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Adela Navarro Bello

Ojo

Tijuana no ha sido bien atendida en los últimos años.
Acaso quienes han sido seleccionados para encabezar la administración municipal, adolecen de pereza. Carecen del sentido práctico de la administración pública, y el criterio amplio les fue negado.
El próximo agosto, después de tres años, los ciudadanos tendrán el privilegio de votar por la persona a quien entregaran el poder municipal por el siguiente trienio. Una enorme responsabilidad como para tomarse a la ligera.

Hace casi tres años, el priísta Jorge Hank fue electo para tal encargo. Muchos esperaban, dada su pregonada fortuna y sus negocios prósperos en el juego, la apuesta y los animales, que su administración destacara por sus logros. Pero no fue así. Los más grandes beneficios se concentraron en unas cuantas personas que recibieron negocios, tratos privilegiados y cargos en el Ayuntamiento.

También llamó la atención la cantidad de celebraciones que se hicieron bajo el auspicio de una suerte de pareja presidencial municipal. María Elvia Amaya, con el apoyo de su marido, organizó cuanta gala pudo en dos años y medio, bajo el pretexto de pedir a los ricos y repartirlo a los pobres.

Sin la necesidad de un “Vamos México”, pero sí con la estructura del Gobierno Municipal, las fiestononas funcionaron, aunque los ricos se quejaron: “La señora me mandó una paca de diez boletos a mi oficina”, decían al tiempo que explicaban con temor: “Y los tengo que pagar”.

Independientemente de los lugares que se cubrieron de lujosos adornos y fueron remodelados en sus cimientos para celebrar tan magnos bailes, la ciudad quedó echa un caos. Arreglaron lo superficial, y dejaron en espera la necesidad.

Ahora mismo, transitar por Tijuana no es una de las tareas más fáciles de emprender. Las calles, los hoyancos y los baches, recuerdan a uno de esos videojuegos donde quien tiene el control en la mano, debe sortear obstáculos para llegar a una meta.

La escenografía urbana pues, quedó igual o peor que antes debido a la falta de mantenimiento. Ni hablar de las entrañas del Ayuntamiento, donde se modificaron reglamentos, alteraron documentos y se ejerció una mayoría priísta con la venia, por omisión, de la fracción panista. Tan ventajosos unos, como deficientes los otros.

En dos años y medio de administración, pocas han sido las causas reconocidas. Esto no significa que todas provengan de esfuerzos negativos, o caprichos insulsos, aun cuando la mayoría tiene este origen, en salvadas excepciones la obra se perdió al promulgar aquello de hacer cosas buenas que parecen malas.

La segunda y última parte de este moribundo trienio, tiene como actor principal al Alcalde Suplente, Kurt Honold. Un reconocido residente de los Estados Unidos que hoy, más por cuestiones de política que personales, buscó un domicilio oficial mexicano.

Al igual que su inmediato antecesor, de Honold se dijo mucho: Tiene experiencia en la administración de empresas, ha sido director de importantes compañías, proviene de familias reconocidas y asentadas en la ciudad, posee una buena educación, y es un hombre de decisiones.

Quizá así sea, pero algo tiene la política que a los hombres inteligentes los vuelve ineficientes. En el Gobierno el coeficiente intelectual es lo de menos. Conocer el entrampado camino para el ejercicio del gobierno es más importante que tener una mención honorífica en la tesis profesional.
Hace un mes y algunos días que Honold Morales tomó posesión. El periodo de gracia que enmarca el beneficio de la duda a su favor, está por concluir. Y hasta el momento, ha destacado por dos situaciones:
Uno: Los anuncios en televisión, radio y prensa, promocionando los logros del ahora ex Alcalde.

Dos: Por bailar en horario estelar y demostrar que ésa, tampoco es una de sus cualidades.
Ojalá Kurt Honold perciba pronto que tiene en sus manos la oportunidad de hacer historia; de pasar a los libros como el Alcalde que en pocos meses reencaminó la ciudad, y no como aquel que cuidó la silla a Hank.

Mientras el hombre se decide, el próximo agosto habrá elecciones estatales y municipales. Los bajacalifornianos residentes de cada uno de los cinco municipios, deberán pensar, analizar y decidir, por quién votarán.
Mucho ojo.


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