Dobleplana
J. Jesús Blancornelas
Los gringos estaban enojados. No se aguantaban. Antes todo mundo respetaba su alambrada fronteriza y de repente ya estaba llena de hoyos. Por allí pasaban mexicanos día y noche. “Hacían cola” como si fueran entrando a un clásico “Chivas”-América o cierto concierto de Luis Miguel. Ni siquiera se escondían. Una simple zancada y dejaban Tijuana. Pisaban San Ysidro, California y de allí hasta Los Ángeles. A veces “escala técnica” en San Diego. Se trepaban al avión comercial y directo a Nueva York, San Francisco o cualquier ciudad de su preferencia. Llegaban por montones de Zacatecas o Michoacán. Jalisco y Nayarit. Oaxaca o Sinaloa. Guanajuato y Distrito Federal. Alcanzaron la frontera con hartas privaciones. Dejaron a sus jefecitos o a la doña esperando y más angustiados. Entonces en Estados Unidos andaban de plano desprevenidos. No podían detenerlos. Parecían pájaros empezando a volar luego de escuchar un disparo. Había pocos agentes de la Patrulla Fronteriza, la famosa “migra”, el Border Patrol. La oleada de indocumentados los barría.
Los gobernícolas de José López Portillo ni se daban cuenta qué pasaba en Tijuana. Por eso tanto desbarajuste. Pero el mandatario bajacaliforniano sí lo resintió. Amigo íntimo del Presidente le llamó telefónicamente. Alarmado explicó todo. Y contra la costumbre federal, veloz fue la respuesta. Nada de formar “una comisión especial para estudiar el fenómeno de migración ilegal”. López Portillo ordenó y Miguel Nazar Haro salió desde el Distrito Federal a Tijuana en avión especial. Aterrizó con su famosa brigada. Nada de reclamar ayuda, consejo u orientación a los policías locales. Me dio la impresión que ni siquiera investigaron. Se fueron derechito a donde ya sabían o les dijeron en México. Así quién sabe dónde y rapidito capturaron a veintenas de “enganchadores”, “coyotes” o “polleros”.
Allí los llevaron todos esposados y con la cabeza tapada. Rumbo al cuartel. Tendidos todos en el patio. Boca abajo. Dos agentes de Nazar corrieron por encima de ellos. Debieron crujirles rabadilla y costillas a los detenidos. Así les obligaron a decir dónde estaban más “enganchadores”. A los reporteros ni nos dejaron acercar. Tampoco abogados cuando iban a procurar la libertad. Todo capturado quedó incomunicado. Por eso los familiares menos pudieron verles. Y cuando ni lo esperábamos simplemente fuimos informados. “El señor Nazar y sus colaboradores se los llevaron a México en avión especial”.
Entonces desde la ciudad de México el gobierno lopezportillista anunció a los periódicos “nacionales”: Se frenó el paso ilegal a Estados Unidos por Tijuana. Fueron detenidos los “coyotes”. Hubo referencias sobre una “exitosa operación federal de investigadores especiales”. Aparecieron nombres de los capturados. Apuntaron cifras para demostrar que el cruce indebido bajó repentinamente.
Pero a las dos, tres semanas fueron liberados. Regresaron a Tijuana en vuelos comerciales. Nadie nos dimos cuenta. Hasta cuando empezó a saberse: Ya están “coyoteando” nuevamente. A ganar dinero fácil y mucho. Enseñar el camino para cruzar la frontera ilegalmente. Antes cobrar. Lo más curioso de todo esto: Nunca los “enganchadores” fueron molestados. Hasta presumieron “estar bien parados allá arriba”. La policía local nada más los veía. Entonces como dicen “me cayó el veinte”. Regresaron “apalabrados”. Desde aquellos años y hasta la fecha nada ni nadie puede impedir el paso ilegal.
Nazar Haro regresó a Tijuana. Otra vez como si fuera extinguidor. Es que un importante empresario fue secuestrado. La policía local ni le encontraba la cuadratura al círculo. Por eso el gobernador llamó otra vez a su amigo el presidente. Y López Portillo respondió. Tan rápido como cuando dijo “sí protesto” al tomar posesión. Nuevamente mandó a Nazar Haro con sus agentes. Igualito. Llegaron en avión especial. Ni siquiera uniformados pero sí bien armados. Actuaron como si fueran invisibles. Nadie les vimos. De pronto una detención por aquí. Otra más allá. Quién sabe a dónde los llevaron. Y menos qué hicieron con ellos. Ni siquiera se supo si fueron encarcelados. Cierto policía de aquel tiempo me contó: Los torturaron. “Pero soltaron ‘la sopa’. Eso sí, les fue como en feria”. Entonces fue cosa de un ratito. Nazar y sus hombres cayeron en la guarida de los malosos. Allí tenían al empresario.
Jamás se informó cómo fue el rescate. Solamente que la víctima estaba bien. Asustado pero sin señas de maltrato. Nunca se permitió a los periodistas verlo. No hizo posterior declaración. Tampoco su familia. Pero oficialmente se entregó a la prensa fotos del escondrijo. También las armas. Y hasta de secuestradores. Un reporte muy discreto. Pocas líneas para informar que un plagiario fue muerto a balazos por ofrecer resistencia. El otro quedó paralítico totalmente por una lesión en la columna vertebral. En el boletín no se mencionó al señor Nazar Haro y sus agentes. Tampoco hubo informes sobre cómo y cuándo regresó a México.
Han pasado 27 años. Ahora el señor Nazar Haro fue detenido y no como él lo hacía. Me sorprendió el operativo de la Procuraduría General de la República. Pero más la versión de Yasmín Alessandri en “El Independiente”: el ex policía político estaba recibiendo “pitazos” desde la PGR para no ser detenido. Y es evidente: Los comisionados a su captura lo hicieron más por protección y menos por incapacidad. Sólo fue posible cuando se comisionó a un grupo especial para realizar la detención. No tardaron mucho. Hasta fue videograbado y verificada su identidad. Con precisión se le ubicó. Cumplieron la orden de aprehensión.
Leí otra nota de Silvia Otero en “El Universal”. Desde el 10 de enero supo de una gran operación. La PGR ubicó 42 casas donde pudiera esconderse Nazar. Tanto de amigos como familiares y algunos ex agentes anteriormente a sus órdenes. Se movilizó personal de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Unos en el Distrito Federal donde estuvieron monitoreando 15 domicilios. Otros en Nuevo León, Guerrero, Morelos, Puebla, Veracruz y el Estado de México. Hasta cuando se le ubicó en la Colonia Lomas de Guadalupe.
A propósito. He recibido muchos correos electrónicos de sinaloenses, tamaulipecos, veracruzanos, coahuilenses, potosinos, tapatíos, juarences. A cada rato me informan: Todo mundo sabe dónde viven los narcotraficantes. Se pasean por las principales calles. A veces se dan el lujo de ir a las escuelas por sus hijos. La policía hasta monta retenes disfrazados frente a las casas de mafiosos. Según eso para revisión de vehículos. En realidad es para protegerlos. Por eso me sorprende el operativo de la Procuraduría General de la República. El 10 de diciembre de 2004 un juez acordó oficialmente la captura de Nazar Haro. Y dos meses después fue lograda. Los principales narcotraficantes tienen orden de aprehensión desde hace años y no les hacen nada. Es lógico que sabiendo dónde viven los mafiosos debían montarles guardia.
Los capos también deben estar recibiendo información desde la PGR. La diferencia es que a Nazar Haro se la proporcionaban por compañerismo. Los mafiosos pagan. Igual que en su momento los “polleros”.
Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas”, propiedad del autor Jesús Blancornelas.
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