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Faroleros

Adela Navarro Bello

Felipe Calderón debe querer mucho a Jalisco.

No hay que ignorar el hecho de que fue en esa tierra donde el hoy Presidente de la República se destapó como candidato, por gracia y obra del entonces Gobernador, Francisco Ramírez Acuña.

Aquella temprana asunción como abanderado del PAN a la grande, le costó entonces a Calderón el cargo que ostentaba como Secretario de Energía. Vicente Fox lo reprimió y lo castigó. Pretendió hacer lo mismo con el Gobernador jalisciense, pero éste no se dejó.

Salió más bravo que bonito.

También fueron los votos de Jalisco, los que el cinco de julio de 2006, le sumaron al triunfo del candidato Calderón.

Jalisco es, pues, para el Mandatario Nacional, un territorio importante, y en consecuencia también los son los panistas que en esa tierra tuvieron su cuna en el servicio social.

Aun cuando evidentemente hay otros factores por considerar, los anteriores motivos son parte importante para que dos ex gobernadores de Jalisco integren el gabinete de Calderón.

Y no en cualquier Secretaría.

Francisco Ramírez Acuña, Gobernador con licencia, de hecho, es el principal colaborador del Gobierno que finalizará en 2012. A cargo de la Secretaría de Gobernación, las apuestas se basan en razón del tiempo que durará en la posición, considerando su poca disposición al diálogo, su carácter un tanto intransigente y su necedad. También cuenta el nivel de información que maneja y que no teme utilizarla para el desprestigio de sus detractores.

El otro ex Gobernador en el gabinete es el legendario “Bebeto”, Alberto Cárdenas Jiménez, en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación.

Desafortunadamente para los mexicanos, lo más resaltable de Cárdenas Jiménez, son sus frases. Inolvidable aquella cuando le preguntaron si pediría licencia a la gubernatura de Jalisco y respondió orondo: “Nuncamente he pensado en abdicar”.

O cuando siendo Secretario del Medio Ambiente, mandó talar los árboles que le estorbaban la vista en su residencia en la “Perla Tapatía”. Su actuación en la política ha sido más de bufón que de profesional. Estiman los analistas que se quedará donde está por puro conformismo.

Bien, el caso es que Jalisco es un Estado importante para el Presidente de México, y los panistas jaliscienses deben sentirse halagados de que haya considerado dos plazas en su gabinete principal para dar espacio a la representación tapatía pero, ¿qué pasó con los bajacalifornianos?

Faroleros. Así se comportaron. Como unos viles faroleros.

Fuera de las honrosas excepciones en materia de comunicación, análisis de política y una Subsecretaría en el CISEN, no hay cargos relevantes para ex gobernadores o acaso uno que otro panista que se decía “cercano” a Felipe Calderón.

Nuestro ex Gobernador más célebre, Ernesto Ruffo Appel, apoyó en la interna del PAN a Santiago Creel, y aun cuando con un sentido de institucionalidad recompuso sus cariños políticos y apoyó a Calderón, no logró ubicarse (aunque diga que no quiera) en los primeros sitios de los nombramientos del gabinete.

El Gobernador, Eugenio Elorduy, ni se diga. También se fue por la línea foxista. Por eso, a pesar que fue mencionado en evidente faroleo, como integrante del equipo calderonista, se quedó como Ruffo, sin nada de nada.

Los panistas de menores vuelos, que farolearon hasta el cansancio la cercanía con el Mandatario Nacional, tampoco escucharon sus apellidos en los nombramientos, ya no digamos de primer nivel, ni siquiera de segundo.
Ahora pues, los azules bajacalifornianos se pelean por las delegaciones federales para quedarse con su huesito y su coto de poder, aunque sea local.

Es un hecho: el faroleo panista en Baja California, no dio buenos resultados.


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