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Coward presenta a su nuevo equipo

Después de siete años de búsqueda de actores a través de diversos cursos titulados La Construcción del Actor, el dramaturgo da a conocer a sus actrices. Habla sobre su método de enseñanza al que resume como una “purificación del actor”. En esta primavera se inicia la gestación de una obra. Además,  invita a su próximo curso.

Enrique Mendoza Hernández

“Buenas tardes, soy actriz, estoy vendiendo chocolates para ayudarme en mis estudios de teatro, ¿gusta apoyarme?”, dicen dos chicas cargando una cajita con chuchulucos a los incrédulos automovilistas. Se encuentran en diversos cruceros de la ciudad. Principalmente por la Zona Río de Tijuana. La gente las ha bautizado como “las chocolateras”. Algunos sí les compran. Otros no porque dicen que es un fraude. Hasta cartas a este Semanario han escrito para denunciarlas y alertar a la ciudadanía. Se trata de dos alumnas del reconocido dramaturgo Edward Coward: Mariana Sofía López González y Alejandra Loaiza Quevedo.
Coward habla al respecto y las presenta como su equipo de trabajo. Explica a este Semanario la aventura que ha vivido para forjar y encontrar a las actrices. Da a conocer detalles sobre el método purificador que usa en los cursos que ha impartido, titulados La Construcción del Actor. Asimismo, como artista reconoce la influencia del poeta austriaco Rainer María Rilke, uno de los poetas iconos de la literatura en lengua alemana. Pero también de Konstantín Serguéievich Stanislavski y Jerzy Grotowsky, máximos exponentes de la vanguardia escénica del Siglo XX.

La graduación

En 2000, Edward Coward terminó la etapa de la trilogía “Guía Nocturna”, “Historia de China” y “Pedro y Lola”. Obras que le valieron el reconocimiento en 1998 por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro. Después dirigió “Cocodrilos”, obra de graduación en una generación del extinto CAEN. Los integrantes del equipo de “Guía Nocturna”, agarraron cada quien por su rumbo. El dramaturgo desapareció.
“Desde el 2000 soy independiente. Me parece humillante andar persiguiendo a Tere Vicencio, que no te va a recibir las llamadas, que te va a poner jeta para cualquier cosa, para que te termine dando 200 pesos después de medio año”, explica a ZETA Edward Coward.
Aunque desde ese año se dio a la tarea de impartir La Construcción del Actor, “lancé mis cursos diciendo que estaba buscando a las nuevas personas con las que yo iba a hacer una obra”.
En sus distintos cursos han desfilado una gran cantidad de aspirantes. La mayoría ha desertado. Sólo han quedado dos.
A través de ZETA, Coward presenta a la comunidad en general a su equipo:
“Después de siete años, éste es mi equipo, mis actrices: Mariana González y Alejandra Loaiza. Es una celebración. Esta es su graduación. Las presento públicamente, es una especie de ritual”.
El dramaturgo destaca:
“Ellas son valientes, talentosas, sensibles, con un chorro de coraje, con un corazón enorme. Yo estoy muy orgulloso de ellas”.
– ¿Por qué ellas, Mariana López y Alejandra Loaiza, son las que han sobresalido del proceso de búsqueda de actores y no otras personas?
“Yo creo que vivimos en un tiempo en el que al prender la tele, ser actriz es sinónimo de prostituta. Ese es el mensaje que los medios nos están mandando, cada momento. Vivimos en una época de frivolidad y vacío espantosa.
“Son dos actrices maravillosas, sin lugar a dudas las mejores de Tijuana, las más valientes, no me atrevo a decir que de todo el país, pero casi lo tengo que decir: Me tardé siete años en encontrarlas y no estoy arrepentido, que me tardaría otros 10 años si tuviera que encontrarlas”.
Pero, ¿qué tiene que ver el hecho de que vendan chocolates y estudien teatro? ¿Por qué no se buscan “un trabajo normal”? En Telvista o en Cinépolis, por ejemplo. ¿Qué necesidad tienen de que los automovilistas les digan una y otra vez que no quieren chocolates? Para acabar pronto: ¿Qué tiene que ver con su formación como actrices? ¿En qué consiste eso a lo que Coward llama La Construcción del Actor?

La construcción del actor

A la fecha, Coward ha impartido en dos ocasiones el curso denominado La Construcción del Actor, cuya duración es de tres meses. Por sus talleres ha pasado casi un centenar de aspirantes a actores o actrices. Cuando entran, piensan que se trata de un diplomado en actuación. Pero para sorpresa de los interesados, no se trata de un curso convencional donde resalten asignaturas como Historia del Teatro, Teoría Corporal, Voz, Movimiento Corporal y todas las demás materias teóricas. “Eso no funciona”, subraya.
La Construcción del Actor se basa en un diagnóstico personal de Coward a partir de las aspiraciones de los alumnos. El método consiste en trabajar con la creatividad, lo imprevisto. “No son esquemas preestablecidos, yo confronto a las personas con sus limitaciones y su deshonestidad, su capacidad para enfrentar la verdad con sí mismos.
“Por lo general después de los tres meses, todos o la mayoría no quieren saber nada de mí, porque la gente a va a otra cosa: Directo al estrellato”.
Después de los tres meses, los sobrevivientes interesados continúan con su formación, que por cierto, en estos años ha coincidido con un proyecto humanitario que encabeza el actor, específicamente en la alimentación y cuidado de una gran cantidad de perros.
Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la venta de chocolates?
“Ellas (las actrices) empezaron con un trabajo como cualquier otra persona: En un Cinépolis o en Telvista, pero lo que ganaban era una miseria y no les alcanzaba para sus clases, o para sus materiales. Se morían de hambre; decidieron ir a la calle a vender chocolates y se dieron cuenta que les iba mejor que estando de esclavas todo el día en un Cinépolis. Así de sencillo. Y lo adoptaron como un trabajo. Decidieron que esa era la manera en que iban subsistir”.

– ¿Qué contestarías a una persona que cuestiona diciendo que la venta de chocolates es un fraude?
“Que tiene todo el derecho de pensar lo que quiera, que  eso es lo que la gente piensa, pero no me lo puede comprobar.
“El asunto de los chocolates es tan sencillo como el que toda la gente tiene un trabajo.
“Todo mundo dice: ‘Lo quiero todo’, ‘Quiero el sueño’, pero a la primera: ‘Vende un chocolate’. Ja ja ja, a la primera humillación salen corriendo, llorando.
“A la par de nuestro entrenamiento actoral tenemos un proyecto humanitario, mantenemos muchos animales, de nuestro dinero y de nuestro trabajo. Animales que tenemos que limpiar. Ellas viven en su casa, pagan su renta, tienen a sus animales y yo tengo los míos. Los tenemos en seis lugares distintos, los mantenemos de nuestro dinero, nos levantamos a las cinco de la mañana, tenemos nuestro entrenamiento físico y enseguida pasamos a limpiar mierda”.

– Cualquiera se preguntaría otra vez: ¿Qué tiene que ver todo esto con la construcción de un actor?
“Lo primero que tiene que ver es que todo es tan natural y a la vez tan sorprendente porque no se parece a nada, tiene que ver con la sensibilidad. Tiene que ver con sensibilizar a la gente con el dolor del otro, que finalmente la actuación es eso”.

– ¿Por qué eligieron el curso La Construcción del Actor que imparte Edward Coward y no otro curso o taller?, pregunta el reportero a las alumnas del dramaturgo.
“Para empezar -contesta Alejandra Loaiza-, quiero decir que aquí en Tijuana yo estudiaba en el (extinto) CAEN y te puedo decir que fue una basura, lo que aprendí ahí no me ha servido absolutamente de nada. Lo digo no porque Coward lo dice, sino porque yo estuve ahí un año completo, terminé el diplomado, me gradué y todo el show. Participé en la obra ‘Cocodrilos’ (a propósito dirigida por Coward), estudié Voz, pero ahí no aprendí absolutamente nada de voz; me dieron entrenamiento corporal, la maestra le echaba ganas, pero no me acuerdo de nada. Yo sí pienso que la escuela era un fraude”.
Loaiza destaca algunas de las virtudes que ha logrado cultivar a raíz de recibir instrucción de Coward:
“Con Edward fue cuando por primera vez en mi vida empecé a conocer lo que es la disciplina… Y gracias al entrenamiento que he recibido, he aprendido también el valor de la concentración.
“Básicamente con Edward estoy recibiendo un entrenamiento real, con hechos reales, no con teoría, sino en la vida real. He aprendido las características o virtudes que necesito para salir adelante en cualquier parte del mundo”, destaca la joven actriz.

–  ¿Cuál ha sido el más grande problema al que se han enfrentado?, se le pregunta a Coward.
“El problema de no seguir a la manada, ese es el más grande problema: Sufrir el señalamiento, el aislamiento, de que lo que estoy haciendo no se parece a los demás.
“Cuando empecé a dar clases, me di cuenta que el problema más grande que yo tenía con los alumnos, la gente, con los mexicanos, era una sola palabra: No podemos con la verdad. Eso se daba con todos los alumnos. Yo empecé a dar clases y era un salvaje, la gente se me echaba encima, eso fue lo primero a lo que yo me enfrenté, aunque la gente no estaba dispuesta a enfrentar la verdad. La gente va a un curso de teatro a que rápido le hagas una obra, la pongas allá arriba del escenario y que su mamá vaya y le aplauda. No quieren saber más. Yo he resistido, he dicho no, las cosas no se van a hacer así, las cosas no son así. Yo empezaba cursos con 25 personas y al mes ya me quedaban 2, todo mundo salía corriendo. Se siente gacho, te tambaleas, y dices: ¿Qué estoy haciendo?”.

– ¿Tú inventaste este método? ¿En quién o en qué basas tu modelo de trabajo?
“Hay gente que ha hecho cosas parecidas, a su manera. Grotowski es uno de ellos. En su libro ‘Hacia un Teatro Pobre’ (Bs As, Siglo XXI Editores, 1981), se encuentran grandes similitudes. Al final se trata de una purificación del ejercicio de la actuación, eso es todo. En el mismo Stanislavski hay muchísimas similitudes. Yo no puedo decir que yo lo haya inventado, simplemente he tomado cosas de aquí y de allá”.
Pero también resalta “Cartas a un Joven Poeta”, de Rainer Maria Rilke. “Desde que leí ese libro quedé profundamente impresionado”, sobre todo en la concepción de lo que significa ser artista y las obras de arte. Así se explica la actitud de ermitaño que ha adoptado los últimos años:
“Las obras de arte son de una infinita soledad, y con nada se pueden alcanzar menos que con la crítica. Sólo el amor puede captarlas y retenerlas, y sólo él puede tener razón frente a ellas”, cita Edward a Rilke.

El objetivo: Parir una puesta en escena

Entonces, después de siete años, Coward cuenta ya con dos actrices. Por cierto, el segundo curso La Construcción del Actor, impartido en La Casa de la 9 a finales de 2006, de un total de 18 aspirantes a actor, quedaron sólo dos:
“En cuanto al curso que inicié en La Casa de la 9 tengo que decirte que hay dos serios candidatos a pasar por toda la tortura. Es muchísimo. Y si la arman, ya somos cinco. Es muchísimo porque antes de encontrar a estas dos chicas, yo di cursos y cursos y me quedaba sin nadie.
“Me siento muy orgulloso de que hayamos resistido absolutamente todo, y de que estemos aquí en esta etapa que inicia, que es la de empezar un montaje, que no sabemos cuánto tiempo nos va a llevar”.
Lo único que puede adelantar Coward por el momento:
“Voy a hablar de la gente marginada. La obra está brotando en esta primavera”.

– ¿Qué le dirías a aquellas personas que conocieron tu trilogía y esperan tu próximo trabajo?
“Que soy un artista, no fabrico obras como si fabricara churros. Que estoy consciente de ello y que tomo la responsabilidad bien a pecho, y que por eso estoy haciendo todo lo que estoy haciendo, para eso estoy preparándolas a ellas, porque tengo la responsabilidad  y ellas lo saben. ¿Qué les diría? Que estamos trabajando duro para no defraudarlos”.
Por último, Coward anuncia su tercer curso La Construcción del Actor, mismo que impartirá de mayo a julio, los martes y jueves de 7:00 pm a 10:00 pm. Únicos requisitos: Ser mayor de 18 años y seriedad absoluta. Para más informes, comunicarse después de las 6:00 pm a los celulares (664) 330-6068 y (664) 305-3297.


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