|
|
 |
 |
Los límites de la violencia entre los esposos
Conzultoría Matrimonial
Lic. Roberto Bautista López
Muchas son las cosas que conforme pasa el tiempo vamos conociendo, no porque no las sepamos o las estemos descubriendo, sino porque los tiempos actuales nos han permitido hablar y tratar abiertamente asuntos que antes eran tabú, precisamente ello me ha permitido hablar abiertamente y que no se me censure sobre la sexualidad y el sexo, prueba de ello que alguno de mis dos que tres lectores se ha beneficiado con ello en lo que corresponda y otros muchos más hablar sobre asuntos muy penosos como la disfunción eréctil.
Pero lo que hoy voy a tratar, que no es nada nuevo porque siempre ha existido, es sobre la violencia entre los esposos y que poco a poco muchas mujeres se han estado atreviendo a hablar de ello y en algunos casos hasta denunciando a su esposo, pero como dicen muchos, de qué vale denunciarlo si las autoridades encargadas de su cumplimiento no hacen lo que les corresponde, y precisamente la mayor responsabilidad recae sobre los ministerios públicos, que muchas veces hacen oídos sordos a tantas y tantas denuncias que se les presentan o las soslayan sin darle la importancia que para la denunciante tiene. Dos son los casos que me impactaron y que me ponen a pensar: ¿en qué siglo vivimos?, ¿en dónde están los valores?, ¿dónde los principios?, y así como esos pensamientos me corroen la mente, hay muchos más y a mucha gente creo que también le pasa por su mente tanta descomposición social que existe y nada parece arreglarse.
El primer caso corresponde a la señora que fue a denunciar a su pareja o esposo del maltrato y violencia que ejercía sobre ella, detuvieron al sujeto de marras y para pronto el agente del ministerio público encargado del caso lo soltó, dicen sus superiores que cumplió con la normatividad para esos casos, pero el caso es que saliendo de donde estaba recluido inmediatamente se va a su casa y le da una santa “madriza” a la señora, que termina asesinándola. ¿Quién tiene la culpa? La autoridad, que no cumplió con su cometido de salvaguardar la integridad de las personas, por la falta de capacidad al no conocer los síntomas de una patología proclive a la violencia desmedida y suficiente para asesinar. ¿Dónde están los cursos de capacitación para que un agente del ministerio público tenga la capacidad de poder darse cuenta de las intenciones de un asesino en potencia?, ¿dónde está la responsabilidad de la autoridad para no dejar pasar por alto este tipo de actuaciones y castigar a los culpables? No es suficiente que un agente del ministerio público sea abogado para asegurar que puede ser un buen agente, necesita preparación, pero sobre todo lo que le falta a casi todos, sensibilidad para tratar las diferentes conductas delictivas que se les presentan y poder actuar en consecuencia. Una persona proclive a la violencia nunca va a cambiar si no es atendido debidamente, incluyendo la reclusión, pero eso sí, seguimos viendo en la TV los spots del senado donde dicen que han legislado para que las mujeres ya no vuelvan a ser maltratadas, dónde están nuestros legisladores locales para combatir dentro de su ámbito la violencia para que ésta sea atacada de frente y no se necesite que la mujer vaya media muerta ante los agentes del ministerio público y pueda ser salvaguardada, detenerse y refundirse en las cárceles a estas bestias.
Consternación causó también el asesinato y suicido de una pareja reputada y reconocida donde el marido mata a su esposa y después se suicida, donde era público y notorio entres sus vecinos los constantes brotes de violencia que se daban en su casa y que todos alrededor se daban cuenta. Pero fue necesario que ésta terminara con la muerte para entonces sí, los vecinos dicen que se daban cuenta de ello y que era insoportable pero que nada hicieron en su momento, tal vez porque algunos disfrutaban de ello, o quizá sus instintos se veían satisfechos al saber que a aquella mujer le daban una paliza y que no se atrevían a hacerlo con la suya. Muchos son los casos que atiendo de parejas disfuncionales, en que no saben o no se dan cuenta de lo mal que anda su matrimonio, ya que conforme se van abriendo y haciendo los reclamos correspondientes, va aflorando que después de tanto tiempo de ejercer violencia mental, emocional y finalmente verbal (sin excluir la física), se dan cuenta de que llega un momento en que ya no es posible seguir viviendo así, y que es materialmente imposible seguir juntos ante la falta de respeto, consideración, solidaridad, apoyo y amor, que ante el temor evidente de sufrir con las consecuencias (golpiza o asesinato), quieren darle fin a ese sufrimiento y desamor, por lo que se atreven a sacarlo y exponerlo, para ver si así se da cuenta su pareja de que no es vida la que se lleva en esas condiciones. Empezando con la violencia económica donde se denuesta que es una buena para nada, que no le alcanza el dinero para nada, que es una despilfarradora, una estúpida que no sabe cuidar el dinero, etc., etc., etc. O el desprecio hacia el físico, ya porque está flaca, ya porque está gorda y no hace nada para mejorar cuando en la calle cualquier burra está mejor que ella, que parece cochi, panzona, y una serie de improperios que las mismas leyes consideran violencia extrema pero que para el marido inquieto no son ofensas sino señalamientos para ver si agarra la onda y cambia. O lo mismo a través del sexo violentarla al querer saciar sus instintos al poseerla peor que si fuera una prostituta, o hacerle prácticas sexuales antinaturales, que las lastiman u ofenden porque no se tomó el tiempo ni la delicadeza de enseñarle o hacerle ver las tantas variantes de la sexualidad con que a fuerza quiere que se le satisfaga sus más aberrantes deseos.
Lamentablemente los hijos pronto se dan cuenta de ello y llega el momento en que son los primeros en pedirle y a veces implorarle a la madre que deje al padre, que preferible vivir sin él pero que ya no siga sufriendo y hacerlos sufrir a ellos. Existen muchos todavía que se creen amos y señores de sus esposas como si éstas fueran sus esclavas y disponer de ellas y su cuerpo a su antojo, a su estilo y al momento y en la forma que sea.
No nos debemos quedar callados al saber que alrededor hay alguien que sufre a consecuencia de la violencia, hay que denunciar y esperar con algo de esperanza de que la autoridad algún día habrá de cumplir con su obligación de impartir justicia, y de no ser así, denunciarla ante otras instancias para que entienda el papel que debe de cumplir y que es el de salvaguardar la integridad de las personas.
Gracias por todo a mis dos que tres lectores al llamar, comentar o venir a consulta llamando al 684-9647, fax 684-1889, celular 2504-6180 o al e-mail: bautista46@hotmail.com
|
 |
|
 |