Politizados
Adela Navarro Bello
Todo lo que sucede en Baja California en estos momentos, parece tener un tinte político. O al menos ésa es la percepción que existe. Y ése es el principal problema de tener tantas elecciones en el estado. En un periodo de seis años de gobierno, en cuatro hay elecciones, lo cual significa que el Gobernador tiene realmente, dos años para gobernar sin presiones, sin tintes electoreros y por puro espíritu de servicio.
Este hecho sin embargo (el de las muchas elecciones) no fue suficiente para que los diputados locales, los del PAN pues, se quitaran las vestiduras del compromiso de partido e hicieran un cambio real para los bajacalifornianos.
Las reformas no incluyeron un empate de elecciones porque no le conviene al partido. No porque deba haber una legislatura de dos años (de cinco como propuso el PRI ni al caso), sino porque con una elección para Presidente, son los ánimos nacionales los que determinarían los locales.
Total, la reforma de empatar las elecciones se sigue quedando en el tintero hasta que un partido que tenga mayoría considere qué es lo que más le conviene. Porque una cosa es segura, el interés de los ciudadanos no es el determinante para la aprobación de algo, lo que sea, en el Congreso del Estado.
Pero bueno, con tanta elección, las acciones de políticos, partidos, funcionarios y gobiernos, generalmente están encaminadas a ser parte de una campaña con presupuesto oficial para llevar votos a su partido y su candidatura muy particular.
De otra manera no se explica que los funcionarios del PAN se vistan de azul y los funcionarios del PRI lo hagan de rojo. Ahí tiene usted por ejemplo a Jorge Ramos, el director de la Comisión de Servicios Públicos de Tijuana, que desde la campaña para la alcaldía que perdió en 2004, no se ha quitado las camisas esas azul deslavado que lo hacen ver más insípido de lo que es físicamente. O sea de tez clara, pelo cano y camisa azul deslavado se pierde en la muchedumbre, pero él cree muy dentro de su estrategia que ése es el sello con el que va a ganar (no recuerda que con esa vestimenta perdió).
Y luego Jorge Hank, que igual desde la campaña de 2004 trae un asqueroso y mantecosito chaleco de piel rojo que ya se para solo. Seguramente tiene muchos y para diferentes niveles de obesidad, pero no se lo quitó para pedir el voto, no se lo quita en su fracasado intento por hacer gobierno y ahora no se lo quitará en la candidatura que en la ilegalidad y las lagunas jurídicas obtendrá.
Los dos sujetos suponen trabajar mucho, salen todos los días en los periódicos, anuncian obras, medidas, tarjetas, rifas (el PRI rifó camionetas por votos, Ramos rifa casas pagadas por la CESPT a cambio de votos futuros), todo lo hacen en el tenor de la próxima elección.
Pero así es el sistema de Baja California, las obras de Elorduy, éste y el próximo año serán electoreras, lo mismo que las de Joaquín Sandoval en Tecate y Samuel Ramos en Mexicali, o César Mancillas en Ensenada y Antonio Macías en Rosarito. Cada uno de los cinco alcaldes trabajará en los próximos meses para beneficio de sus respectivos partidos. De paso a lo mejor ayudan a la ciudadanía, aunque ése no sea el fin de sus obras.
Lo peor a lo que estamos llegando es que el tema de la inseguridad se está politizando. Ya no es importante las necesidades de supervivencia de la sociedad bajacaliforniana, sino qué corporación policíaca puede hacer ver mal a otra corporación policíaca. Si no hay coordinación de Policías en el estado, no es porque no haya una necesidad de ello, sino porque coordinarse entre policías de diferentes gobiernos que a su vez corresponden a diferentes partidos políticos, sería tanto como aceptarse los unos a los otros.
Las autoridades estatales del PAN no se coordinarán con las autoridades municipales del PRI, o viceversa, porque significaría un espaldarazo y lo que en estos momentos quieren es hacer quedar mal al otro para que el próximo año no voten por la opción contraria los ciudadanos.
Si unos policías municipales son detenidos por robar a unos ladrones, la policía estatal manda un boletín diciendo que ellos detuvieron a tantos delincuentes. Si un policía estatal es ejecutado, los policías municipales son cómplices.
Y ahí se la llevan, destacando cada uno las carencias del otro, en lugar de buscar juntos los logros. De aquí hasta todo 2007, cualquier tema en Baja California, será politizado.
Lamentablemente, la inseguridad también.
Ayuda.
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