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Sin alboroto

Sin mucho ruido. El jueves 1 de marzo por la tarde, primero los agentes aduanales y luego los profesionales del ramo, fueron enterados:

La Aduana de Tijuana tiene nuevo Administrador. Se llama Eduardo Antonio Argote Michel y viene de Matamoros. Ocupará el lugar de José Márquez Padilla, quien fue administrador de la Aduana de Tijuana durante tres años y tres meses. La administración de Márquez Padilla, fue motivo de publicaciones periodísticas por bloquear, por cuestiones más burocráticas que de voluntad, donaciones provenientes de Norteamérica.

También fue motivo de controversia cuando hace poco menos de un mes, autoridades estatales detuvieron al subadministrador de la Aduana, Alejandro Díaz Mundo, después de ser acusado por el delito de ejercicio indebido de la función pública e internado al Centro de Readaptación Social La Mesa. 


Policía vengador

Uno más de los excesos: Un agente de la policía municipal de Tijuana entró a un domicilio particular para dispararle a un perro porque según él, el can había mordido a una señora. Los hechos fueron en un domicilio privado al interior de la conocida plaza Santa Cecilia el lunes 26 de febrero. Cerca de mediodía. En la nombrada “Zona Segura” el policía municipal tuvo el atrevimiento de irrumpir el domicilio del señor Roberto Fernández, de 76 años de edad, para abrir fuego contra un perro raza pastor alemán debido a que minutos antes había asustado a un transeúnte. La venganza del policía fue desenfundar y herir al canino en una pata, para después argumentar que el perro se encontraba fuera del domicilio, aun cuando el charco de sangre estaba visiblemente al interior del patio frontal de la casa. La reacción del señor Fernández, fue llevar el perro a atención médica en su propio vehículo. El veterinario le dijo que tendrían que operar al can, pero que probablemente perdería la pata herida. Ahí no terminó el teatro del gendarme. Luego que el señor Roberto Fernández regresara a su casa, se encontró con la sorpresa que el escándalo del policía vengador había aumentado: Llamó a otros agentes de la policía y no lo dejaban entrar a su propia casa. “Cortésmente” le pedían acompañarlo con el juez calificador ya que ellos iban a pagar todos los gastos por el incidente. Después de lograr entrar a su casa, el señor Fernández fue a presentar la denuncia correspondiente ante el ministerio público. Naturalmente, Roberto Fernández no aceptó la propuesta de los agentes malosos.


Estudiante preocupado

Hasta la redacción de ZETA llegó la petición de un joven. Él estudia en la Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas en Tijuana. Se dedica a lo suyo sin andar metido en problemas, lamentablemente característicos de su edad. Por eso no se siente bien cuando saliendo de la escuela, ve su vida o su seguridad amenazadas. Pidió un espacio al compañero Juan Carlos Domínguez, para hacer su denuncia. A continuación, las palabras de un joven estudiante preocupado:

“¿No es la escuela uno de los pocos lugares en los que te puedes sentir seguro? No lo sé, hoy salí de la escuela por la rampa y me fue gracioso el comentario de Pedro, sobre un compañero que fue asaltado hace pocos días, pues me pareció demasiado ABSURDO.

“Tres estudiantes de la secundaria Num.8 comenzaron a seguirnos, hasta alcanzarnos y casualmente pedirnos la hora, afortunadamente reaccioné rápido y supe lo que ocurría, comencé a tocar en una casa simulando que conocía a alguien, así los seudo estudiantes decidieron tomar su camino. Tomamos nuestro tiempo, y justo enfrente de la secundaria se sentaron, al vernos de nuevo optaron por alcanzarnos’.

“Sinceramente, no lo puedo creer, no sé qué decir, tal vez sólo falte poco para que entren al salón, y nos pidan dinero prestado con una pistola en la mano.

“Le informo que no ha sido el único caso. Varios compañeros ya han sido amenazados con pistola, afortunadamente nosotros corrimos hacia una caseta de guardias en la secundaria Núm. 1 y se alejaron definitivamente, sin embargo quedamos perplejos de lo que ocurrió.

“…No sólo en la calle, en la noche o en el Centro nos afecta la delincuencia, sino que a pleno día y en nuestras escuelas. Me encuentro muy consciente que en cualquier punto de la ciudad hay problemas de esta índole, y sólo pretendo que las personas se enteren, como ya lo mencioné antes, para poder tomar precauciones”.

Hasta ahí la misiva de este estudiante, que contrario a lo que políticos, funcionarios y policías quieren aparentar, es víctima de la inseguridad cotidiana.


GOLONDRINAS

El sábado 23 de febrero hubo reunión en la Dirección de Policía y Tránsito Municipal la cual fue amenizada por un trío musical callejero que tocó las golondrinas.

La intención fue despedir del cargo a Juan Manuel Arias como jefe del Distrito de Playas de Tijuana y suplir a dos mandos policíacos asesinados, Arturo Rivas Vaca como jefe operativo y a Héctor Gaxiola como subjefe en Sánchez Taboada.

Al mismo tiempo la música debió funcionar como advertencia a los entrantes para que supieran lo inestable de su nombramiento si no responden a las expectativas de “calidad y productividad”.

Los que llegaron fueron Rigoberto Rodríguez a Sánchez Taboada; Ernesto Zúñiga a Playas; y René Miranda a las oficinas centrales, este último había sido remitido a puntos fijos por el ex director Francisco Castro, lugar al que enviaban a las personas a las que no les tenían confianza, sin embargo a la llegada del secretario Javier Algorri lo nombraron jefe del Operativo Zona Segura.

Lo curioso: el trío musical llegó a las instalaciones de la calle ocho porque los encontraron mientras cantaban por dinero a un grupo de jóvenes que borrachos agredieron a policías. Los músicos fueron liberados sin cargos. Después de tocar las golondrinas, claro. Y de gorra.


Insólito

Hace unos días, policías municipales iniciaron una persecución. Fue a un auto que cometió alguna infracción de tránsito o de plano les pareció sospechoso. Los agentes le indicaron el alto pero no obedeció.

Al contrario, aumentó la velocidad y se encaminó a las vías rápidas de la ciudad. Policías y perseguidos le apretaron al acelerador, hasta que los civiles se estamparon allá por el Hospital de Especialidades del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Los agentes llegaron justo después del encontronazo entre vehículo huidizo y obstáculo urbano. Sacaron a empellones al piloto y comenzaron a golpearlo. Se dieron vuelo ante el atarantado automovilista. Le atizaron duro. Pero fueron interrumpidos por unos testigos de la persecución, choque y golpiza al indefenso. Les dijeron a los municipales que el vehículo chocado se estaba incendiando.

Adentro venía otro hombre, el copiloto, que empezaba a adolecer del fuego. Los municipales voltearon a ver el vehículo en llamas, dijeron “¡Que se queme!” y siguieron golpeando al hombre.

Los testigos no podían creer la actitud tan insensible de los policías que están para proteger y servir. Fueron ellos quienes hablaron a los Bomberos, que llegaron, apagaron el fuego y rescataron al pasajero con quemaduras en el cuerpo. De no ser por los testigos, el hombre estaría muerto. Los policías, como si nada. Terminaron de golpear al otro.


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