‘El Machero’
J. Jesús Blancornelas
Le decían “El Machero”. No se me olvida. Chaparro, molacho, delgaducho y correoso. Moreno tirando a prieto. Sombrerito apaleado y pantalón de pechera. Más desarrapado que sucio. Siempre pegadito a la enorme reja de la penitenciaría en San Luis Potosí. Tan ancha y alta como para entrar un tráiler y le sobraba. Nunca supe si tenía permiso o se lo ganó. Pero todos los que íbamos domingo o jueves “hacíamos cola”. Le decíamos el nombre del preso. Soltaba el grito: “Juaaaaaan Péeeeeez a laaa reja con todo y chivas”. Otro fulano a medias de la crujía repetía el berrido. Y así resonaba como eco hasta el fondo. El encarcelado se apersonaba lueguito. Y uno le daba 5 ó 10 centavos a “El Machero”. 20 ya era mucho. Entonces el policía abría la reja y uno entraba con el entabicado. Nunca los demás presos eran maloras con las visitas. Aquello parecía día de campo. Todos al patio central. Nada más faltaba zacate, mantel y cerveza. Por acá el encarcelado cargando al recién nacido que no vio cuando aterrizó la cigüeña. Otro muy pegadito a su joven novia o esposa. Uno más allá jugando entre los escuincles. La “bolita” de amigos. Parecían formar un horno con tanto fumar. Y olores mezclándose: Enchiladas o quesadillas. Nopalitos. Chorizo o chile serrano. Carnitas de puerco. Frijoliza. Tortilla quemadita o empezándose a enfriar. Ya pardeando la tarde nos despedíamos. Saliendo y de pasadita fisgoneábamos la celda donde estuvo Francisco I. Madero. Intacta. Año del ‘47. Acompañaba a un amigo de mi barrio. Su padre estaba allí por defenderse de un pendenciero. Le atacó ya de noche cuando iba camino a su casa. Traía un puñal. Pero se lo quitó para encajárselo y mandarlo al hospital. La famosa legítima defensa no valió. Es que no tenía billetes para buen defensor. Por eso se pasó casi un año embartolinado. Hasta cuando cierto juez se apiadó y vio su problema entre el “bonche” de expedientes.
Un domingo llegamos para sorprendernos. Después del trámite obligado con “El Machero” el policía nos revisó. Mi amigo llevaba comida en una bolsa de ixtle. Y nada más cruzamos la reja nos esculcaron. Nada de gritería como siempre. Ahora puro silencio. Llegando al patio nos ordenaron. “¡Pegados a la pared!... ¡Allí siéntense!”. Y al centro los gendarmes armados con sus rifles 30-30. Viéndonos, malencarados. El padre de mi amigo nos dijo quedito y casi en secreto: “Es que se escapó un camarada”. Admirados, escuchamos. “Fue hace ocho días. Por eso el jueves suspendieron la visita”. Luego nos platicó. “Su vieja le trajo de comer como siempre”. Pero empezó por llevarle enaguas de percal. Las utilizó como mantel envolviendo los tacos para no maliciarla. Otra vez entró con y salió sin rebozo ni delantal. Después sus zapatos de tacón bajito los cambió por huaraches adentro. A la otra visita sin que le preguntaran dijo al policía: “Le traigo medias a mi esposo”. Popotillo negro. Según eso tenía reumas y la celda estaba muy húmeda. También una blusa. Por eso llevaba dos canastas. Y nadie se dio cuenta cómo al terminar la visita nada más salió con una.
Cuando llegó el domingo la mujer fue de entrada por salida. “El Machero” anunció: “Se acabooooo la visita”. Amigos y familiares de reos traspasamos la gigantesca reja. Luego el enorme patio adoquinado. Oficinas y comandancia a la izquierda. Pasamos dos enormes bardas de cantera. Callejón de seguridad en medio. Y salimos a la Avenida Juárez. Seguramente el hombre vestido de mujer iba cerca de nosotros. Enaguas, blusa, rebozo, delantal, zapatos tacón bajito y canasta. Ya en la calle quién sabe para dónde agarró. Nosotros cruzamos banqueta y ancho camellón. A la parada del camión de pasajeros. Línea “Centro-Guadalupe”, llamada así por la cercanía de la iglesia donde alguna vez ofició don Miguel Hidalgo y Costilla.
Entonces yo ni los periódicos veía. Pero llegando a la casa conté a mis padres cuando merendamos. Y me explicaron cuanto habían leído en “El Heraldo”. Lo recordé años luego al saber de algo parecido en Tijuana. Luego me impresionó a fines de los setentas aquella audacia del mafioso cubano Alberto Sicilia Falcón cavando un túnel para fugarse. Fue imitado en muchas partes. El ´94 vi la película de Tim Robbins. “The Swank Redemption”. Personifica a un contador. Encarcelado por equivocación. Y con gran paciencia y un martillito miniatura logra durante meses un hoyanco desde su cuchitril para fugarse. Los guardias ni cuenta se dieron porque lo tapaba gran póster de Rita Hayward, en su inolvidable película “Gilda”.
Inteligencia, paciencia, inventiva y discreción eran ingredientes de aquellas fugas reales o imaginarias. Entonces los guardianes ni se vendían con los prisioneros y los traían a raya. Cuidado con ser descubiertos en alguna maldad. Entonces iban derechito al “El Hoyo” o “La tumba”, como llaman a la celda de castigo. Así le pasó al francés Henry Charrieré “Papillón”. Por quererse fugar. Encerrado sin ver el sol en años. Hasta cuando logró escapar. 1976. Tanteó el oleaje pegando sobre el acantilado. Se lanzó trepándose a bolsas llenas de cocos. Flotó en el mar hasta parar en una isla. Fue como salió de la Guyana Francesa. Aparte de escribir un libro, muy vendido, la fuga fue un drama peliculesco famoso. Steve McQuenn lo interpretó muy bien.
 |
Otra fuga dramática fue la de Joaquín Loera Guzmán “El Chapo”. Puente Grande, Jalisco, 2001. Lo sacaron en un carrito de ropa sucia. Ya tenía Volkswagen a la puerta. Comprado en abonos. El hijo al volante. Y desapareció. Malamente les echaron la culpa a muchos custodios. Fue para sacarse la espina. Pero todo se debió a su decisión y el consejo de un compadecido “canchanchán” de la prisión. El mismo que le llevaba desde alimentos hasta damas, o transportaba recados para o fuera de prisión. Ahora ni se molestan los prisioneros en pensulear cómo escaparse. Tampoco sufren arañando paredes. O disfrazarse de mujer. Nada de eso. Hoy es más fácil. Les pagan a los custodios y sus jefes una miseria. Si fuera realidad la “Aventurera” de Agustín Lara, sacaba más vendiendo caro su amor. Por eso los señores salen por la puerta principal del penal. Auto a la puerta. Avión cercano o casona en zona de pudientes. Ahora sí. Prisionero no sale del penal nada más porque no quiere. De cualquier prisión se evaporan. Al rato quién quite y lo hagan en “La Palma”.
Son tantas escapatorias que el gobierno de Fox no sabe qué hacer. Alguien de sus yunqueros tuvo la ocurrencia: Crear la Fuerza Federal Penitenciaria. Es pura vacilada. Golpe al aire. Sólo demuestran: La Federal Preventiva es inservible. Ni para vigilarlos adentro o perseguirlos afuera. Cómplices de mafiosos o asesinos. Ahora son tantas policías que se hacen bolas. Más fácil para sobornar. Recuerdo a los desvergonzados custodios de “La Palma”. Servían como esclavos. Les retiraron luego del escandalazo. Suplidos por “especializados”. Cierta ocasión llevaron a un tamaulipeco. Rápido se puso a las órdenes del líder golfero Osiel Cárdenas. Le obedeció y fue a darle santa golpiza a Benjamín Arellano. Por eso no dudo: La famosa Federal Penitenciaria dará sus tropezones. Un informante de “La Palma” me contó: “No es aventurado si escribes que ya debe haber gente de la mafia en esa nueva policía”. Pero escuché a un experto: el problema de las fugas no se acaba con nuevos guardias. Sólo terminarán cambiando los procesos. Son gran negocio de abogados defensores. Los alargan para evitar sentencias.
Y mientras, cada mafioso hace lo que quiere. Y en cuanto puedan y quieran se escaparán. Nada más falta “El Machero” para anunciar su salida.
Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas”, propiedad del autor Jesús Blancornelas.
|