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Siete propuestas fotográficas

Integrado por artistas visuales locales y muy jóvenes, el colectivo femenil que encabeza Sandra Bello expone bajo el título Lúmina: Ser en la Galería sin Título.

Enrique Mendoza Hernández

Están ahí, algunas desnudas, otras semidesnudas. Tal como en su espacio y tiempo. Casi en la intimidad. Algunas más con sus objetos, propios de las féminas. Las demás, las de la casa, simplemente están ahí. Construyen identidades. Todas expresan sus emociones. Sus ideas.
Se trata de las propuestas plásticas de siete jóvenes mujeres entre los 20 y 30 años: Mely Ávila, Sandra Bello, Mariana Bello, Vanesa Capitaine, Brenda Jiménez, Mariana Manzanos y Flora Arias, mismas que integran Lúmina: Ser.
La colectiva se localiza en la Galería sin Título, misma que coordina el reconocido fotógrafo y odontólogo Javier Galaviz.
Lúmina es un colectivo de fotógrafas jóvenes que reconocen en su capacidad intelectual y creativa instrumentos poderosos para la construcción de discursos visuales, los cuales trascienden la representación explícita (la escena capturada en sí) y dan paso a la expresión significativa de diversos aspectos de nuestra feminidad, concebida como la esencia de nuestro ser, pero también como una construcción social que, en parte, determina nuestra posición en el mundo”, reza la cédula descriptiva de la exhibición.
El proyecto visual, dirigido por Sandra Bello y asesorado por Javier Galaviz, presenta siete series fotográficas, una de cada fémina, y coinciden en “las nociones de lo que es femenino, lo que nos hace felices, los espacios y objetos físicos que habitamos y usamos; la apreciación estética de aquello que conforma nuestras vidas”.
Desde cada perspectiva, las autoras abordan las sensibilidades y materiales que las distinguen, pero también de lo que las une como género, al fin y al cabo seres sociales y también visuales.


Siete mujeres, siete propuestas

La exposición reúne siete promesas: Tres artistas con trayectoria y cuatro incipientes artistas visuales. En el primer grupo se alinean Sandra Bello, Mely Ávila y Mariana Manzano.
Sandra Bello es recordada por su exhibición Reacciona Mujer con Furia en 2005, en la galería del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) de Tijuana, proyecto beneficiado por el FOECA en 2004. En aquella ocasión su obra consistió en una serie de 24 imágenes donde mostraba su reacción y la de los fotografiados respecto a los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua. Sandra presentó a diversos personajes portando una playera, misma que reproducía el color rosa de protesta de aquella ciudad y en el centro una cruz con un puño. Se trataba de una postura o reacción ante los macabros sucesos sin resolver. Sin embargo, en la propuesta visual llamaban más la atención personajes como Ely Guerra, Carlos Monsiváis, Vanessa Bauche y Eugenia León, por citar algunos, posando con su respectiva playera. Un muy reconocido fotógrafo local subrayó “sin querer queriendo” que las fotografías parecían “caseras”. Precisamente porque los personajes en cuestión simplemente posaban, cual fotografía familiar o entre amigos. Recapitulando: Efectivamente, la propuesta resaltaba más por el discurso ideológico que por la propuesta artística visual. En aquel 2005, Bello tenía 25 años.
Hoy, su proyecto titulado In Hiding/Mudanzas es más artístico, tanto en el contenido como en la presentación. Se trata de una foto-composición digital a color que reúne un mosaico de imágenes donde resaltan aquellos objetos propios de ellas, justo en el momento en que ocurre precisamente una mudanza.
“En esta pieza quiero hablarte de mi memoria, de las maneras en que se cruza con el presente a la hora de empacar todo para mudarme de casa; de la carga emocional que significan para mí estas cosas que guardo, que uso, que desecho, transformando su propia biografía y, a la vez, abriendo un nuevo capítulo de la mía”, expresa Sandra en la cédula descriptiva.
“Soy un ser en continua y permanente construcción. Soy una mujer que se ve reflejada en los objetos con los que coexiste, en los espacios que habita. Mi lenguaje es visual, y es a través de las imágenes de mis cosas que puedo comunicarme contigo”, agrega.
Por su parte, Mely Ávila recurre a la fotografía instantánea y presenta Una Tarde con Camila.
La pregunta obvia: ¿Cómo será una tarde con Camila? La respuesta arguye al instante, al momento: Semidesnuda, relajada, sin mayores complicaciones.
Complementa Ávila con un texto breve: “Camila… no se llama Camila, pero nació en la selva. Camila se enamoró unos meses atrás. Camila baila”.
Por su parte, Mariana Manzanos se vale de una instalación fotográfica con técnica mixta para presentar Dualidad. Muestra cómo dos opuestos se mezclan en un mismo espacio. Aunque parezcan distintos o estar separados, permanecen en un mismo espacio, siendo una misma cosa. 
De acuerdo con Manzanos, esta pieza muestra la capacidad que tenemos de encerrar en nuestra propia individualidad la dualidad de fuerzas contradictorias que viven en uno. 
Brenda Jiménez, Mariana Bello, Vanesa Capitaine y Flora Arias son las “principiantes”. Aunque en cuanto a la esencia de la exposición, no desentonan: Abordan también las peculiaridades femeninas.
La abuela, la tía, la sobrina y todas las demás mujeres posibles que habitan en una familia, son las féminas que Brenda Jiménez encierra su propuesta en blanco y negro que lleva por membrete Las Mujeres de mi Casa.
“Desde hace un año, cuatro generaciones de mujeres compartimos el mismo espacio, esto presentado aquí es una selección de 20 retratos de un archivo con más de 200 imágenes que narran nuestras vidas, en lo que hemos aprendido a llamar hogar”.
En impresión digital a color, Mariana Bello comparte Sin Título. Utiliza también el semidesnudo, semitatuado, mostrando con flechas las posibilidades, ¿de qué? ¿Acaso también gira en eso a lo que se conoce como felicidad?
“Mi proyecto gira alrededor de una pregunta: ¿Qué te hace feliz? La cual va dirigida de manera individual a mujeres jóvenes. La forma en que la felicidad se presenta en cada persona puede variar en muchos aspectos, para alguien puede ser que su felicidad se presente en algo físico o tal vez en algún recuerdo; en alguien, en algún lugar”.
De las “principiantes”,  probablemente quien resalta en cuanto a una equilibrada composición fotográfica es Vanesa Capitaine. Una cama solitaria, la modelo desnuda, encorvada, abrazándose, refugiándose acaso con sus objetos favoritos, sin faltar los cigarros. 
Be (Cuddly Toys, Camera, Clothes, Cigarettes…),  así se titulan las impresiones digitales tipo sephia.
“Mi cuestionamiento acerca de la identidad como mujer, basada en la idea del proceso de reconocimiento de sí mismo, a través de la historia de vida de cada persona dentro de sus procesos internos y externo, la relación con su cuerpo y los objetos que rodean su entorno, me  llevó a crear esta serie de tres historias en las cuales cada uno de los personajes están inmersos en su entorno personal y buscan identificarse con sí mismas entre sus miedos, dudas de su percepción de mundo, lo creen o tratan de ser”. 
La última propuesta corresponde a Flora Arias. En impresión digital a color, la exhibición de Arias es la que abusa en la elaboración. Se trata acaso de una alegoría de las frivolidades contemporáneas. Sólo en ese sentido la propuesta cumple su cometido:
“Tradicionalmente la mujer ha representado roles específicos, estereotipados por la publicidad, la moda, la televisión. La lente se gira sobre sí misma para captar aquello invisible para el ojo: La desesperación de mujeres que intentan ser ellas mismas y no lo son; la frustración de mostrar una imagen que no son. Olvidarse de sí mismas a favor de la moda, el buen gusto y el deber ser”.


Más allá de los clichés

Javier Galaviz contribuyó, además de la curaduría y en la habilitación del espacio, en la organización del evento con apoyo del IMAC y L.A. Cetto, precisamente para llevar a cabo una presentación decorosa. Es importante mencionar que la producción estuvo a cargo de las propias artistas visuales. Cada una invirtió alrededor de 2 mil pesos. En estos tiempos crueles, resultaría un homicidio exigirles demasiado, sobre todo reclamarles una mejor calidad en la impresión y demás aspectos técnicos, que por cierto fueron evidentes; sin embargo no viene al caso reparar en ello.

– Más allá de la camaradería académica y de las buenas intenciones del colectivo, ¿cuál es su apunte respecto a la exposición en el más estricto aspecto fotográfico?, se le preguntó al Maestro Pablo Guadiana mientras rondaba por las placas.
“Es dispareja en torno a la calidad de las propuestas que se están presentando. Yo la llamaría: Sandra Bello y las demás. El trabajo de ella es muchísimo más elaborado, una propuesta por todos esos elementos introspectivos en el que como mujer contemporánea nos está hablando, de lo que puede acompañar a la vida, la forma en que nos lo presenta, nos da muchas claves.
“Las piezas de Sandra son sumamente celosas, exigentes, no son fácil de entender. El demás trabajo se me hace de chavas que tienen una intención de tomar fotografía, pero carentes de oficio; sus propuestas están tristemente hechas, rehechas y rehechas. No veo más allá”.
No obstante, Guadiana rescata el hecho de que hayan tenido la capacidad de organizarse:
“Las mujeres están marcando la pauta a todas las demás disciplinas: Organizarse, presentarse y exhibir ante los demás, es muy destacable. Precisamente porque los fotógrafos son muy egocentristas, producen pero no les gusta exhibir su trabajo. Lo rescatable es que las chavas están aquí, están produciendo. Ojalá que el tiempo les ayude a aterrizar más sus ideas”.
A propósito de la continuidad de su trabajo, Córdova subrayó:
“El reto es que le sigan”.
Finalmente, tal vez ahí radique el mérito: Ellas dejaron atrás el discurso ideológico que opaca a veces lo artístico, incluso los clichés desprendidos de la frontera, como la migración, la violencia en sus distintos enlatados y demás peculiaridades que las disciplinas artísticas abordan de forma abusiva y hasta el cansancio.


Rumbo a Fotoseptiembre

Bajo el nivel de la calle Décima se encuentra un sótano habilitado exclusivamente para galería. Es justo en el número 7102  de la mencionada calle, entre Revolución y Constitución, donde se encuentra el recinto Galería sin Título. Al pretender entrar a la galería, primero se traspasan de frente dos puertas metálicas. Después de escasos cinco metros, hacia la izquierda se observan unas escaleras de concreto. Al bajarlas hasta el décimo y último escalón, se asoma la rústica catacumba. Paredes que alguna vez fueron blancas, fungen como exhibidores. Desgastadas. Su textura difiere a cualquier convencionalismo galerístico. Son cuatro paredes: Tres están completas y suman aproximadamente 60 metros cuadrados. En dos partes, la cuarta pared cuenta a lo más  10 metros cuadrados. Y el olor, propio al de un subterráneo abandonado y sin ventanas.  De cemento, en el piso yacen tres macetas. De la misma textura y color que las paredes, el techo se erige un poquito más de dos metros. Los visibles y “pelones” cables en el techo son raíces de colores que crecen hacia la luz: La caverna cuenta con 19 lámparas para iluminar las placas fotográficas.
Precisamente, ahí en la covacha, sin remodelar desde hace aproximadamente 30 años, ocurrió la última exposición fotográfica de la ciudad. Fue el viernes 16 de marzo, a las 8:00 de la noche. Poco a poco fueron llegando los invitados a la inauguración. En la reunión había alrededor de 80 asistentes. Algunos eran fotógrafos conocidos: Javier Galaviz, Pablo Guadiana, Roberto Córdova, Alfonso Lorenzana, entre otros dos o tres conocidos. Léase: La mayoría, alrededor de 70, eran caras nuevas, muy jóvenes. El pretexto: Apreciar la exhibición Lúmina: Ser, a cargo de siete jóvenes artistas visuales.
Esta fue la tercera exposición llevada a cabo en la Galería sin Título. La primera sucedió el 9 de septiembre de 2005, justo en la apertura del espacio, cuando expusieron jóvenes fotógrafos de distintas universidades. La segunda celebración visual, en julio de 2006: Habana Urbana
Lúmina: Ser podrá disfrutarse durante todo el mes de abril, de lunes a viernes. Es importante recordar que para poder acceder a la exposición, es necesario concretar una cita en el teléfono 685-0434. Después habrá que esperar las sorpresas que Galaviz tenga preparadas. Por el momento anuncia que está trabajando con un proyecto de Roberto Córdova, otro de José Francisco “Jofras” y una colectiva. Y el agasajo visual por escribirse: Fotoseptiembre promete ser una fiesta plástica de la cual la Galería sin Título pretende formar parte.


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