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Estrategias

Adela Navarro Bello

A los gobiernos federal, estatal y municipal en Tijuana les están sobrando estrategias y les faltan resultados.

El Presidente Felipe Calderón Hinojosa, considerando que el problema más sensible para los mexicanos es la inseguridad, dedicó los primeros actos de impacto de su gobierno a declarar una lucha al crimen organizado.

Lo hizo de la manera más fácil a su inmediato alcance. Concentrar a las fuerzas policíacas federales, a las militares, y enviarlas a los puntos más álgidos en la República Mexicana, para acallar la voz ciudadana que desde los últimos años de Fox clamaba por la intervención militar ante la ineficiencia de autoridades estatales y municipales.

Al estado 29 le correspondió la concentración militar la primera semana de enero. Pero al igual que en otras entidades, la estrategia de poco o nada ha servido para aminorar los alcances de la mafia en detrimento de la ciudadanía.

La estrategia pues, del aparato policíaco de Calderón no ha dado los resultados deseados. Evidentemente no los que buscaba la propia presidencia, mucho menos los que requiere la ciudadanía.

Iniciar con órdenes hacia la movilización masiva de elementos de la fuerza pública, sin un respaldo de inteligencia militar o investigación judicial, es prácticamente un recurso perdido.

Pero evidentemente, la urgencia del Presidente era y sigue siendo, legitimar un gobierno que asumió en medio del enfrentamiento político, la duda y la oposición de casi un tercio de los electores participantes en la elección.

De ahí la estrategia de iniciar con una mano dura, y nada mejor que la utilización de la fuerza pública en beneficio de la sociedad para demostrarlo.

En contraparte, la estrategia de los gobiernos locales es muy distante de la presidencial.

En el orden estatal, los hechos están prácticamente encaminados a la parálisis en la procuración de justicia y la exhibición de las carencias y debilidades de la policía municipal, particularmente la de Tijuana.

La estrategia, errónea evidentemente, del Gobierno del Estado, podría más que favorecerle, perjudicarle en las próximas elecciones. Demostrar que una policía es peor que la otra, o que la que se encabeza es menos mala que la municipal, es tan desafortunado como frustrante para la mayoría de los ciudadanos que hartos, viven y respiran la inseguridad.

En el municipio de Tijuana es muy difícil determinar qué es lo que quieren y qué están haciendo. Ante la incapacidad para administrar los recursos públicos, materiales y humanos de la ciudad, en manos del Alcalde Jorge Hank, nada más no se le encuentra sentido y lógica a la situación.

Considerando que le interesa sobremanera ser candidato a gobernador, cualquiera supondría que se esmeraría en hacer un excelente papel y una magnífica gestión, sobre todo en la prevención de los delitos; pero no. Nada de eso. Cosa contraria, mientras la ciudad se estrangula entre retenes y filtros sin estrategia o inteligencia, en Palacio Municipal se prepara una cena de gala. La última dicen de la alcaldía de Hank.

Entre estas tres estrategias que los gobiernos federal, estatal y municipal emplean de facto para el combate a la inseguridad, quienes salen perdiendo son los ciudadanos.

El día que el Gobierno Federal comprenda que el origen de la estrategia de combate debe ser el de servir y no el de legitimar, la situación podrá cambiar. De igual manera en el estado deberían entender que con trabajo, acciones y resultados es suficiente para denostar a otro más allá de los dimes y diretes.

Y en el Ayuntamiento de Tijuana, sólo resta esperar que Jorge Hank se vaya para que empiecen a trabajar, ahora sí, por la ciudad.

El problema de México y sus gobernantes, es que siempre, en cada acción hay un motivo personal o político escondido. Y así, no se resuelve nada.


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