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Cuando ya no se puede o quiere
Conzultoría Matrimonial
Lic. Roberto Bautista López
El hombre jamás va a aceptar que ya no puede, tal vez mediante un subterfugio considere que ya no es fácil, que no debe ser tan seguido, que por una u otra enfermedad; en fin, pretextos sobran, pero el caso es de que, o ya no puede o de plano ya no quiere. ¿Y quién cree que es la más afectada? Pues ella, la pareja, porque definitivamente la mujer pocos problemas tiene en seguir queriendo tener una vida sexual completa, plena y satisfactoria, de hecho creo que hasta se vuelven más, cómo decirlo, calientes o cachondas, porque donde el marido no pueda o quiera, ella está en posibilidad de poder y seguir queriendo, tan sólo la toca su pareja en un lugar y momento propicio (la cama), empieza a sentirse húmeda, y empieza con sus retorcijones y a inquietar, o mejor dicho, a querer inquietarlo, y para su mala suerte, así se queda, sin nada de nada; es más, sin usar las otras alternativas para dejarla satisfecha; recuerden, cuando el ánimo mengua…
Cuando ya no se puede, o se cree que no se puede, definitivamente es por alguna situación física, que yendo al médico pueden solucionar, claro, no para que puedan como cuando eran treintañeros, pero sí para poder atender debidamente a su pareja. Sabemos que por la edad, tal vez promedio a los 50 años, el hombre va perdiendo su capacidad de ser el amante de siempre, por enfermedades cierto es, pero también por la propia edad en que todo el organismo va deteriorándose paulatinamente, ya no funciona igual, pero como lo dije y lo sigo sosteniendo, el médico es la mejor ayuda para poder superar todo problema de disfunción eréctil, porque a pesar de tanta información que existe en los medios (tv, radio, periódicos, revistas, etc.), no se animan a ir a consultarlo. En cierta forma es una cuestión cultural y muy mexicana, el que subconscientemente se crean, ya no muy machos, sino simplemente machos, no les permite aceptar que los revisen para poder determinar cuál es la causa de que ya no puedan. Desde la expectativa de que les revisen la próstata a través de la introducción del dedo en su ano, tan sólo en pensarlo se ponen en shock, pero eso ya ha sido superado por muchos que para ellos primero está su salud y por consecuencia la posibilidad de poder funcionar de nuevo y dejar contenta, feliz, alegre, loca, etc., etc. a su pareja. Por supuesto no con la misma constancia de antes, sino que cuando se dé la situación de que las hormonas de ellas estén a su máximo, ellos poder calmarlas, y tener sexo pleno y satisfecho.
El hombre más optimista se convierte en todo lo contrario en cosas del amor y sexo. Para muchos hasta consideran que es ridículo que ellas, sus parejas, se les anden manifestando para que las atiendan, cuando bien saben que no pueden, pero que no hacen nada por poder, porque de que pueden, pueden, que cuesta trabajo, pues cuesta. S todas las cosas fueran fáciles en la vida, todos las haríamos. En los casos de que no quieran, es por una actitud de no querer simplemente, porque aunque ocasionalmente puedan lograr una erección y mantenerla para satisfacer a su pareja, prefieren dejar las cosas así, ante el temor de fallar o no dejarla satisfecha, o porque de plano ya no se les antoje. Recuerdo un comentario sobre una película, en que una señora se cae quedando con las piernas abiertas, y el marido al verla y en lugar de ayudarla inmediatamente, se le queda contemplando para finalmente darse cuenta de que su esposa todavía está muy buena, y lo primero que pasa por su mente es poseerla. Por la costumbre de verse diario por toda una vida, nunca se ponen a apreciar todas sus virtudes.
Pero también ellas tienen sus problemitas emocionales (a diferencia de los hombres), para ellas son más importantes otras cosas que la propia relación sexual, que aunque la quieran y puedan, la hacen a un lado por tal de no chocar con lo que ellas piensan al respecto. Se puede considerar que en la mujer intervienen más cosas que limitan la disposición a la actividad sexual, primeramente la psicológica o emocional, que cuando llegan a la menopausia creen de que ya no podrán porque ya se terminó su edad sexual, aún cuando en el fondo se esté derritiendo. Otra posición que adoptan es de considerar que su cuerpo ya no es el escultural que era y le apena que su marido la vea así. Una más motivada por el cambio hormonal, que les impide por la resequedad vaginal que presentan, por lo que el coito les parece doloroso o muy doloroso, lo cual hace que con el tiempo vayan perdiendo todo interés en lo sexual.
Eso sí, como ya no hay hijos que atender ni mayores actividades domésticas que solucionar, se vuelven más afectuosas con sus maridos esperando que con ello, no insistan en la actividad sexual, ni siquiera ocasional, lo cual los va llevando a aprender a vivir así, sin sexo, logrando con ello no poder seguir teniendo esos momentos plenos y maravillosos de amor y de satisfacción, como antes tenían y que ellos lo busquen por otro lado. Si las causas fueran tan sólo físicas o patológicas, yendo al médico podrían superar las mismas, lo cual no lo logran cayendo su matrimonio en un letargo y complacencia que raya en el aburrimiento, en fin. Por lo que insistiré de nuevo, lo único que sirve para poder superar todos sus problemas, es la comunicación, ya que por medio de ello, confesándose sus cuitas, sus temores, sus necesidades, sus deseos, es cuando se van a dar cuenta de lo que cada uno significa para el otro.
Cambiando radicalmente de tema, el viernes pasado, en el Club Campestre tuve una junta. Al salir encontré un carro enfrente del mío, obstruyendo la salida. Esperé bastante tiempo, hasta que me animé a entrar al salón donde se desarrollaba un evento de la Cruz Roja, mismo que ya había terminado, sólo estaban rifando algunas cosas. Me dirigí a la señora que estaba con el micrófono para pedirle que voceara al dueño del carro que me obstruía; sorpresa, era ella, pero para nada se inmutó y envió a otra señora a que moviera su carro. Ni disculpas ni nada. Perdí la oportunidad de un negocio por una cita que tenía y que no pude llegar. Lamentablemente a la señora Tatiana Chávez, como a muchas mujeres, no le importa si afecta o no a otros al manejar. Por eso dicen que las mujeres no saben manejar. Ya trataremos ese punto en otro apunte.
Por ahora y como siempre, soy agradecido con aquellos mis dos que tres lectores por sus comentarios y consultas, lo que me permite que me sigan dando la oportunidad de seguir escribiendo en ZETA. Mis teléfonos 684-9647, fax 684-1889, celular 204-6180, o al e-mail: bautista46@hotmail.com
El Licenciado Roberto Bautista ejerce su profesión en Tijuana, B.C.
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