La conservación de Sitios Misionales en B.C.
La directora del Centro INAH en Baja California, Julia Bendímez Patterson, hace una recapitulación de lo que ha sido la primera década de trabajos de restauración, investigación y mantenimiento de los misionales en el estado. “Para abril o para mayo” iniciarán formalmente las obras para preservar la Misión Santa María de los Ángeles.
Enrique Mendoza Hernández
Erosionadas por el clima desértico y por los enfadosos vientos de Santa Ana. Algunas hasta funcionaban como basureros. En el olvido se encontraron por casi 300 años. Esa era la suerte de las misiones a lo largo y ancho de Baja California. Jesuitas, dominicas y franciscanas: Suman 18 en el Estado 29.
Empezando cual colonización española, de sur a norte: Primero, muy cerca del Paralelo 29, pero del lado ensenadense, se encuentra la Misión Santa Gertrudis. Más arriba, San Borja y Calamajué. Santa María y San Fernando, hasta llegar a El Rosario. Todas muy alejadas de un parque industrial. Todas en comunión todavía con la fauna natural: Venados bura y borregos cimarrones, sin olvidar los pumas americanos y las abundantes víboras de cascabel; huilotas y codornices. Imposible no incluir la flora: Sahuaros, sirios, “huizapoles”, “choyas”, viznagas. Ubicadas en el municipio más grande del país: Ensenada.
Otras no están tan alejadas de la guarnición internacional; probablemente sean más familiares y continuando de sur a norte: San Pedro Mártir, Santo Domingo, San Vicente, Santo Tomás, y Santa Catarina. Otras están aquí, “tras lomita”: Guadalupe, San Miguel y El Descanso, entre Tijuana y Ensenada.
De adobe, algunas funcionan todavía como templo católico; otras, sólo parte de sus paredes quedan. Afortunadamente, desde hace 10 años el Centro INAH en Baja California se ha dado a la tarea de rescatar los sitios arqueológicos, a través del Programa de Conservación de Sitios Misionales. Pero para saber más del implemento arqueológico, primero hay que recapitular más sobre las misiones.
La historia de los sitios misionales
De acuerdo con información proporcionada por el Centro INAH en Baja California, un sitio misional es un asentamiento religioso, cuya finalidad era el de instalar una misión para evangelizar a los pobladores. En el lugar vivían los nativos y los misioneros, y generalmente la zona contaba con alas de dormitorios, bodegas, huerto, templo y, a veces, ejército y caballeriza. Entre misión y misión, se le conoce como corredor histórico. Asimismo, es una ruta a lo largo de la cual se han trasladado gente y bienes, dejando evidencia de que el medio ambiente ha sido modificado por el hombre; al fin y al cabo es un paisaje cultural lineal que se combina con la naturaleza.
Por ejemplo, en algunos sitios como Santa Gertrudis, San Francisco Borja, se encuentran antiguos huertos, acequias, aljibes y el propio camino original que recorrían los misioneros en las distintas etapas misionales.
Las misiones en la Península de Baja California empezaron a fundarse en San Bruno hacia el año 1683 en Baja California Sur, seguida por la misión “Madre de las Misiones de Las Californias”: Nuestra Señora de Loreto en 1697, realizada con cantera, misma que opera con toda regularidad como iglesia católica en dicho poblado.
Cabe recordar que a lo largo de las tres californias (Baja California Sur, Baja California y California, EU) existen 62 misiones que pertenecieron a tres órdenes religiosas: Jesuitas, dominicas y franciscanas. Las primeras en construirse fueron las de Baja California Sur, precisamente de sur a norte, tal como colonizaron los españoles. Los jesuitas lograron avanzar hasta Santa María de Los Ángeles, en Baja California, hacia el año 1767. Las misiones que se construyeron en nuestro estado fueron hechas de arquitectura de tierra (adobe).
En 1769, Fray Junípero Serra inició la construcción de la misión de San Fernando de Velicatá, con adobe de esa región; inmediatamente continuó su travesía a la Alta California para establecer misiones franciscanas en ese territorio, fundando, por ejemplo, la Misión de San Diego de Alcalá ese mismo año.
En el caso de Baja California, las misiones dominicas fueron establecidas en El Rosario, Santo Domingo, San Pedro Mártir, San Vicente Ferrer, Santa Catalina Virgen y Mártir, Santo Tomas de Aquino, Nuestra Señora de Guadalupe, San Miguel Arcángel y El Descanso de la Frontera; todas éstas construidas de adobe.
Después de casi 300 años de antigüedad, las misiones abandonadas a su desértica suerte fueron atendidas por el INAH; precisamente en este 2007 se cumplen 10 años de voltear hacia las misiones.
10 años de conservación
En cuanto al rescate de las misiones y en comparación a otros estados de la República, las siglas del INAH no tenían presencia en Baja California.
En la década de los 90, “habíamos realizado numerosos intentos para convencer a las autoridades de los tres niveles de diversas instituciones de la importancia del patrimonio misional del estado de Baja California”, dice Bendímez a este Semanario.
“Hasta 1996 fue casi nula la comprensión del pasado histórico de esta identidad por parte de algunas autoridades. Sobre todo en relación con estos edificios construidos con arquitectura de tierra (adobe) por las órdenes religiosas: Jesuitas, franciscanas y dominicas. Algunas personas, tal vez por la ignorancia, las consideraban montones de tierra, sin importancia”.
A partir del establecimiento del proyecto denominado Camino Real Misionero (CAREM) de las Californias en 1996, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) logró articular relaciones de trabajo para la conservación, restauración, investigación y mantenimiento de más de 10 de los 18 sitios misionales en Baja California.
Es importante apuntar que después de la creación del CAREM, “se inició la creación de alianzas entre instituciones del gobierno estadounidense, como son la Dirección de Parques y Recreación, la Asociación de Estudios de California y la Fundación de Misiones de California, así como con organismos gubernamentales.
“Todos estos se coordinan con el INAH-BC, Gobierno del Estado de Baja California y sus municipios, la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y organismos no gubernamentales como Unidos por Tijuana, Alianza para el Desarrollo Sustentable en las Comunidades Indígenas de Baja California y Corredor Histórico Camino Real de la Californias, A.C.”.
De esta forma, mediante convenio firmado con el Gobernador del Estado, Licenciado Héctor Terán Terán, y a través del Programa de Conservación de Sitios Misionales, en 1997 el INAH inició labores de rescate de diez sitios misionales de arquitectura de tierra (adobe) que se encontraban en un estado de deterioro muy avanzado, algunas veces como basureros. Las misiones de adobe intervenidas hasta la fecha son El Descanso, San Miguel Arcángel, Nuestra Señora de Guadalupe, Santo Domingo de La Frontera, San Vicente Ferrer, El Rosario de Abajo, El Rosario de Arriba, San Fernando Velicatá, San Francisco de Borja y Santa Gertrudis.
De 1997 a la fecha se ha invertido la cantidad de 7 millones 996 mil 314 pesos en estas misiones.
Es importante precisar que para llevar a cabo la conservación de los muros y paredes de éstas, se instauró una técnica que consiste en la aplicación de capas protectoras que se elaboran a partir de una mezcla de cal apagada, tierra, arena cernida, estiércol y baba de nopal.
“La mezcla es aplicada sobre los muros de adobe, creando una ´capa de sacrificio´, la cual se denomina así porque ante los agentes del medio ambiente, lo que se daña es esta cubierta y no los vestigios misionales”, señala el encargado del programa, Arquitecto Carlos Chávez.
Además de las misiones, a las cuales se les ha aplicado la técnica arqueológica, próximamente el Centro INAH en el estado iniciará en breve los trabajos de conservación de una misión más.
Para abril o para mayo
Aun con los pendientes presupuestales que aquejan al INAH a nivel nacional, el Instituto en Baja California tiene contempladas acciones de protección y, en un futuro inmediato, un proyecto arqueológico en los vestigios de la Misión Santa María de Los Ángeles.
De acuerdo con el Arquitecto Carlos Chávez, responsable del proyecto de Mantenimiento de Sitios Misionales del CINAH-BC, se llevarán a cabo algunos emergentes de consolidación y protección de dichos vestigios, dentro del proyecto denominado Mantenimiento Menor en los Sitios Misionales.
Se insertarán nuevos adobes en la base de los muros, utilizando el sistema constructivo tradicional, además de colocar los recubrimientos de arcilla, mejor conocidos como capas de sacrificio, sobre los muros aun existentes; de esta forma los vestigios quedarán protegidos, alargando su permanencia.
Este proceso ya se ha aplicado en el INAH-BC desde hace 10 años en algunos muros misionales, como los que se encuentran en San Miguel Arcángel de La Frontera, San Vicente Ferrer, Santo Domingo de La Frontera, El Rosario de Arriba, El Rosario de Abajo, San Fernando de Velicatá y San Francisco Borja.
La Misión Santa María de Los Ángeles se fundó en mayo de 1767 por los padres Victoriano Arnés y Juan José Díez. Se estima que la población indígena llegó a los 330 en 1768 y en 1771, a 523. Descubierta por el Padre Fernando Consag en 1746 y después explorada en 1764 y 1765 por el Padre Wenceslao Link, la misión se localiza a 138 kilómetros al noroeste de San Francisco Borja.
De acuerdo con la arqueóloga Bendímez, ésta fue la última de las misiones construida por la Compañía de Jesús en las Californias. Santa María de Los Ángeles fue ocupada por los franciscanos durante unos meses en 1768, pero quedó abandonada a favor del sitio de Velicatá, 67 kilómetros al noroeste y a corta distancia del Océano Pacífico.
Reducida a una visita de la Misión de San Francisco Borja, quedó abandonada permanentemente desde 1818.
Ubicadas sobre una meseta, a las ruinas les será aplicado el programa de conservación.
Por el momento, se han hecho ya los recorridos y trabajos de investigación. De acuerdo con Zahady Nolasco, del Departamento de Comunicación y Vinculación del INAH, y como dice la canción, “para abril o para mayo” empezarán las labores de conservación.
En el futuro…
Desafortunadamente, no se puede comparar el apoyo presupuestal que reciben las misiones de California, Estados Unidos, con las paupérrimas bondades del CONACULTA e INAH hacia el Centro INAH en Baja California: 7 millones 996 mil 314 pesos, aproximadamente, en 10 años, incluyendo los apoyos de otras instancias.
De hecho, la arqueóloga Julia Bendímez aseguró que la partida presupuestal 2007 para el INAH-BC aún no ha sido designada. Al preguntarle de qué manera considera que afectará al Centro INAH en Baja California la reducción del presupuesto en el INAH y CONACULTA, la arqueóloga argumentó la sustentabilidad del proyecto:
“La naturaleza del proyecto ha sido hacer sustentables los sitios misionales, incrementando la participación ciudadana. Por ello se fortalecerá la A. C. Corredor Camino Real Misionero y los comités comunitarios de cada uno de los sitios misionales.
“Esta parte cubierta por la sociedad civil, es de gran importancia, ya que cuando la unamos al recurso que utiliza el Instituto, en aspectos como lo son el mantenimiento especializado, la investigación y la publicación de materiales educativos, esto hará que todo se convierta en un modelo ejemplar, porque es un proyecto que motiva de manera permanente la protección del patrimonio cultural y natural que existe a lo largo de la traza misional, y por ende, su conservación”.
– De los 18 Sitios Misionales en BC se ha trabajado en 10, ¿qué planes hay a largo plazo para los 8 restantes?, preguntó el reportero la arqueóloga.
“A largo plazo, uno de los planes es mantenerlos como se encuentran, en el mejor estado posible, porque son en su mayoría vestigios de adobe. Se continuará haciendo investigación arqueológica e historiográfica y en algunos sitios esperamos construir un museo de sitio, o Sitio de Interpretación, como el que existe en la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte, donde se exhiben a la comunidad los objetos rescatados en cada sitio misional, más información complementaria sobre los trabajos realizados”.
Por último, a pesar de las situaciones presupuestales que aquejan a las instituciones culturales de manera evidente en la administración calderonista, Bendímez apuesta por el trabajo interinstitucional en el estado y del extranjero:
“Vamos a incrementar el número de investigadores a través de la formalización de convenios con instituciones educativas como la UABC, Universidad Iberoamericana y universidades extranjeras e iniciativa privada, lo que dará como producto materiales que servirán para el conocimiento y fortalecimiento del sentido de pertenencia a miles de jóvenes que habitan éste, uno de los estados más dinámicos en el país”.
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