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Pasado, presente y futuro de lluvias y sequías en BC

Entender los fenómenos de las lluvias y las sequías en Baja California es de extrema importancia, pues nuestra región tiene una alta variabilidad climática y puede haber años con mucha lluvia, mientras que durante otros puede escasear e incluso prolongarse por varios años.

Dr. Sergio Reyes Coca, CICESE
Oc. Ricardo Troncoso Gaytán, CRIP-INP-SAGARPA
Especial para ZETA

Durante los últimos años la sociedad y gobierno de Baja California empezaron a poner atención a la importancia de mantener un sano equilibrio en nuestros recursos de agua.  Fue quizás durante la prolongada sequía de 1988-1989, en que las lluvias disminuyeron drásticamente y los acuíferos de la región costera del Pacífico sufrieron una fuerte intrusión salina, cuando los distintos usuarios y la sociedad civil empezamos a reconocer la gran importancia que tiene el agua en nuestro Estado. En esos años era común ver animales muertos a lo largo de las carreteras y pastizales secos y/o quemados, pozos sobre-explotados y salinizados. Había frecuentes reuniones de trabajo entre los usuarios del agua y las autoridades de gobierno. Era tanta la necesidad e interés por parte de las organizaciones de agricultores, ganaderos y de Gobierno (estatal y municipal) que hasta se invitaba a los centros de investigación y Universidades a participar para dar los detalles técnicos y científicos de la problemática de agua que se estaba viviendo en ese tiempo. Durante esas reuniones, los principales usuarios y autoridades juraban y perjuraban que si salían bien librados de esa sequía, nunca más sobre-explotarían el recurso, ni mucho menos se haría mal uso del mismo (contaminándolo, desperdiciándolo, etc.).

No pasaron muchos años, para que esas brillantes ideas y juramentos pasaran al olvido; ya que en 1992 y 1993, hubo abundantes lluvias (con inundaciones, pero que permitieron la recarga de los acuíferos) que le dieron un nuevo auge a la sobre-explotación del agua. Aunado a eso, se iniciaron algunas obras hidráulicas para tratar y reciclar el agua y se propusieron diferentes proyectos para transportar el agua del río Colorado a nuestra región. En otras palabras, las autoridades y la sociedad civil reconocíamos que: ‘tenemos problemas de agua, pero si la tratamos, reciclamos y además la canalizamos desde el río Colorado hasta Ensenada (pasando por Tecate, Tijuana y Rosarito) entonces se puede resolver ese problema y nuestro Estado (población, industria, comercio, turismo, agricultura, ganadería, etc.) podrá crecer a todo tren’.  

Por otra parte, algunos científicos y los ciudadanos conscientes nos preguntamos si esas acciones de gobierno son suficientes o si fenómenos como el ‘cambio climático, el crecimiento poblacional, la contaminación del suelo, agua y aire y otros, no serán mayores, y en un plazo relativamente corto estemos en una problemática del agua de desastrosas consecuencias.
En este trabajo nos concentramos en los procesos físicos que controlan las lluvias y las sequías en Baja California y presentamos algunos escenarios que han ocurrido en el pasado, lo que está ocurriendo en el presente y lo que podría ocurrir en el futuro cercano. En las conclusiones presentamos lo que se podría llamar “La sequía perfecta”, cuando las principales fuentes de agua se combinan para propiciar una drástica reducción del recurso en la región.

Como es bien conocido, los valles costeros de la vertiente del Pacífico del Estado de Baja California se abastecen principalmente de las lluvias en las sierras de Juárez y de San Pedro Mártir; mientras que los acuíferos en el valle de Mexicali y parcialmente la ciudad de Tijuana se abastecen principalmente de los escurrimientos del río Colorado. Se puede entonces decir, que el recurso del agua en nuestro Estado depende de dos fuentes: las lluvias y el río Colorado. En otras palabras, cuando se tienen abundantes lluvias y el río Colorado tiene excedentes y de buena calidad, los recursos de agua en Baja California son óptimos, ¿pero qué pasa cuando unos de esos recursos falla (sequía parcial)? O peor aún, ¿qué pasaría si esas dos fuentes de agua disminuyeran simultáneamente sus aportes de agua (una sequía perfecta)?

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Por un lado, las lluvias se observan principalmente durante los meses de invierno (noviembre-abril) y se originan de las tormentas extra-tropicales (latitudes medias) del océano Pacífico norte; aunque durante los meses de verano (mayo-octubre) también se pueden observar lluvias que se originan en el Golfo de California o en el Pacífico tropical, muchas veces derivadas de las tormentas tropicales y/o huracanes que se dan en esa región. En todo el estado, la lluvia de invierno es aproximadamente unas 10 veces mayor que la de verano y ésta se observa principalmente en la vertiente del Pacífico (Tijuana, Tecate, Rosarito y Ensenada), desde las sierras hacia los valles costeros, con un promedio invernal del orden de 250 mm, equivalentes a 2.5 km³ de agua anual (en un área de 100 X 100 km²). Mientras que del lado del Golfo de California y en el Valle de Mexicali llueve muy poco, con un promedio del orden de 20 mm, tanto para invierno como para verano.

Por otro lado, el río Colorado aporta un total anual del orden de 1.8 maf, que equivalen a un total aproximado de 2 km³ de agua. Además de las infiltraciones del canal ‘All American ‘, que aún no se conoce el volumen total de lo que pasa hacia México. Los escurrimientos del río Colorado son también dependientes de los factores climáticos en la región de las Rocallosas, por lo que a fin de cuentas el problema principal se puede interpretar en función de las lluvias tanto en los Estados Unidos (región suroeste) como en el norte de Baja California. Por lo que nuestros estudios se deben ampliar a esa región para saber que futuro tendrán ambas fuentes de agua.

En condiciones normales, el ciclo hidrológico nos indica que las entradas (fuentes) y salidas (consumo) del agua se encuentran en equilibrio en el sistema climático terrestre. Sin embargo, las condiciones normales sólo se darían en un sistema en el que el ser humano no esté presente, o en el caso de que éste no abusara de tal recurso. Como esto último no es posible (hasta el momento), entonces se hace muy importante entender todos los procesos naturales y antropogénicos que puedan afectar el ciclo hidrológico, pues de otra manera podríamos sufrir las consecuencias de nuestra falta de previsión y quedarnos sin agua para continuar con nuestras actividades socioeconómicas.

Variabilidad climática
Entender los fenómenos de las lluvias y las sequías en Baja California es de extrema importancia, pues nuestra región tiene una alta variabilidad climática y puede haber años con mucha lluvia, mientras que durante otros puede escasear e incluso prolongarse por varios años. Cualquiera de los dos extremos puede dar lugar a desastres, con severas inundaciones o sequías e incendios devastadores. Más aún, con el inminente cambio climático que ya se está haciendo notar en diversas partes del mundo y con el ilimitado crecimiento poblacional, nuestra región se hace más vulnerable pues cualquier pequeño cambio en los recursos hidráulicos podría ser de grandes consecuencias en nuestras actividades y economía.

¿Cómo han variado las lluvias y las sequías en el pasado?
En Baja California se tiene el registro de las lluvias en la ciudad de Ensenada desde 1895 hasta el presente, con algunos años faltantes durante la revolución mexicana; sin embargo, gracias a la información de San Diego, CA, que tiene una climatología muy similar, hemos podido completar 110 años de datos con los cuales se puede hacer una buena cronología de los eventos de lluvias y sequías de mayor importancia en nuestra región. En la figura 1 se presenta la serie de tiempo de valores de la anomalía de lluvia invernal (noviembre-abril) en la ciudad de Ensenada; en ella se pueden observar muchas cosas interesantes respecto a las lluvias y sequías que nos han afectado a lo largo de este periodo.


Fig.1. Valores de la anomalía de la lluvia invernal en la ciudad de Ensenada, B.C. El valor cero equivale al promedio de 254 mm; de tal manera que por ejemplo en el invierno de 1977-78 la anomalía de 350 equivale a una lluvia total de 350 + 254 = 604 mm. Poco más del doble de lo que en promedio llueve en Ensenada. Las líneas delgadas horizontales representan los valores a los que se han observado extremos (línea superior: desastrosas inundaciones; línea inferior: severas sequías).

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Entre las características más interesantes, podemos notar las siguientes:

  1. La variabilidad interanual (es decir la variación entre valores anuales) es muy alta. Así por ejemplo, puede haber inviernos muy lluviosos (e.g. 1905-06, 1942-43, 1977-78, 1982-83, 1997-98) donde se observan lluvias casi el doble del valor promedio y en que se ocasionan grandes y devastadoras inundaciones. Mientras que durante otros inviernos, la falta de lluvia  puede ocasionar severas sequías que pueden durar varios años (1904-05, 1921-22, 1953-54, 1970-71, 1983-84, 1988-89, 2001-02) donde las lluvias son del orden de la mitad del promedio.
  2. La variabilidad interdecenal  (es decir la variación entre periodos de 10 o más años) también es muy importante. Así por ejemplo, durante los periodos de 1906 a mediados de los 40’s, y de 1976 a 1997 se observaron abundantes lluvias, mientras que de finales de los 40’s a 1976 y de 1998 a la fecha (2006) se han padecido varios años seguidos de escasas lluvias.
  3. Los períodos de abundantes lluvias o severas sequías han coincidido con importantes acciones de parte de la sociedad civil y del gobierno. Así por ejemplo, después de las inundaciones de 1905/06 en los valles Imperial y de Mexicali, el Gobierno de EU decidió iniciar la construcción de diversas presas para controlar el caudal del río Colorado. Las sequías de la década de los 60’s, sirvió para construir la presa Abelardo Rodríguez y tener control del río Tijuana y la construcción del acueducto del río Colorado para ayudar con la grave demanda de agua en la ciudad de Tijuana, etc.
  4. La decisión del gobierno de EUA de revestir el canal ‘All American’ obedece (además de cuestiones políticas) a la sequía que se ha observando en los estados de California y Arizona y que ciertamente incrementa la dependencia en el río Colorado de toda esta región México-Americana.

Teleconexiones Globales
Para poder saber por qué las lluvias en Baja California tienen esos patrones de variación, es necesario primero conocer cómo funciona el sistema climático terrestre. Las variaciones del clima que más nos importan son de escala multi-anual (interanual e interdecenal) y como se sabe son principalmente los procesos y fenómenos oceánico-atmosféricos que se originan en el gigantesco océano Pacífico, los que tienen la mayor influencia. Sin embargo, se debe siempre tener en cuenta que deben existir complejas e importantes relaciones entre el océano Pacífico con otros océanos y el “estado” o condiciones prevalecientes en el resto del mundo. Entonces la pregunta es: ¿cuáles son las “teleconexiones” que enlazan la variabilidad de las lluvias y sequías en Baja California con fenómenos de escala planetaria, tales como: El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) y la Oscilación Decenal del Pacífico (ODP)? Es importante considerar también otros fenómenos geofísicos, aunque no se conozcan con exactitud las secuencias causa-efecto, como las erupciones volcánicas e incluso fenómenos extraterrestres, como las variaciones que se pueden dar en el viento solar, la radiación cósmica, etc. Todo esto se debe tomar en cuenta para entender el tristemente célebre ‘efecto de invernadero’ que, como se reconoce y acepta cada día más, está acrecentando la temperatura global y que necesariamente tendrá un impacto considerable en el clima global y en el ciclo de las lluvias y sequías en nuestra región y en otras partes del mundo.

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La variabilidad a escala interanual está asociada a diferentes fenómenos geofísicos (como las esporádicas erupciones volcánicas de 1963, 1982, y 1991, durante las cuales se inyectó a la atmósfera una gran cantidad de ácidos sulfúricos y diversos aerosoles que incrementaron el efecto de invernadero, pero también bloquearon la radiación solar), y a fenómenos oceanográfico-meteorológicos (como los irregulares eventos del llamado ciclo ENOS y la ODP), los cuales cambian las características de distribución de la temperatura superficial del océano Pacífico en varios grados centígrados, con consecuencias climáticas globales. Actualmente se reconoce que existe una relación bien definida entre el fenómeno de ENOS y la precipitación en el Estado de Baja California. Ahora nos es claro que, cuando ocurre un evento cálido del ciclo ENOS (conocido como 'El Niño'), se observan precipitaciones por arriba del normal en nuestro Estado. Si El Niño es muy fuerte, como durante los años 1982-83 y 1997-98, la precipitación de invierno (noviembre-abril) es muy abundante. Por el contrario, cuando ocurre un evento frío del ciclo ENOS (conocido como 'La Niña'), la precipitación de invierno tiende a reducirse, como fue el caso durante los inviernos de 1988-89 y 1998-99, por ejemplo; esto ocurre debido a que el enorme giro semi-permanente de alta presión del Pacífico nororiental, se hace muy estable bloqueando el arribo de las tormentas extra-tropicales hacia la región mediterránea de Baja California, favoreciendo condiciones de sequía y de condiciones “Santana”. Por otro lado, durante eventos “El Niño”, el giro semi-permanente se debilita, permitiendo la entrada de los sistemas de tormentas extra-tropicales hacia la península y por lo tanto generando condiciones favorables a las lluvias y posibles inundaciones. (ver Fig.2a y 2b).

Fig.2a Valores de la anomalía de la presión atmosférica superficial promediada para los inviernos de 1948/49 a 1975/76, en que se observaron sequías en Baja California. Los colores amarillo-rojo indican condiciones de alta presión (favorables para sequías); mientras que los colores azul-violeta indican condiciones de baja presión (favorables para lluvias abundantes).

Fig.2b. Igual que la Fig.2a, sólo que para el promedio de los inviernos de 1977/78 a  1997/98 en que se observaron condiciones de abundantes lluvias en la región de Baja California.

Por otro lado, la variabilidad interdecenal está asociada a fenómenos de gran escala, como la lenta circulación termohalina de los océanos y a sus oscilaciones, particularmente a la Oscilación Decenal del Pacífico (ODP). La ODP se caracteriza, en su fase negativa (F-) por anomalías de temperatura del mar por arriba del normal (condiciones cálidas) en el Pacífico Norasiático y anomalías por abajo del normal (condiciones frías) en el Pacífico Noramericano. Lo inverso es válido para la fase positiva (F+) de la ODP. Cuando la ODP está en su fase positiva y coincide con eventos cálidos de ‘El Niño’, se pueden tener abundantes precipitaciones (por ejemplo 1982/83, 1997/98) o cuando es marcadamente negativa (y coincidente con eventos ‘La Niña’), las lluvias son muy escasas (por ejemplo 1975/76, 2001/02) (Ver Fig.3).

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Fig.3 Series de tiempo anual de las anomalías en el índice de la Oscilación Decenal del Pacífico (ODP), el Índice de la Oscilación del Sur (IOS) y las lluvias en Ensenada (ENS). Nótese la coincidencia entre los periodos de principios de los 40’s a fines de los 70’s con la fase negativa de la ODP y frecuentes eventos fríos de La Niña y prolongadas sequías en Ensenada; mientras que durante el periodo de 1977 a 1998 la ODP mostró una fase positiva, coincidente con frecuentes e intensos eventos cálidos de El Niño y abundantes lluvias en Ensenada. En la figura, F+ (F-) indica condiciones de fase positiva (negativa) de la ODP. Ver texto para un mayor detalle.

El cambio climático
Hoy en día la población se hace continuamente las siguientes preguntas: ¿acaso está cambiando el clima? A esto respondemos: por supuesto que el clima está cambiando, ¿pero que no siempre ha estado cambiando?, entonces ¿de qué nos sorprendemos? Claramente el clima que vivieron nuestros abuelos es diferente al que tenemos en la actualidad. Sin embargo, una pregunta más difícil de contestar, y hasta cierto punto más importante es: ¿acaso el clima se está haciendo mas variable?, o en otras palabras, ¿la variabilidad climática que estamos observando es diferente a la que vivieron nuestros padres y abuelos hace, digamos, unos 30 años?

El problema de conocer las causas del cambio del clima, particularmente aquellas debidas al efecto del calentamiento global derivado del acrecentado efecto de invernadero, observado en las últimas décadas (Ver Fig.4) y de las expectativas que se tienen para los próximos años como consecuencia de esto, ha despertado gran interés, no sólo entre los científicos y expertos, sino también en gran parte de la sociedad y gobiernos de todo el mundo. Hoy más que nunca, parece evidente que cualquier variación en las condiciones climáticas locales, se asocie inmediatamente a importantes fenómenos tales como: el derretimiento de los hielos polares, el aumento en el nivel medio del mar, el aumento en el número e intensidad de los huracanes, tornados y tormentas, ondas de calor, así como en la frecuencia y amplitud de las sequías, con sus consecuentes impactos como inundaciones, desabasto de agua potable, incendios, etc. Todo ello puede derivar fácilmente en desastres, con graves pérdidas de vidas humanas y millonarios costos económicos.

Fig.4. Comportamiento de la anomalía de la temperatura global del aire en el último milenio. Nótese el considerable aumento, del orden de 0.5° C observado sólo en el siglo XX.

Esto lo podemos constatar con los ejemplos sucedidos durante los pasados años en diferentes partes del mundo: la onda cálida que azotó a Europa el verano del 2003, durante el cual murieron miles de personas (principalmente ancianos y niños) por las altas temperaturas, incendios y calores extremos, fue un caso único que nadie esperaba. Norteamérica y México no han sido la excepción, primeramente con las abundantes y continuas lluvias asociadas al monzón de verano de Norteamérica provenientes del Golfo de México y del Atlántico tropical, con el desborde de ríos, presas y las consecuentes inundaciones de poblados enteros en diferentes regiones del centro del País y los estados de la vertiente del Atlántico mexicano. Posteriormente con el impacto de los huracanes Ignacio y Marty en la región del Pacífico mexicano y Golfo de California, afectando los estados de Baja California Sur, Nayarit, Sinaloa y Sonora principalmente, para finalmente acabar con los devastadores incendios en el sur de California y norte de Baja California, en el otoño de 2003 y los huracanes devastadores de 2004 en el Golfo de México (Katrina, Stan, etc.). Esto ha resultado en centenas de muertes y miles de millones de pesos y dólares en pérdidas económicas. Estos fenómenos, por supuesto, no son nuevos, pero parece ser que cada año que pasa, éstos se hacen más frecuentes e intensos y por consiguiente, su impacto en la población se hace más severo y cada vez es mayor el número de afectados y de pérdidas económicas.

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Al comparar con diferentes datos paleográficos que reflejan la historia climática de la tierra de cientos a miles de años, (anillos de árboles, núcleos de hielo, capas de corales) se puede ver que, cambios similares al actual, del orden de 0.5° C, ya se habían presentado en el pasado, pero en lapsos de tiempo muy grandes, del orden de varios siglos o milenios, mientras que el cambio actual ha ocurrido en menos de un siglo (ver Fig.4). Con estos resultados, algunos expertos concluyeron que se estaba presentando un cambio global del clima, probablemente debido a la influencia del hombre, pues la población mundial se ha estado incrementado aceleradamente desde el siglo XX y con ella el uso (y el abuso) de los distintos recursos naturales (agua, suelo, petróleo, bosques, minerales, peces, paisajes, etc.) todo lo cual está llevando a que nuestro medio ambiente (tierra, océanos, atmósfera) se contaminen con distintos subproductos industriales. Esto podría causar, entre otras cosas, que cambie el balance de energía calorífica en nuestro planeta, favoreciendo que la temperatura global aumente, con su cauda de consecuencias y que los fenómenos meteorológicos (tormentas, huracanes, tornados, vientos Santana, etc.) y climáticos (ODP, El Niño, La Niña, el monzón, sequías, circulación termohalina, etc.) se atenúen o se hagan más frecuentes e intensos según el caso, además de que puedan ocurrir eventos meteorológicos en zonas donde no se habían presentado con anterioridad, al menos hasta donde la memoria humana alcanza.

En el siguiente cuadro (Fig.5) presentamos un diagrama conceptual de dichas causas incluyendo los mecanismos que están en juego para generar un posible cambio global del clima, tanto en escala de varias décadas (e.g. el fenómeno de 'La Oscilación Decenal del Pacífico'), como para variaciones climáticas de pocos años (e.g. El fenómeno de El Niño / Oscilación del Sur).

Fig.5 Diagrama conceptual de las causas y mecanismos que dan lugar al cambio y fluctuaciones del clima en las escalas de años a décadas. Dentro de las causas naturales se encuentran las externas (radiación solar, manchas solares, campo magnético solar, rayos cósmicos galácticos) y las internas (interacción entre los océanos, tierra, hielo, atmósfera y biosfera, la circulación natural de los océanos y la atmósfera, el efecto de invernadero, erupciones volcánicas, etc.). Dentro de las causas antropogénicas se encuentran el incremento de CO2, CH4, y otros gases de invernadero que pueden detener la radiación térmica terrestre; la desaparición de bosques y pastos naturales para ganadería y agricultura, lo cual aumenta la erosión y polvos en la atmósfera; la disminución de la capa de ozono por la contaminación de CFC's, entre otros.

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Posibles escenarios  del cambio climático
De acuerdo a diferentes escenarios propuestos por la comunidad científica internacional, el incremento en la temperatura global podría impactar el clima mundial de la siguiente forma:

  1. Se incrementaría la evaporación en la superficie terrestre y por consecuencia la pérdida de humedad del suelo, haciéndolo más árido;
  2. Se favorecería un incremento en la energía interna de la atmósfera y océanos, por lo que podría incrementarse el número e intensidad de las tormentas tropicales y extra-tropicales, así como los diversos fenómenos meteorológicos y climáticos;
  3. Conforme la energía interna del sistema terrestre se incrementa, también se podría incrementar la intensidad de la variabilidad climática, de tal manera que se podrían tener mayores inundaciones cuando se tengan eventos cálidos de ‘El Niño’ y más severas sequías durante los eventos fríos de ‘La Niña’;
  4. El incremento en la temperatura podría conducir a una mayor inestabilidad en el sistema global, pudiéndose generar ‘saltos’ climáticos; es decir, que se observen condiciones muy diferentes de un periodo a otro (en escala interanual e inter-decenal);
  5. Se podría observar un consecuente incremento en la temperatura de los océanos, que estaría necesariamente asociado a una expansión volumétrica del agua de mar y a un mayor derretimiento de los hielos polares, lo que traería, como consecuencia, un incremento en el nivel medio del mar que, según los escenarios mas favorables, podría ser de unos 20 a 30 cm. para el año 2100. Por supuesto que se espera que este incremento sea paulatino y se vaya dando a una razón de aproximadamente 2-3 cm. por década.

Impactos en la temperatura y la lluvia de Baja California
Si continúa la misma tendencia en el aumento en la temperatura global (del orden de 1° C/100 años), el escenario de los impactos en Baja California podría ser el siguiente:

  1. La temperatura invernal promedio se incrementaría de 2 a 3 °C, mientras que en el verano se esperaría un incremento de 1 a 1.5° C. Es decir, se esperarían años más cálidos de lo que se ha observado en los últimos tiempos; esto tendría como efecto una mayor evapotranspiración de las plantas y pérdida de humedad del suelo, por lo que el agua del subsuelo estaría bajo una mayor tensión, particularmente en aquellos acuíferos que ya están sobre-explotados y en donde la intrusión salina es más intensa;
  2. La consecuente evaporación en los océanos globales, podría dar como consecuencia mayor nubosidad y mayor precipitación en una gran parte del mundo, pero no necesariamente en la región del noroeste de Baja California (y sur de California), pues al incrementarse la temperatura global podrían intensificarse otros procesos, como la circulación atmosférica, particularmente la celda de Hadley, que está asociada al centro de alta presión semi-permanente, ubicado al oeste de Baja California, el cual podría intensificarse y desplazarse más al norte, bloqueando a las tormentas extra tropicales de invierno, desviándolas hacia el norte de California y Canadá. Por el contrario, este mismo efecto favorecería durante el verano la entrada de humedad y lluvias tropicales en nuestra región. De manera que la consecuencia podría ser una disminución de las lluvias de invierno, pero un aumento en las lluvias de verano. Es decir nuestro clima se haría más tropical y menos mediterráneo.

Ahora bien, ¿qué expectativas se tienen para mediano y corto plazo en Baja California?

Escenario a mediano plazo 2000-2020
Hemos desarrollado en 1998 un modelo computacional que nos permitió ‘dibujar’ un escenario a mediano plazo (2000-2050) del comportamiento de la lluvia en Ensenada. En éste, se prevé un periodo de pocas lluvias desde 1999 hasta 2015, con máximas sequías durante 2002 a 2004 (ver Fig.6), por lo que creemos que ya hemos pasado la temporada de mínima precipitación. Sin embargo, seguimos aún bajo el dominio de un régimen decenal deficitario en cuanto a la precipitación se refiere.

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Fig.6. Escenario futuro de la anomalía de lluvia (precipitación pluvial) en Ensenada. La línea gruesa representa la desviación esperada del valor normal de 25 cm promedio anual. A partir del período 2000-2005 (en que se registró el valor mínimo de precipitación) se espera una recuperación hacia 2015, para empezar a tener lluvias por arriba del normal durante el periodo 2015-2040.

Si nuestro modelo sigue en lo cierto, entonces tendremos una buena probabilidad de que en los siguientes años haya una tendencia a la recuperación en la lluvia, para empezar un nuevo ciclo lluvioso a partir del 2015. Aún es muy prematuro decir que este escenario se cumplirá, pues hay muchos otros factores, ya mencionados, que podrían ‘desdibujar’ este escenario.

Escenario a corto plazo: invierno 2006-2007
Durante casi todo el año 2006, la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial se ha mantenido ligeramente por arriba de su valor normal, indicando que se está desarrollando un evento cálido de ‘El Niño’ para fin de este año. Por su parte, el índice de la Oscilación Decenal del Pacífico (ODP), ha registrado últimamente valores negativos, indicando que a largo plazo, probablemente continuará la tendencia de dominancia de la fase negativa de esta oscilación, aunque podría ser llevada a su fase positiva transitoriamente debido al efecto de “El Niño” en curso. Nuestras expectativas para la temporada 2006/07, se basan en la tendencia de mediano plazo de nuestro modelo y en los inviernos ocurridos en el pasado, análogos al esperado en este invierno. Estas consideraciones nos permiten concluir que, lo más probable para Baja California, sea un invierno relativamente frío (con temperaturas promedio por abajo del normal), con condiciones de lluvia ligeramente por arriba de la normal, particularmente durante los meses de enero-abril, 2007 (ver Fig.7), con la expectativa de algunos eventos de intensas lluvias, pero de corta duración, sin descartar, como siempre, puedan suceder inundaciones y deslaves en los puntos más vulnerables de nuestras ciudades y a lo largo de los principales cauces y arroyos.
 

Fig.7 Expectativas de lluvias por arriba del normal para este invierno de 2006-2007. La línea gruesa sugiere la forma en que se esperaría la lluvia para condiciones de un evento El Niño débil. Mientras que la línea delgada indica las expectativas en caso de un evento El Niño moderado. En cualquier caso, las expectativas de lluvia no son muchas, la principal diferencia es que en caso de que el evento sea moderado, las lluvias serán principalmente durante los meses de diciembre a marzo. Mientras que en el caso de un evento débil de El Niño, éstas podrían mostrar un período de sequía Interestacional de enero y febrero.

Conclusiones
En cualquier caso, como se ha dicho reiteradamente en múltiples comunicaciones (científicas y de divulgación), los previsibles problemas de abasto de agua para Baja California, no se resolverán con más lluvias, ni con las expectativas de suministro desde el río Colorado, ni con cambios climáticos favorables. La demanda de agua se incrementa aceleradamente, pues la población humana aumenta inexorable y geométricamente año con año, por lo que no es razonable esperar que las condiciones naturales de lluvia y su parcial acumulación a través de ciertas zonas de recarga en los acuíferos, con capacidad de almacenamiento claramente acotada y en ocasiones disminuida tanto la capacidad de almacenamiento como la de recarga por el uso inadecuado del suelo, satisfagan esa demanda futura.

De lo que se ha presentado es posible dibujar un escenario de ‘sequía perfecta’ en un caso en que tanto en la cordillera de las Rocallosas como en las de Baja California las lluvias disminuyeran drásticamente. Si a esto se sumara una decisión política del gobierno de los Estados Unidos de América de modificar el tratado de agua del Colorado (pues los estados de California y Arizona también estarían sedientos), entonces no hay duda que Baja California sufriría las consecuencias de la falta de agua y que las consecuencias podrían ser catastróficas.

A largo plazo, no hay más solución que optar por otros medios y alternativas viables. Para ello se requiere la creación y fortalecimiento de una amplia infraestructura humana, física y socio-económica, que permita a los bajacalifornianos enfrentar el problema de suministro suficiente de agua en las décadas por venir. La disyuntiva es simple: ‘Empezamos a atacar el problema del agua en este momento’ (es decir desde ayer) o ‘El problema del agua nos atacará en un futuro cercano’.


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