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José Luis Zubiate Soto

Juzticia

Gerardo Dávila Infante

El presente artículo se elabora en honor y memoria del Mtro. José Luis Zubiate Soto y con sincero afecto para la Licenciada Oralia Soto Lamadrid, quien como madre lo supo formar en el estudio, respeto, fraternidad y responsabilidad y con ello contribuyó a que José Luis sea un ejemplo para la juventud estudiosa y practicante del Derecho, lo cual les agradecemos todos.
No hace muchos meses escribí un artículo en relación con una parte del libro de Emmanuel Carballo titulado “Protagonistas de la Literatura Mexicana” y a unos días de publicado, caminando por los pasillos de los juzgados, me encontré con el Licenciado José Luis Zubiate, quien amablemente me invitó a su cubículo del juzgado y ya ahí con una sonrisa me comentó que de esos temas debería escribir más, que estaban muy interesantes, expresión que desde luego agradecí mucho porque desgraciadamente a pocos interesa los temas trascendentales.
El Licenciado Zubiate naturalmente mostró interés porque en el libro que nos ocupa, que en mi concepto es oro molido, su autor se propuso entrevistar a los grandes personajes de México que aún vivían, entre los cuales se cuentan José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes, Artemio de Valle Arispe, Carlos Pellicer, José Gorotiza y otros.
En homenaje al Licenciado José Luis Zubiate transcribiré algunas partes con agregados de aquel artículo con el objeto de que el lector se instruya de las lecturas que le agradaban, recordando ya entrando en materia que el personaje comentado principalmente fue José Vasconcelos (1882-1959), quien fue nombrado Rector de la UNAM en el gobierno de Álvaro Obregón para posteriormente ser designado por el mismo presidente, Secretario de Educación.
El autor comenta que Obregón dejó hacer a Vasconcelos, y éste hizo casi a partir de la nada, desde el punto de vista de la cultura nacional, lo que somos hoy, y lo que hemos deseado y no podemos todavía llegar a ser. En dos años y ocho meses que dura la gestión de Vasconcelos como Ministro de Educación, revoluciona la enseñanza, la cultura y el arte, esforzándose por desterrar el concepto elitista de la enseñanza.
Vasconcelos en los cimientos de su programa educativo se preocupa por producir maestros, edificar escuelas y poner en marcha bibliotecas públicas, acometiendo una campaña nacional contra el analfabetismo y así mismo edita obras del arte y pensamiento universales en grandes tirajes y precios baratos para que tengan acceso los mexicanos de todas las edades y fortunas. Ya fuera de la Secretaría de Educación, Vasconcelos funda la revista “La Antorcha”, que deja en manos de Samuel Ramos (El Perfil del Hombre y La Cultura en México) al viajar a España en 1925.
Dentro de la entrevista que realizó Emmanuel Carballo a José Vasconcelos se tocaron diferentes temas, algunos de los cuales se mencionan a continuación:
En cuanto a la literatura en el país dijo: “En México no hay literatura porque casi nunca se dice la verdad. La literatura debe ser, fundamentalmente, protesta. Su raíz es la libertad, la auténtica, no la que, como en nuestro caso, está escrita en los códigos. Aunque sea en el orden moral, debe triunfar el bien para que haya una verdadera expresión literaria, si no ésta se convierte en prostituta que acata o disimula los actos perversos de los poderosos”.
Carballo preguntó a Vasconcelos el por qué se separó de la Iglesia y éste contestó: “Me separé de la Iglesia por dos motivos: primero, para tener libertad de pecar a mi gusto: quería conocer el cielo y la tierra, el infierno y el purgatorio. Segundo, porque al actuar en política mis tendencias, contrarias a las dictaduras que hemos padecido, chocaron a menudo con el clero, por ejemplo en el momento en que cierta fracción de éste apoyó al gobierno espurio de Victoriano Huerta”.
También se le preguntó a Vasconcelos respecto de su opinión sobre sus compañeros del Ateneo de la Juventud, a lo que respondió: “A excepción de Antonio Caso, a quien siempre admiré, los demás me parecían incompletos, con su preocupación por la forma y su falta de garra para pensar y aún para vivir. A Antonio Caso le faltó originalidad. Durante mucho tiempo citaba, citaba y citaba. En sus últimos libros desarrolló su propio pensamiento. Como animador era incomparable. Entre todos los miembros del Ateneo fue el único que influyó sobre mí, sobre mi pensamiento filosófico. Mientras él estudiaba yo escribía. En varias ocasiones, después de oírle hablar, redacté algunos de mis ensayos. Nuestras discusiones, que las teníamos frecuentemente, provenían de que el era un escéptico en materia política. Ahora le doy la razón. Su única lucha fue por la cultura, nunca por la política”.
Se le preguntó si creía que Alfonso Reyes hubiera influido en nuestras jóvenes generaciones y él contestó: “Nuestros jóvenes escritores, bajo la influencia de Reyes, han hecho una religión del estilo. En sus escritos hay forma, pero muy poco contenido. Tal vez el mayor servicio que le debamos a Alfonso sea lo que podría llamarse el retorno a los clásicos”.
Se le preguntó si le agradaba la producción de Martín Luis Guzmán y él contestó: “La sombra del caudillo es la mejor obra que produjo la novela de la Revolución. Los libros de Guzmán son correctos; los míos, incorrectos. Él trabaja el estilo, yo soy desaliñado. Los dos somos hombres de ideas. Su estilo es delicioso. Su prosa no puede equipararse con ninguna de las que se escriben actualmente en México. Lástima que sea masón”.
Se le preguntó cuál había sido el autor que mayor influencia le produjo y contestó: “Lo que mayor influjo ha ejercido sobre mí, como prosista, es una página de Nietzsche en la cual cuenta cómo se hizo escritor. Dice, si mal no recuerdo: ‘Se ha de comenzar despojándose de todo convencionalismo, atreviéndose a decir con desnudez lo que se piensa’”.
Se le preguntó qué camino debe seguir la política mexicana en estos momentos (50’s) y contestó: “Hay que luchar por un futuro en el que rijan los principios de una democracia limpia y auténtica que, pese a todos sus defectos, es la mejor forma de gobierno, dentro del principio general de que todo gobierno es desagradable y molesto”.
Sobre los políticos contestó: “No son más que bestias que, a caso, sólo obedecen las riendas”.
Sobre Amado Nervo contestó: “Es uno de nuestros pocos grandes, fue maestro cuando dijo: ‘Lee los libros esenciales, bebe leche de leonas y gusta el vino de los fuertes’”.
Se le preguntó por qué los auténticos hombres de ideas, aquí y ahora, no llegan a las mayorías y contestó: “Porque el país no lee. No lee, y como no oye más oratoria que la de los licenciados y generales, cree que éstos son filósofos. Los intelectuales segundones suelen contribuir al desorden; por ejemplo, creen en la ideología que nunca tuvo Calles. Por mentirosos, por acomodaticios, nuestros intelectuales son gente efímera que no pasa a la historia. Aparece en Calles, y la intelectualidad piensa en él refiriéndose a Cárdenas, su caballerango. Siempre que podemos representamos el culto azteca del sacrificador. (Yo no, ellos). Los Presidentes en México se presentan a presidir el Tribunal de la Justicia con el pecho decorado con los cráneos de sus enemigos. Costumbres bárbaras, perversas”.+
Al preguntársele sobre el pueblo de México dijo: “Es un pueblo formado por una inmensa mayoría de cobardes”.
Sobre hacer un libro de historia de México contestó: “No tengo mucha prisa de hacer el libro de historia, que es asunto mercenario, pues no es mi vocación escribir sobre patología social”.
También Vasconcelos dijo: “Un pueblo con buena y verídica literatura necesariamente es un pueblo libre y honesto” y agregó estando en España: “El día en que los pueblos hispánicos gasten más en maestros y menos en soldados, comenzaremos a salir de nuestra decadencia. Acabo de ver una placa que recuerda el lugar en que estuvo preso Cervantes; tal es el ritmo de nuestra historia: en la cárcel el genio, y en el poder, los imbéciles”.
Ante tal elocuencia y profundidad solamente me resta agregar: “Hasta siempre, José Luis”.

Gerardo Dávila Infante, ejerce su profesión en Tijuana, B. C.
Correo: lic_g_davila@hotmail.com


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