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J. Jesús Blancornelas

El disimulo

Como que escogieron la fecha: Amaneciendo Día de Muertos. Perversos y montoneros. Llegaron en parvada. Unos con el tufo de borracho y otros palo en mano como “Los Halcones”. Bajaron de tres autobuses. Desaforados. Parecían posesionados gritando. Delirantes. En marabunta. Así asaltaron nuestro periódico ABC. Se metieron buscando a quién atacar. Unos llevaban bolsas de supermercado con botellas de licor para romperlas en la redacción. Simular que fuimos nosotros los consumidores y acusarnos de alcoholizados. Así fue como en 1977 “estalló” su huelga el Sindicato de Terraceros de la CTM (Confederación de Trabajadores de México). ni modo de pedir auxilio. Policías municipales en patrullas y a pie rodearon la cuadra para facilitar el asalto. Algunos de la Judicial estaban listos para detenernos “por si nos acusaban”. Hasta llevaron a la Cruz Roja. Esperaban heridos. Gracias a Dios todos salimos del edificio antes de la embestida. Alguien tuvo la ocurrencia: Que un compañero fuera a las cercanías del búnker cetemista. Allí estuvo buen rato. Reportó cómo iban formándose hordas blindadas por gendarmería. Hasta cuando nos avisó por teléfono: “¡A’i van!” Unos querían quedarse a defender el periódico. Pero la decisión fue salirnos. Tanteamos que si venían en bola querrían pleito. Y como eran muchos comparados con nosotros, seguro saldríamos perdiendo. Y no fue mentira. Al llegar se subieron a la azotea y prosiguieron pateando a reporteros de The San Diego Union. Naturalmente, los de Tijuana no se aparecieron. Estaban plegados también a las órdenes del Gobierno.

La mayoría no quería huelga. Pero estalló porque la Junta de Conciliación estaba a las órdenes del Gobernador y CTM. También todas las policías. Ni de dónde agarrarnos. Le hicimos frente legalmente al conflicto y salimos adelante. Pero trampearon con un emplazamiento de terraceros. No tenían nada que ver con el periódico. Pero el chiste era fregarnos y lo hicieron. Nos sorprendieron. Una semana antes programaron el asalto y llamamos a los lectores. Día y noche estuvieron cientos a la puerta y se frenó el ataque. Pero después cayeron de sorpresa y no tuvimos auxilio popular. Carlos Monsiváis se apareció después del desgarriate y atestiguó una “junta de accionistas” al aire libre. Presenció las machincuepas y cómo nos acusaron. Escribió para Proceso. Entendieron nuestra tragedia porque la vivieron en carne propia. Tres años los despojaron de Excélsior a punta de embustes. Allí el gobierno federal fue como en Tijuana el estatal: Líderes y funcionarios listos para el destrozo y desalojo. También socios traidores. La falsa huelga en ABC tuvo su motivo: Los señalamientos al Gobierno. Nepotismo, simbiosis con la prostitución, gastos exagerados para la familia, perdón a ricachos atrasados en el pago de millones de impuestos. Imposiciones políticas, frivolidades. José López Portillo era presidente. Cayó en el disimulo.

Ya en los ochentas se dejó venir una rachita de particulares y juniors contra la prensa. Jorge Hank Rhon, resaltó. Uno de sus pistoleros tiroteó de madrugada ventanas, puertas y balcón de ZETA. Cobarde. Luego guardaespaldas personales del hijo del profesor mataron por capricho a mi compañero Héctor Félix Miranda. Poco antes agentes judiciales fueron a comprar toda la edición semanal en los puestos. No les convenía el contenido. Descubrimos el amarre del gobierno con la mafia. Nombres y documentos. Después de tales canalladas, políticos y ricachos se aquietaron. Entonces se inquietó el narcotráfico. Ejecutaron a muchos periodistas en el país. Nos tocó y perdimos a dos compañeros: Luis Valero Elizaldi y Francisco J. Ortiz Franco. Descubrimos quién ordenó sus asesinatos y exhibimos fotos de los matones. Explicamos hasta la forma. Pero igual cuando la “huelga”, el tiroteo y boicot, los gobiernos del PRI y PAN parecían estar en el lado oscuro de la Luna. Eso sí, toda su maquinaria oficial nos jeringó.

Antes y después de ser presidente le propuse a Vicente Fox tipificar agravios y asesinatos de periodistas como delitos federales. Esperaba comprensión porque cuando fue gobernador y luego candidato escribía cada semana en ZETA. Pero como en la canción. Nomás me dijo que sí. No me dijo cuándo. Traté el caso con un senador del PAN, otro del PRI. Una diputada federal panista y hasta notable documento formal: Apoyados por la SIP, periodistas insistieron ante Fox. El presidente contestó “hago mía su proposición“. Pero está claro que no le interesó. Ni movió su dedo que le sirvió para resaltar “hoy… hoy… hoy”. Desilusionó hasta la desdicha. Así como hemos propuesto sacar de los estados la investigación de periodistas asesinados, igual las huelgas. Todo queda bajo control del gobierno local. Policía. Culpables. Junta de Conciliación. Líderes obreros. Gendarmiza municipal. No hay garantías. Vergüenza debió darles a los gobiernos de Fox y estatales que los reporteros decidieran no escribir de narcotráfico por falta de garantías. Sonora. Tamaulipas, parcialmente Baja California y Sinaloa. Allí está el triste episodio de Noticias en Oaxaca. Calcomanía de Excélsior y ABC. En los tres casos gobernantes utilizando líderes o cayendo en el disimulo para destroncar periódicos. Y periodistas sin tener a dónde acudir para defenderse legalmente. Es triste la actitud del Gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz. Cae en lo burlesco. Con sonrisa que ni los mafiosos lucen llamó prácticamente tontos a los periodistas más destacados de este país. “Se dejaron engañar” por dueños y reporteros de Noticias, dijo. Como si fueran bebitos. Lástima. Si como dijo y aseguró que estos compañeros no tuvieron razón, debió demostrarlo. Acabar con el problema. Instruir a Conciliación. Estampar punto final en el conflicto. Se está volviendo chichón en su gobierno. Pero al contrario. Deja actuar a los grupos de choque. Igual como Excélsior. Idéntico al ABC.

En mi niñez no había tanto auto y por eso tampoco semáforos. Un policía colocaba recio banquillo de madera al centro del crucero callejero. Se trepaba. Si estaba de frente al automovilista significaba alto. De perfil, paso. Pero a uno se le ocurrió cierta ocasión: Vio venir a dos carros rumbo al crucero. Levantó el banquillo. Se refugió en un portón. Y el malora esperó hasta ver el choque. Así estuvo Fox. De espectador. Los asesinatos de periodistas siguen porque no se captura a los culpables. Todos sabemos quiénes fueron. Y las huelgas contra periódicos permanecen bajo dominio de gobernadores. Para que un diario opere la Secretaría de Gobernación debe emitir certificado de licitud a través de su Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas. Además el título necesita visto bueno de la Secretaría de Educación Pública. Y las empresas son causantes federales. Pagan hartas contribuciones. Sobre la renta, cuotas patronales del Seguro Social, INFONAVIT, y demás. Repartir utilidades. Todo por ley federal. Pero en los hechos no hay correspondencia del gobierno. Muy exigente para cobrar y demasiado disimulado para proteger.

Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas”, propiedad del autor Jesús Blancornelas.


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