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Códigos de barras malditos

Cientos de residentes del pueblo de Bogolyubovo, en Rusia, no han querido canjear sus pasaportes porque, según ellos, el nuevo formato del documento contiene en su código de barras nada más y nada menos que -¡EN ZERIO!- símbolos satánicos.
La televisión estatal de hecho pasó la noticia con todo y entrevistas a los devotos pobladores donde destacó lo dicho por Valentina Yepifanova, mientras la mujer de edad avanzada abrazaba su pasaporte que, evidentemente, quería conservar: “Creemos que los pasaportes nuevos son pecaminosos. La gente dice que sus códigos de barras traen tres seises (o sea 666). Estamos en contra de esto”.
Además, algunos habitantes del mencionado municipio -cuyo nombre significa “adoradores de Dios”- han rechazado el cobro de sus pensiones porque los talones de pago también llevan códigos de barras que pueden incluir la cifra cabalística asociada con el demonio.


Ratas sudafricanas

El jueves pasado, la Policía de Sudáfrica dio a conocer que había remolcado once autos viejos luego de haber recibido quejas de que ratas gigantescas habían convertido las carcanchas en nidos. Lo peor es que -¡EN ZERIO!- los creciditos roedores estaban atacando a los peatones.
El superintendente de la Policía de Johannesburgo expresó a la agencia noticiosa SAPA que anteriormente habían lidiado con perros bravos, pero nunca con 25 ratotas furiosas, tal como fue el caso acontecido en el barrio de Soweto, al sur de la ciudad. Y todavía los neoyorquinos se quejan de hallar miserables ratitas en sus combos de Taco Bell y de Kentucky Fried Chicken


Administración por objetivos

Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote, el otro era taxista. El  destino un día quiso que los dos murieran el mismo día. Entonces, llegan al cielo, donde los espera San Pedro.
– ¿Tu nombre?, pregunta San Pedro al primero.
 “Joaquín González”, responde.
– ¿El sacerdote?
“No, no; el taxista”, aclara.
San Pedro consulta su planilla y dice:
– Bueno, te has ganado el Paraíso. Te corresponden estas túnicas de seda con hilos de oro y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar.
“Gracias, gracias”, sonríe el taxista.
Pasan dos personas más, y luego le toca el turno al otro Joaquín González, quien había presenciado la entrada de su tocayo.
– ¿Tu nombre?, pregunta el santo.
“Joaquín González”.
– ¿El sacerdote?
“Sí”, afirma el recién llegado.
–  Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponde esta bata de polyester y esta vara de plástico.
El cura se inconforma:
“Perdón, no es por presumir, pero... debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote!”.
– Sí, hijo mío, te has ganado el Paraíso, te corresponde la bata de...
“¡No, no puede ser! -interrumpe el padre-  Yo conozco al otro señor, era un taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, chocaba todos  los días, una vez se estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba los postes de alumbrado, se llevaba todo por delante. Y yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia.  ¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con hilos de oro y vara de platino, y a mí esto? ¡Debe haber un error!”.
– No, no es ningún error -explica San Pedro-, lo que pasa es que aquí en el cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes...
“¿Cómo? No entiendo...”, cuestiona el sacerdote.
San Pedro profundiza:
– Claro, ahora nos manejamos por objetivos y resultados. Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás enseguida: Durante los últimos cincuenta años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero cada vez que el taxista conducía, la gente rezaba y se acordaba de Dios. Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios? Nos interesan los  resultados, hijo mío. ¡Re-sul-ta-dos!

Autor: Mejor así lo dejamos.


El diario de Anna  Nicole Smith

Dos diarios escritos por la hoy occisa Anna Nicole Smith fueron vendidos a través de la página eBay. El comprador  pagó -¡EN ZERIO!- más de 500 mil dólares por cada uno.
Los escritos fueron hallados hace poco más de una década por un sujeto al que le tocó limpiar la casa donde Smith se hospedó durante un tiempo, mientras filmaba en Los Ángeles.
En una de las páginas, la que fue estrella de Playboy confesó: “Odio a los hombres porque quieren tener sexo todo el tiempo. Odio el sexo”.
Aunque la identidad del comprador no será revelada, se sabe que es alemán y planea escribir un libro en base a este hallazgo.


Pepito en la escuela

Pepito le pregunta a su profesora:
– Maestra, ¿me castigaría usted por algo que yo no hice?
No Pepito, ¡por supuesto que no!”.
– Qué bueno, porque no hice la tarea.



Pepito llega feliz del colegio y le dice a su mamá:
– Mamá, mamá, ¡aprendí a escribir!
La mamá le dice:
“¿Y qué escribiste?”.
Pepito responde:
– Cómo voy a saberlo, si todavía no sé leer…


El papá de Pepito decide irse a vivir a los Estados Unidos con toda la familia; allá Pepito ingresa a una escuela.
La maestra pregunta a Pedrito:
– A ver Pedrito, deme un ejemplo de la palabra “evidentemente”.
“Bueno maestra, mi papá, mi mamá, mis hermanos, y yo, fuimos a comer a un restaurant, evidentemente que mi mamá no cocinó ese día”.
– Muy bien, Pedrito. A ver Juanito, deme un ejemplo de la palabra “evidentemente”.
“Mi papá, mi mamá, mis hermanos, y yo, nos fuimos a la playa, evidentemente que la casa quedó sola”.
– Muy bien, Juanito. A ver Pepito, deme un ejemplo de la palabra “evidentemente”.
“Bueno maestra, yo estaba sentado en el corredor de mi casa y vi pasar a mi abuelita con el diario The New York Times y me dije: Evidentemente va al baño, porque no sabe leer inglés”.


La maestra en el salón de clases le dice a sus alumnos:
– A ver niños, díganme qué parte de mi cuerpo les gusta más, y yo les voy a adivinar qué es lo que van a ser cuando sean grandes. A ver Juanito, ¿qué te gusta más de mi cuerpo?
Su pelo, maestra”, responde el niño.
– Entonces tú vas a ser peluquero cuando seas grande. A ver Luisito, a ti, ¿qué te gusta más de mi cuerpo?
Sus ojos, maestra”.
– ¡Ahhh!, entonces tú vas a ser oculista, Luisito. A ver Diego, ¿y a ti?
“A mí me gustan sus dientes, maestra”.
– Muy bien, entonces tú serás dentista cuando seas grande, Diego. A ver Pepito, ahora dime tú lo que más te gusta de mí.
“Yo para qué le digo maestra, acabo de descubrir que quiero ser lechero”.


La profesora le dice a Pepito:
– A ver Pepito, si yo digo fui rica, es pasado, pero si yo digo soy hermosa, ¿qué es?
¡Demasiada imaginación, profesora!”.


Pepito le pregunta a la maestra:
– Maestra, ¿a qué edad se muere un burro?
Y la maestra le responde:
“¿Por qué Pepito? ¿Ya te sientes mal?”.


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