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Ambicioso tour
Con su gira “Amar es Combatir”, Maná visitará alrededor de 70 ciudades a nivel mundial; sus dos presentaciones en San Diego estuvieron totalmente vendidas, y agradecieron a sus fans el apoyo después de una larga espera.
Juan Carlos Domínguez
Hay público para todo. Y el grupo Maná tiene uno muy fiel y numeroso. Casi cincuentón, el vocalista Fher sigue componiendo y entonando las mismas melodías melosas de adolescente dolido. Pareciera que no ha crecido. Y sus seguidores tampoco.
Cerca de 15 mil asistentes abarrotaron el auditorio ipayOne Center de San Diego. Tijuanenses treintañeros la mayoría. A las 8:30 de la noche, sobre la pantalla gigante detrás del escenario, se empezaron a proyectar imágenes de helicópteros sobrevolando la frontera, así como de individuos brincándose una malla. Así pues, con la postura panfletaria que ha caracterizado al grupo tapatío, dio inicio l primer concierto de la gira “Amar es Combatir”, que pisará 30 países.
Primero las siluetas de los músicos reflejándose sobre una delgada manta. Después la figura regordeta y rostro abotagado de Fher, ya en vivo y a todo color, prendieron la mecha de los asistentes, mientras se ponían de pie para ya no sentarse por el resto de la noche, en las dos horas y media que duró el concierto.
Después de iniciar con el éxito “Déjame Entrar”, el vocalista saludó a San Diego, luego a Tijuana, y dijo: “… hace tantas lunas, tantos años que no nos veíamos… ¡Ya los extrañábamos un chingooo!”.
“Dame una Señal” y “Labios Compartidos”, dos de los temas de lanzamiento de su último disco, el noveno (aunque es difícil distinguirlos unos de otros), continuaron con el arranque del espectáculo. Con “Combatiente”, el baterista Alex -tan querido como Fher- dejó sus batacas para emprender un baile muy amanerado, pero erótico a ojos de sus fans.
“La siguiente canción se la dedico a una persona que está muy lejos de aquí, pero le está creciendo en el vientre un sol…”, anunció Fher para referirse a su mujer embarazada e interpretar “Bendita tu Luz”. Mientras Sergio, hincado, le tocaba la guitarra acústica. Abajo un impaciente, y seguramente nostálgico tipo, gritó “¡Échale Vampiro!”, en alusión al grito que se volvió popular dentro de una vieja canción de Maná.
“Vamos a ver qué tal cantan ésta”, invitó el vocalista a la gente, y ésta, apenas al reconocer “Vivir sin Aire”, soltaron la primera ovación muy fuerte de la noche y cantaron el tema completo con la mirada perdida, hombres y mujeres por igual.
“Falta Amor”, tema de su segundo disco, fue enmarcado con un video de animación. Y otra vez Fher volvía a dar rienda suelta a su postura panfletaria: “Dedicada a todos los niños que pululan por las ciudades de Latinoamérica…”. Terminó la canción y sobre la pantalla aparecieron enunciados como “Nuestro poder está creciendo más rápido que nuestra sabiduría…”, el público leyó y se quedó en silencio, igual como que no entendían la frase del todo. Luego, ya reaccionaron, hasta que reconocen los primeros acordes del tema “¿Dónde Jugarán los Niños?”. Para ello, los músicos aparecieron con túnicas negras y máscaras blancas fantasmales. Quién sabe qué querían decir. Terminando, aparecieron grandes columnas de fuego de verdad.
Y llegó el momento de Alex con su recordada canción “Me Vale”, gracias a la cual no se ha borrado de la mente de sus seguidores, aunque no sea él el vocalista, y ni cante. Tras quince años de haberla grabado, la sigue cantando con muchas ganas.
Pero con Alex precisamente, llegaría el que fue el momento más espectacular del concierto. Y esto dicho sin ironía. Porque eso sí, el susodicho es un excelente baterista, y lo demostró con creces. Se aventó un “solo” de batería por diez minutos, haciendo todo tipo de piruetas y malabares. Incluso parado arriba del banco, y empinado. Parecía que nunca iba a terminar. Como en un afán de dignificarse y demostrar que toda su trascendencia radica en aquella canción de rebeldito sin causa (“Me Vale”), más asombroso resultó aún, cuando sobre una plataforma circular que giraba, siguió tocando mientras luces láser le disparaban desde todos los ángulos. Lo dicho: El público enloqueció.
Pasada la euforia, Fher regresó al escenario -con cambio de ropa- y preguntó a la concurrencia qué tan fieles eran las mujeres hoy en día. Finalmente, dijo que se han invertido los papeles: los hombres son más buenos, y las mujeres las más infieles. Ello para empezar a interpretar “Mariposa Traicionera” y hacer derroche de “poesía”: “… soy ratón de tu ratonera…”.
En la pantalla revoloteaban maripositas de todos colores, mientras que Fher despotricaba contra la protagonista de su canción, gritando en plan gracioso: “… ¡ay! pinche mariposita, y le sigues…”, “… te mandamos a la chingada, mariposita…”.
El repertorio siguió con el cover a la canción de Juan Gabriel “Se me Olvidó Otra Vez”, luego “Perdido en un Barco”, con nuevos arreglos tipo cha cha chá, mezclada con “La Bamba”; la clásica de José Alfredo Jiménez, “El Rey”, que pasó por todos los matices (porque hasta eso, malos músicos no son los de Maná): ranchera, rock, reggae, heavy metal, pop. “¡¿Ya se calentaron ahora sí?!”, preguntó Fher a sus fans, a sabiendas de que calientes ya habían llegado.
Y fue precisamente Verónica, una fan tijuanense alborotada, la afortunada que fue invitada a subir al escenario para compartir con Maná el momento más romántico de la noche. En dos sillones, brindando con vino tinto, con Fher en la voz y Sergio en la guitarra, le interpretaron al oído toda una serenata: “Eres mi Religión”, “Te Lloré un Río”, “Relojito Cucú”, “Cachito” y “Ella”.
Intempestivamente apareció una cascada que cubrió todo el frente del escenario, con agua real que no dejaba de fluir. Fher cantaba “No ha Parado de Llover” y “El Muelle de San Blas”, con la que la gente se conmovió aún más. Con el impresionante escenario y toda la parafernalia de por medio, el vocalista fue presentando a sus compañeros uno por uno -así cómo a músicos invitados- mientras se colocaban en una especie de plataforma que se hundía, y en la que los integrantes desaparecían, literalmente, tragados por el suelo.
Poco habría de durar el adiós. A petición del público, Maná reapareció para interpretar otros temas imprescindibles -para sus seguidores-: “Clavado en un Bar” y “Rayando el Sol”.
De esta manera, marcó el arranque de esta gira mundial, después de cuatro años de no pisar la región. Con el lema que la agrupación tapatía pregona en su página de Internet: “Reinventarse… renovarse o morir”, pero de renovación no hay nada. Y de muerte, tampoco. El público no los deja, así quieren a Maná, igualito que siempre. Escuchándoles lo mismo. Sin complicaciones.
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