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Por la creación de la Universidad Pública de Tijuana

Jaime Martínez Veloz

Es reconocido universalmente que la educación, uno de los derechos fundamentales del hombre, es el mejor igualador social, el medio más adecuado para el acceso a mejores niveles de bienestar y la base más sólida para que una sociedad se encamine y continúe en la ruta del progreso y el desarrollo.
En nuestro estado, la educación forma parte de un sistema social más amplio, en el que aún perviven situaciones de inequidad, desigualdad e injusticia y que sigue siendo un freno al desarrollo de las personas y de la colectividad. Un sistema que ha imposibilitado a miles de jóvenes de Tijuana y de Baja California, que puedan lograr sus metas y aspiraciones en la vida, precisamente por la falta de alternativas educativas de nivel superior al alcance de sus posibilidades.
Las opciones para aquellos jóvenes que no cuentan con recursos para estudiar en una universidad privada o para aquellos que no tienen la posibilidad de asistir a la universidad autónoma del estado son muy pocas: trabajar en las maquiladoras, dejando ahí la vida en largas jornadas y con bajos salarios; irse a buscar oportunidades al interior del país o preferentemente hacia los Estados Unidos como trabajadores ilegales, con todos los riesgos que esto implica; caer en la delincuencia o en las garras de la drogadicción, ya que la región es zona de alto tráfico hacia ese país; y en no pocos casos, las mujeres jóvenes se ven orilladas a la prostitución. ¿Cuántos de estos y de estas jóvenes poseen un verdadero talento y que al no continuar sus estudios se desperdicia en perjuicio propio, de la sociedad y de México? Los jóvenes, sobre todos los más pobres, parecieran no importar a los gobernantes.
Es inaceptable para la Tijuana del Siglo XXI, que nuestros jóvenes vean frustradas sus naturales inquietudes, aspiraciones y esperanzas, porque no existan suficientes instalaciones educativas de los niveles medio superior y superior a su alcance, en las que puedan continuar sus estudios aún cuando posean pocos recursos. No edificar más escuelas en estos niveles, es condenar a muchos de ellos a una vida de frustración y fracaso, en el mejor de los casos. En el peor, es contribuir a engrosar las filas de la delincuencia, la drogadicción y la trata de blancas. La situación de los jóvenes de Tijuana puede y debe cambiar. Por ello, deben crearse más preparatorias –entiéndase escuelas de nivel medio superior– y una universidad pública, cuyos fines y características pueden ser las siguientes.
La Universidad Pública de Tijuana (UPT), habría de preocuparse no solamente por la docencia, la investigación y la difusión cultural, que son los fines universitarios tradicionales, sino por adoptar un papel más participativo en relación con el estudio y la comprensión de los problemas públicos de interés general.
Debe, además, crearse considerando las particularidades de la sociedad en la cual se encuentra inmersa. Desde luego, la UPT sería una universidad pública, gratuita y de calidad y tener un carácter eminentemente social, al constituir la alternativa principal para los estudiantes de bajos recursos, quienes tendrán así, a su alcance, el conocimiento y los estudios que les permitan elevar sus niveles de vida y los de su familia, y con ello, cerrar la brecha entre la pobreza y la riqueza que hoy tiende a acrecentarse.
La UPT tendría ciertas características, entre las que destacan: la libertad de pensamiento, de cátedra y de expresión como valores fundamentales y permanentes en la búsqueda de la verdad y en el quehacer universitario; habrá de ser científica y estar dotada de los medios materiales más modernos y funcionales e instalaciones adecuadas, mobiliario, equipo, acervo bibliográfico y hemerográfico y material didáctico suficientes; y los recursos humanos que le permitan generar nuevos conocimientos que contribuyan al desarrollo de la ciencia, la técnica y la tecnología en el país, y contar con planes de estudios que respondan a la realidad y las necesidades contemporáneas y los que se revisen periódicamente, con el fin de que transmita conocimientos de vanguardia en beneficio de la sociedad y del sector productivo.
La UPT sería crítica, al servicio de las mejores y más nobles causas y fuente del cambio social, bajo una mística de compromiso para un mundo mejor. La universidad que proponemos estaría abierta al debate sobre el destino de la ciudad, del estado y del país; y no sería ajena a la problemática de otras latitudes de América y del mundo y por estar en la frontera, postularía con firmeza la defensa de la soberanía y los intereses nacionales. Sería democrática, considerando que los órganos colegiados de decisión y las autoridades universitarias se elegirían libremente, estando estas últimas sujetas a la rendición de cuentas y a la permanente supervisión del ejercicio de los recursos. El estatuto universitario sería elaborado por los propios universitarios.
Al ser pública, la UPT se sostendría con recursos e impuestos pagados por el pueblo y de ahí su carácter popular. Sería una universidad que sepa entender que no constituye un fin en misma, sino que es una institución que se establece para beneficio del pueblo de Tijuana, de Baja California, de México y en la que no habría elitismos ni se vería a la sociedad desde las alturas, sino que se le dirigirían los frutos de la extensión universitaria; también otorgaría estímulos a los alumnos más destacados y contaría con becas de postgrado para aquellos que aspiran a los niveles más altos del conocimiento  y no tienen recursos para su sostenerse.
Visualizamos a la UPT como verdaderamente universal y políticamente plural, en la cual cabrían todas las ideas, sin dogmatismos; y por lo mismo, en sus aulas podrían argumentarse y debatirse, las distintas corrientes sociales, económicas y políticas del pensamiento de nuestro tiempo, sean éstas conservadoras o revolucionarias y en donde la búsqueda de la verdad, el conflicto y el desacuerdo enriquezcan las perspectivas de la comunidad universitaria y se diriman con la altura propia de los universitarios, lo cual de fortalecería a la institución.
Vemos a la UPT como una universidad transformadora, forjadora de verdaderos líderes sociales, en la que los estudiantes realicen su servicio social en las colonias, en programas comunitarios del ayuntamiento, el estado o la federación; y completen su formación profesional a través del contacto directo con la realidad social, conociendo su problemática y participando en la búsqueda de soluciones.
La UPT sería también humanista, al albergar lo más excelso del espíritu humano y motivar a sus estudiantes a cultivar su mente y cuerpo mediante la práctica deportiva; a tener ideales en la vida, motivándolos a ser actores en la búsqueda del bienestar colectivo y no entes pasivos ajenos a las desgracias sociales.
Esta universidad habría de administrar eficaz y eficientemente sus recursos, para hacer que éstos le permitan instrumentar un mayor número de programas y acciones relacionadas con sus finalidades. En su carácter de universidad pública, recibiría recursos autorizados por el Congreso del Estado, sin que esto menoscabara su autonomía del poder público.
Lo aquí expresado es factible y está muy cerca de nosotros. La creación de esta universidad será posible si se logra conjuntar el sentir, el talento, la capacidad de lucha y el trabajo de la sociedad de Tijuana, las aportaciones de sus intelectuales, la participación de sus estudiantes, la colaboración de los medios y la voluntad política de sus gobernantes.
Estamos a tiempo de construir un mejor futuro, aquel que puede ser edificado por una universidad que, desde donde empieza la patria, produzca frutos generosos de humanismo, de conocimiento, de amor hacia al ser humano, al país y al planeta; y en consecuencia, responda a los retos cada vez mayores de la realidad del Siglo XXI que nos tocó vivir.

Jaime Martínez Veloz, ex diputado y ciudadano tijuanense.
Correo electrónico: radioveloz@gmail.com


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