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Totalmente puro
La noche fue perfecta para Raphael, quien cautivó a los tijuanenses con su pasión por cantar, su fuerza escénica y la compañía de su pareja más íntima: El piano.
Trinidad Ramírez Toriz
El reloj marcaba las 8:35 de la noche, anunciando la tercera llamada. Las luces del teatro bajaron su intensidad, sólo ocho quedaron prendidas. Silencio en la sala, en el escenario: Raphael. Los aplausos no se hicieron esperar y, de pie, el público le daba la bienvenida.
Él tomaba del piano su afinador de voz, mientras escuchaba piropos como “Hermoso”, “Bienvenido” o “Precioso”. Después de ello, ya estaba preparado para hacer vibrar, sentir y cantar a su público.
Raphael se encuentra en su mejor momento, por ello arrancó su recital a capella con “A Quién”. Su voz se escucha increíble, sabe que tal demostración dejará complacidos a sus fans, quienes le siguen las notas del piano, ejecutado magistralmente por el Maestro Juan Coacci.
La gira se titula “Cerca de Ti” y hace honor a su espectáculo, donde se aprecia a un Raphael sin límites, sin adornos, tal y como es, en una entrega total donde no existe una producción, sólo un piano y él. Totalmente puro.
Su repertorio recupera esos temas que el artista ha convertido en himnos por todo el mundo, como “Desde Aquel Día”, “Maravilloso Corazón” y “Digan lo que Digan”, que resonaron junto a temas inéditos como “Ahora”, de Enrique Bunbury, “E-Mails” y “Que Viva la Novia”, o a aquellos clásicos ahora remasterizados como “Procuro Olvidarte” y “Cómo Han Pasado los Años”.
¡Vaya que Raphael se atreve a todo! Sus conciertos del 12 y 13 de marzo en Tijuana estuvieron llenos de nostalgia, magia y muchas canciones. Más de dos horas y media, un total de 30 temas en un espectáculo con una puesta en escena íntima, con la que se enfrentó a solas con el público y cuyo objetivo era sentir el calor de la gente de un modo mucho más intenso que en la época en que cantaba con grandes orquestas.
Así pues, en el escenario del teatro del CECUT, sólo tres micrófonos, tres sillas, un piano, el Maestro Juan Coacci y por supuesto, Raphael, lograron ese ambiente.
Esa complicidad que tiene el intérprete con su gente hizo que la noche fuera perfecta, cautivando a los tijuanenses con su trabajo de voz y actuación, con su pasión por cantar, su fuerza escénica y la compañía de su pareja más íntima: El piano.
A Raphael se le veía feliz, sonreía, jugaba en el escenario, iba y venía de un lado a otro (característica que la gente agradece siempre), le cantaba a su musa, su mujer imaginaria, a su amante de ocasión, a quien lo acompaña noche a noche en cada presentación. Obviamente, el público quería más, exigía más y él los complacía.
Temas conocidos y no tanto que la gente bebía con rapidez, porque en su gira “Cerca de Ti”, el artista escogió esas canciones que salen del corazón, fruto también de su más reciente producción discográfica y que también, mostraron la situación anímica por la que atraviesa actualmente.
Indudablemente, lo que más disfrutó el “Divo de Linares” fue sentirse querido y protegido por su público, que una vez más le demostró su cariño infinito, abarrotando la Sala de Espectáculos del CECUT en dos noches y formando parte de un singular coro en varios de sus temas.
“Qué bien estar de nuevo en Tijuana, yo me acuerdo la primera vez que vine… (hace una pausa mientras escucha un “¡Uyyy!” por parte de la gente) Sí, porque los años pasan por todos, a algunos se les nota más que a otros y he cantado canciones de todas las épocas; desde los 70s, 80s, 90s y 2000. Anyway!”, expresó con nostalgia para, posteriormente, caminar al filo del escenario, bajar la escalera, sentarse e interpretar “Los Hombres Lloran También”.
En ningún momento se mostró estático. Caminaba, iba y venía, saliendo y entrando al escenario, alzando sus manos, poniéndolas en su cara. Gesticula, sonríe, platica, aplaude y hasta baila. Carga consigo una energía desbordada, una postura vital que se traduce en una pasión inquebrantable por la música y que forma parte de la personalidad del artista.
Su cómplice en este viaje: el público que le aplaude, lo ovaciona de pie y sentado. A eso se le llama respeto, un respeto ganado a pulso durante mucho tiempo.
Cuando el final del recital se acercaba, a más de dos horas de concierto, el artista decía adiós pero su gente le pedía otro tema más, y con aplausos, el español regresaba al escenario para complacerlos.
“Frente al Espejo” dio su toque personal, cuando observándose en un espejo decía: “No me mires así que me molesta/ No me mires así que soy el mismo/
Un poco más mayor, quizás/ Un poco más cansado, sí /Y mis ojos no brillan como cuando era un niño/ Y es más ancha mi frente/ Y mi pelo más claro/
Y mi voz como siempre sólo sabe cantar…”.
Porque, amante de la vida en libertad, Raphael prefiere ser de fuego y pasión a ser un espejo. Es entonces cuando, ante el asombro de todos, rompe el cristal.
Así, con esa intensidad, Raphael se entregó por completo, acción que el público agradeció manifestando su aprobación con aplausos, gritos y un hasta pronto.
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