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Bultos

Un promedio de mil personas son detenidas y remitidas diariamente a la Estancia Municipal de Infractores, conocida popularmente como la “rápida” por su ubicación a un costado de la Vía Rápida Poniente, en la colonia 20 de Noviembre.

El parte de novedades elaborado por la policía preventiva todos los días y que es enviado cotidianamente a las redacciones de los medios de comunicación, revela que cada 24 horas la famosa “rápida” es atiborrada con individuos que cometieron alguna infracción menor como es la violación al bando de policía.

Deambular por la vía pública sin oficio ni beneficio, dormir en alguno de los tantos parques de la ciudad, tener facha de malandrín, ser limpiaparabrisas o trabajador de alguna obra en construcción, es motivo suficiente para ser abordado por los gendarmes y subido a las camionetas habilitadas como patrullas.

Además de lo peligroso que resulta llevar a los detenidos en la caja de los pick up ante la posibilidad de un choque, las unidades son conducidas irresponsablemente a velocidades más allá de las permitidas y sin precaución alguna.

Violando los derechos humanos de los infractores al privarlos de su libertad, sólo por no contar con una identificación y tener mala facha, los detenidos son exhibidos ante la ciudadanía, que sorprendidos, atestiguan la forma en que son sometidos y hechos bola con el resto de los que ya van hacinados.

Es sabido que los jefes policíacos exigen a sus subordinados, a manera de cuota diaria, cierta cantidad de detenidos para medir la productividad de los agentes, como cualquier línea de producción de cierta maquiladora.
Esto obliga a los uniformados a detener a quien se le atraviese en el camino, y mal le va a quien por su vestimenta y aspecto, sea inmediatamente levantado para cumplir y ganarse el “bono” de productividad.

La mayoría de los remitidos a la Estancia Municipal de Infractores son reincidentes, pues muchos de ellos no cuentan con algún documento oficial que los identifique, y con el tiempo se han convertido en huéspedes permanentes de los pestilentes cuartos con rejas.

Hay casos en los que por su costumbre a ser detenidos, los reincidentes actúan de tal manera que por su propia voluntad, se suben a la caja de unidad policíaca al tenerla cerca, o cruzan sus brazos hacia atrás al ver que se aproximan los uniformados.

Mientras, en las calles andan sueltos los delincuentes que se meten a las casas a robar, los que a la vuelta de la esquina se reúnen para rayar las paredes con pintura de aerosol, los que a todas horas van a la casa de enfrente a comprar droga sintética, o aquellos que  ingiriendo bebidas alcohólicas, escandalizan con su sonidos de auto como si fuera competencia, dedicándose también a molestar a los jóvenes que salen de las escuelas.

Una percepción positiva tendría la ciudadanía sobre los policías municipales, si en lugar de cazar incautos en la vía pública a fin de llenar la “rápida”, se pusieran a reestablecer el orden en las colonias de Tijuana.  


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