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Desde el infierno propio de la infancia
En su nueva novela, “Éste que Ves”, Xavier Velasco cuenta la historia de quien empieza a escribir a los 9 años por salvación ante un peligro no identificado, pero que acecha.
Gabriela Olivares Torres
“Quiero que hable el niño, no quiero que hable mi lenguaje elaborado que uso al escribir”, dijo Xavier Velasco cuando presentó en la Feria del Libro y las Artes 2007 su nueva novela, titulada “Éste que Ves”.
“Se escribe, igual que se ama o que se vive, porque no queda más alternativa, ni se ve escapatoria tolerable”, argumentó el autor de “Diablo Guardián”, libro que mereció el Premio Internacional de Novela Alfaguara hace cuatro años y que terminó con la relativa tranquilidad del escritor capitalino que ahora ha vuelto a su primera edad para encontrarse con el niño desesperado que aparece en al portada, el que “necesita salvarse y no imagina de qué. Quiere salir de ahí, no sabe cómo”.
Velasco ha llegado a confesar que Ésta es la historia más íntima que ha contado a la fecha. Porque como señaló a la Crónica de Hoy, “hay niños que viven vidas infinitamente más infelices que la mía, por ejemplo los niños de un hospicio. No pretendo ser Ana Frank, ni de lejos me interesa. Es más, no pretendo contar mi historia aunque la esté contando. En realidad lo que quiero es contar la historia de un niño apestado que se salva escribiendo, inventado un juego, que llega hasta la vida adulta”.
Ese pequeño es el autor que comenzó a escribir a los nueve años de edad, como si la palabra fuera una salida de emergencia a lo inadecuada que fue su experiencia con los demás chicos y con todo el contexto escolar típico de la primera etapa de vida.
La novela tiene la fina ironía de anteriores propuestas al estilo de “El Materialismo Histérico” (Fábulas Cutrefactas de Avidez y Revancha, Alfaguara 2004)”, “Luna Llena en las Rocas (Crónicas de Antronautas y Licántropos, Alfaguara 2005)” y, por supuesto, “Diablo Guardián”.
“Cuando creces quieres olvidar lo que te pasó en la escuela o con tus amigos; es decir, el fantasma del cacotas anda rondando por ahí, y tienes que superarlo. Lo más cercano es un ambiente carcelario, cualquier miedo se multiplica geométricamente: los miedos más profundos no hay quién te los cuente, cada quien los vive a su manera y muchas veces en ese instante se te cierra el mundo”, explica Velasco al diario ya mencionado para que se entienda el propósito de su nuevo riesgo narrativo, donde prevalece la figura de un protagonista asustado que no quiere contar lo que le pasa, pero que es la única alternativa que realmente le queda, a final de cuentas.
“El niño de ‘Éste que Ves’ se convierte en un personaje valiente. Siempre creí que si no me atrevía a saltar de un avión no podría narrar lo que presenta el libro, es una deuda conmigo mismo. Por eso es la novela más íntima que he escrito. A la gente no le interesa quién soy, sino la historia del niño, usando la historia me puedo meter ahí. Entro en el cuerpecito a través de una escotilla. Uso la literatura para acercarme a mi propia infancia”.
Y lo logra con una voz convincente donde se lee a través de una mezcla de inocencia y chispa que sólo puede tenerse a los nueve años. Como en “Un Mundo para Julius”, de Alfredo Bryce Echenique, la perspectiva fascina porque es construida con la cándida franqueza de la juventud, esa que se pierde cuando aparecen los diablos guardianes y que sólo puede recuperarse, como Xavier Velasco ahora lo demuestra, gracias a la escritura.
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