles, dejándolos con hambre, mal vestidos, quizás hasta sangrando y en algunos casos, hasta matándolos.

No estaría de más que cuando Ustedes se den cuenta de casos de violencia familiar o matrimonial los denuncien, aunque sea anónimamente, sobre todo cuando se trate de niños, ya que ellos son los más vulnerables y afectados para toda la vida, no es el caso de la mujer que puede dejar a su marido o divorciarse y rehacer su vida.

Siento no haber sido tan optimista este día, haber tratado puros sinsabores, pero me llega cada caso y otros tanto que leo, y sólo me pregunto: ¿cuándo va a parar esto? Así es que a mis dos que tres lectores, disculpen mi arrebato de coraje y espero que para la próxima semana ya lean algo más agradable. Como quiera que sea, sigan escribiendo y consultando a mis teléfonos 684-9647, fax 684-1889, celular 204-6180 o al e-mail: bautista46@hotmail.com

El Licenciado Roberto Bautista López ejerce su profesión en Tijuana, B.C.


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