El ejemplo de Don Jesús Blancornelas
Héctor Ramón González Cuellar
Don Jesús Blancornelas fue reconocido por la creciente comunidad de lectores interesados en conocer –desde su perspectiva– la realidad en la región fronteriza. La idea permanente fue y es entender el por qué y el fondo de los acontecimientos, que se encadenan al cuerpo de la República y del mundo. Hechos y tendencias que revelan las grandes contradicciones y tensiones sociales.
Reconocido por su trayectoria por prácticamente todas las instituciones locales, nacionales e internacionales de carácter político y profesionales de la información, fue paradójico que los actores locales pretendieran aislarlo, atacarlo y minimizarlo. Incluso sectores de poderes fácticos tocados y denunciados llegaron al extremo, con la complicidad de las autoridades estatales priístas y luego panistas, de acabar a sangre y fuego las plumas más reveladoras de Héctor Félix Miranda, Don Jesús y Francisco Ortiz Franco. Ese valor, ese jugarse la vida en una investigación que descubría la colusión hampa-autoridades no se ha valorado lo suficiente desde aquí. Ha sido necesario que desde otras partes del mundo se rescate ese oficio social esencial.
Se cometía la aberración de alabarlo por un lado, pero por otro de recibir cuatro atentados donde siempre salían a relucir los espacios que el gobernador en turno y su procurador les diseñaban a los sicarios de los cárteles internacionales que operan en la franja fronteriza.
En lo personal le rindo un merecido homenaje porque nos enseñó a defender nuestra posición, nuestra verdad, los argumentos sustentados en evidencias públicas, con su práctica de vida a los ciudadanos y a quien colabora en estas páginas.
Pero uno de los méritos mayores a reconocer en un perfil como Blancornelas y otros periodistas cuya decisión de vida les costó el empleo, el escaso patrimonio, la tranquilidad, la vida o la marginación de los medios.
Hoy Calderón y su burocracia neofascista que retrocede a la Edad Media y a la Santa Inquisición, pretende callar a voces objetivas independientes como Carmen Aristegui, Gutiérrez Vivó y Ricardo Rocha recientemente. El valor y decisión moral singular de Don Jesús y muchos más, fue hacerlo en una época en que la sociedad, con la tecnología de las telecomunicaciones que debería servir para liberarnos de grandes taras y vicios, además de educar, se le trata como a un rebaño conducido por perros muy bravos, con mucho diente y adiestrados en callar la crítica con eco de credibilidad, por ser y estar fundada en la calidad profesional.
Un importante sector de la sociedad que indistintamente de clases sociales ha sido gradualmente alimentada de una cultura de la frustración, la agresividad, el odio y la explosión de la cólera hecha amenaza y luego represión a quienes piensan de otra manera. Se han construido sectores de la población invadidos en los mecanismos de su pensamiento, para ser amansados y dominados por la mentira de la propaganda empresarial y oficial. Sectores de la sociedad ganados por la estupidez y desinteligencia perversa de la autoridad federal a través de su aceitado y moderno tinglado de control. La estrategia ha sido inyectar a un costo de miles de millones de pesos con cargo al erario, medias verdades, el ataque venenoso pagado con embutes, ponzoña agresiva dirigida con cálculo preciso a los enemigos del status quo.
Observamos en los medios cómo se descompone, se tuerce de una manera grotesca, en un tiempo donde un sector (el más descollante y observado) de comunicadores, periodistas y analistas (o vil y llanamente lectores de noticias) ejercen vergonzosamente el oficio por pedido, teclean la máquina o el teclado por un sueldo y privilegios que poco o nada tienen que ver con la realidad del país, del drama de abandono que viven los ciudadanos del campo y la ciudad, sin objetividad, con los hechos, con la imparcialidad y menos con la ética y lejano a sus convicciones.
En una sociedad que vive los días y las horas con un profundo inconsciente e inmanejable miedo, por la inestabilidad económica, el desempleo, la lucha sorda de clases, la discriminación ideológica, de género, de grupo étnico y ahora agravada por el desplome del Estado neoliberal para brindar seguridad mínima a las familias.
Desde antes de 1982 con la entrada de los Salinas al poder, se subastó, vendió y remató el aparato del Estado a los particulares ineptos y voraces: educación, salud, finanzas, telecomunicaciones, la “energía de las conciencias” y también los aparatos policíacos y el sistema de (in)justicia a los empresarios formales y del poderoso sector del hampa que se confuten o se protegen desde el gobierno y los partidos.
Sobrevivir en un medio informativo donde se debe alinear al grupo político y económico dominante… No es cosa fácil escribir su propia opinión, sin venderse, rentarse o prestarse sacar adelante un semanario en medio de amenazas. El costo es una lista de cuatro atentados, hasta ahora. Es una tarea donde Blancornelas tenía las armas de la escuela de la realidad.
Esa experiencia y talento le desarrolló la mente, la actitud y el ojo atento, la fina observación a partir del instinto como pulsión primaria indispensable. Logró concretar una herramienta fina con muchos caminos para la búsqueda de los hechos ciertos y su organización en la fotografía amplia que nos entregaba en cada número del semanario.
Alguna vez, allá por los ochenta, cuando sin más condiciones que entregar a tiempo y en una cuartilla los textos siempre respetados, abrió siempre las puertas de un espacio de libertad, propuesta y perspectiva propia, comentaba una idea que revela su sencillez y modestia: “En tierra de ciegos el tuerto es rey”.
Héctor Ramón González Cuellar es profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Tijuana.
Correo electrónico: hrgcuellar9@hotmail.com
|