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El favorito
El Gobernador del Estado, don Eugenio Elorduy Walther, no tiene empacho en decírselo a quien se lo pregunte: Su gallo para la candidatura al Gobierno del Estado de Baja California, es José Guadalupe Osuna Millán. Así lo dice en comidas, cenas, reuniones entre amigos, conocidos, empresarios y otros actos sociales. En su justificación dice, más o menos, “hay que hacer el análisis de la personalidad y la calidad de la vida que se lleva”. Quién sabe qué intenta decirle a Kiko Vega con tal aseveración, pero tal parece que algo le sabe. Ahora sí que como en la escuela: Que nos platique a todos lo que anda secreteando.
Cartelito
A Enedina Arellano Félix, le están creciendo los enanos.
Jorge Briceño “El Cholo” se quiere independizar. Este lugarteniente y sicario que trabajó muy de la mano de Arturo Villarreal “El Nalgón”, hoy detenido en San Diego, California, está haciendo todo para salirse de la estructura del cártel de los hermanos Arellano Félix y trabajar por su cuenta. Para lo cual, dicen, cuenta con el apoyo de honorables agentes ministeriales y ciertos policías municipales que le sirven de tapaderas para no caer ante sus enemigos del crimen organizado, y menos en manos del Ejército Mexicano. Otro cartelito, pues.
ZONA NORTE
La operación “Castro Trenti” se ha activado de nueva cuenta.
Ahora que dará inicio, de manera oficial, la campaña priísta al gobierno del Estado de Baja California, uno de sus principales alquimistas electorales, Fernando Castro Trenti, regresará a Tijuana directo del Senado de la República en la Ciudad de México. Su destino: La zona norte de la ciudad, donde bares, prostíbulos, cantinas y restaurantes “vale todo”, necesitan de una sana convivencia con la autoridad municipal para sobrevivir. La idea es que como hace algún tiempo, Fernando Castro sea la liga entre aquellos que necesitan del poder y los que quieren el poder. El único punto en común: El dinero que unos tienen y que otros se gastarán en proselitismo. Así cómo, pues.
Nuevo residente
Tijuana tiene el honor de contar con un nuevo residente en la ciudad. El señor Kurt Honold, poblador del condado de San Diego, instaura su residencia legal de este lado de la frontera. Obligado, más que por gusto, Honold debe vivir, como una mínima atención, en la ciudad que encabezará a través de la Presidencia Municipal, cargo que ostentará a partir del 19 de febrero cuando a eso de las seis de la tarde, le tomen posesión en el Cabildo de Tijuana, luego de otorgar licencia indefinida al Alcalde electo, Jorge Hank, para que busque al más estilo chapulinesco, otra posición política. Bienvenido a la ciudad, señor Alcalde suplente.
Chanchullo
En su informe de gobierno en vivo e impreso, y en comerciales que se trasmitieron por televisión y radio, el todavía alcalde de Tijuana, Jorge Hank, aseguró que en sus dos años de gobierno compró tres patrullas por semana, sin embargo no le salen las sumas.
De acuerdo a las cuentas alegres del alcalde, invirtió 46 millones de pesos en compra de patrullas entre 2004 y 2006, con ese recurso adquirió 284 autos policíacos, los que divididos en 96 semanas dan un total de 2.9 patrullas.
Aquí el problema es que ni Pitágoras, ni los textos que documentan los Presupuestos de Egresos de 2005 y 2006 del ayuntamiento de Tijuana coinciden con Hank.
Conforme a los documentos oficiales de la tesorería municipal, al XVIII Ayuntamiento de Tijuana, en 2005 se presupuestaron 25.4 millones, y para 2006 otros 26, sin embargo el 31 de octubre del año pasado, por mayoría priísta, ese dinero fue retirado del presupuesto y reasignado a otras áreas, quedando un remante en 778 mil pesos. Así que de acuerdo a los papeles, sólo pudo invertir 26.1 millones en ese rubro durante los dos años.
La primera pregunta sería: ¿De dónde sacó el alcalde los otros 21 millones que dice que invirtió? La segunda: ¿Por qué no están registrados en el presupuesto? Y la tercera: ¿Cómo le hizo el edil para que las semanas de dos años sumaran 96 y no 106? Ahora sí que explique el chanchullo.
CUATRO POLICÍAS
De acuerdo a la Procuraduría General de la República (PGR), el 5 de mayo de 2006 el agente federal de investigaciones Gerardo Tagle, recibió una llamada telefónica en el número de la guardia. Eran las 11:45 de la noche. Una voz masculina denunció anónimamente a los supuestos asesinos del agente federal Eduardo Reyes Hernández, asesinado el 3 de mayo en el interior de las oficinas de la Unidad Mixta de Atención al Narcomenudeo (UMAN) ubicada en la colonia 70-76 en Tijuana. Mencionó los nombres de cuatro individuos, supuestamente todos policías municipales de Tijuana. Los acusados fueron: Rogelio Arredondo, ex jefe de la policía comercial, retirado de la corporación por un tema relacionado con corrupción y crimen organizado, delito que no le pudieron comprobar. Otro inculpado por la denuncia anónima fue “un tal Villegas”, así se lee en las declaraciones. A este policía nadie en la corporación municipal lo identifica. Los dos últimos señalados fueron dos policías activos. Uno, Enrique Galván, agente con ocho años en la corporación que se ha desempeñado cuidando los bares en la zona norte, fue escolta de Carlos Othal Namur (quien ya estuvo arraigado y liberado en una investigación de corrupción), laboró en Palacio Municipal, patrulló en la delegación La Mesa y fue escolta de Rogelio Arredondo. En su declaración ante el Ministerio Público Federal, informó que aquel 3 de mayo de 2006 estaba suspendido de sus labores por una investigación que sindicatura municipal llevó en su contra. Que no recuerda exactamente qué hizo ese día, porque han pasado ocho meses, pero que en ese tiempo trabajó con su esposa comprando ropa en Estados Unidos para venderla en Tijuana. Que se enteró del asesinato por la televisión y que no tiene nada que ocultar y nunca se ha visto involucrado en ningún hecho delictivo. El segundo en declarar y cuarto involucrado según la anónima llamada, fue el agente Jorge Pérez Avendaño; con tres años de servicio en los que se ha desempeñado como parte del Grupo Antigraffiti, la Policía Turística, escolta del Jefe de Coordinación, Jorge Tercero Ardua, y escolta del ex Director de Seguridad Pública, Genaro Carrillo Elvira. Cuando éste dejó la policía Pérez fue transferido a puntos fijos, nombramiento que por costumbre policíaca dan a los castigados o corruptos. Cuando asesinaron al agente federal Reyes Hernández, este municipal estaba en su día de descanso. Dijo que no recordaba qué hizo exactamente pero que su actividad normal era estar con sus cuatro hijos o sus padres. Negó tajantemente haber participado en el asesinato y agregó que siempre ha cumplido con su trabajo, que nunca ha sido suspendido ni arrestado y ha desempeñado sus funciones con “honradez, disciplina y respeto”. Han pasado más de 20 días de estas declaraciones y no se ha sabido más de la investigación.
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