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Retroceso

Adela Navarro Bello

En tiempos de democracia, de afinación y revisión de los procedimientos electorales para dar certeza a los electores de la calidad, la cantidad y la apreciación legal de su voto, es muy vergonzoso que partidos políticos tomen como rasero electoral interno, procesos del pasado.

Las instancias electorales federales y estatales, tienen entre muchas de sus facultades, las de revisar y aprobar los estatutos internos de los partidos. La celebración de asambleas, la integración de mesas de tomas de decisión y la selección de los candidatos que habrán de contender en elecciones constitucionales.

México avanza cada vez más, hacia la certeza electoral como fortalecimiento de la novel democracia.

En estas condiciones, lo que ocurrió a oscuras, a puerta cerrada el miércoles 31 de enero en las instalaciones del salón del Sindicato Alba Roja, es uno de los actos más antidemocráticos y vergonzosos de los que se tenga cuenta en la política bajacaliforniana contemporánea.

Ahí con apenas unos 350 “delegados”, que no se sabe cómo los seleccionaron, para qué y cuándo, se eligió por “aclamación” a quienes serán los candidatos de la Alianza PRI-PVEM-PEBC para las elecciones locales de agosto de 2007.

En lugar de urnas transparentes para que los “delegados” votaran por la mejor opción, por la más convincente o ya de plano por la menos peor, hubo personas que hicieron las veces de aplausómetros.

Al más estilo de los caciques de hace varias decenas de años, se eligió a aquellos que lograron obtener un mayor número de aplausos, gritos y vítores. Nadie se fijo si los gritos eran de placer o de dolor, de entusiasmo o pagados. Regalados o comprados. Pero sí fueron suficientes para que en un acto surrealista del pasado, se erigiera Jorge Hank como el candidato a Gobernador de esta alianza tras el poder por el poder.

Es increíble, pero es cierto.

Habiendo hoy día tantísimos procedimientos transparentes, precisos, estadísticamente válidos, así como métodos de votación con papeletas, electrónicos y hasta de voz y voto, y el PRI se fue por la vía del dedazo disfrazado de la forma más vulgar: “Aclamación”.

El propio instituto político tricolor emprende actualmente una campaña para elegir a quien será su Dirigente Nacional, donde cinco personas visitan a los consejeros electorales, les presentan su proyecto de dirección de partido, y en una semanas se enfrentarán a una elección interna.

Todo ese esfuerzo es para resarcir al partido con actos democráticos de las pifias realizadas en el pasado que sólo los llevaron a la derrota política electoral.

Pero en Baja California, la situación es diametralmente opuesta. Acá no hay elecciones, ni institución que impugne los métodos anquilosados y aberrantes del dedazo electoral. No se consulta a las bases, como tampoco se hace una estrategia de precampaña para seleccionar al mejor.

Acá la cosa es barata, burda y vergonzosa. Meter a poco más de trescientas personas, muchos de ellos funcionarios del actual gobierno en Tijuana, y otros acarreados de los mismos “candidatos” a regidores y diputados, para que todos, a la señal, aclamaran a alguien candidato.

¿Y la democracia? Bien gracias. Mientras haya quién pague actos vergonzosos como el del miércoles 31 de enero, la democracia puede esperar. El PRI se mueve una vez más en las prácticas que en el pasado lo llevaron a la derrota en Baja California.

Como que no aprenden. Están más acostumbrados a ser mandados que a escuchar la razón del voto individual, y así, las cosas no se respetan. Al menos no, en el ámbito de los procesos democráticos recientes en México.
Lo de la “aclamación” como método de selección es un franco retroceso.
¿Cómo la ve?


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