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Resaca
Contrariedadez
Raúl Paredes y Hernández
¿Que cómo me fue?
Mire, cuando se han celebrado tantos cumpleaños a lo largo de la vida, a estas alturas lo que quiere uno es, nada mas, llegar al siguiente.
Sin embargo hay quien se festeja en grande y nos hace partícipes de su euforia ya sea por invitación a estar con ellos, o por las notas de prensa como las que cada año nos otorga el señor Zepeda, alto ministro de la iglesia católica, con motivo de sus políticamente ruidosos cumpleaños. Nunca falta la nota.
En mi casa hubo ruido limitado pues previamente fuimos invitados a Mexicali para la ceremonia de la primera comunión de Luis Andrés, hijo de Roberto, m’ijo y la Veros.
Como me había permitido anunciar mi onomástico por este medio, ya tenía el compromiso de regresar a atender a alguno que otro “espontáneo” que vendría a la casa por la tarde.
Así es que desde el viernes salimos a la capital del estado y es de lo que les tengo que platicar pues, ya me conoce, no me puedo quedar callado.
No es que lo hayamos pasado mal, no, al contrario, fue una ceremonia –la de la primera comunión– muy bonita y la Veros y mis todos nietos nos atendieron de maravilla, además de que me desearon las primeras felicitaciones del día.
No…¡la carretera!
Seguramente Usted recuerda, por las clases de la historia de México, que la ciudad de Tenochtitlan estuvo sitiada por 73 días hasta que vino la rendición y la conquista, con barcos en el lago de Texcoco y toda la cosa…
Bueno, pues eso no es nada: ¿ha salido por carretera rumbo a Tecate?
Por una, porque es gratuita, y la otra, con lo que cuesta, pero ambas destruidas. No podremos abandonar Tijuana en caso de emergencia. O moriremos en algún bache o precipicio de los que han dejado los “constructores” (¿?) de ellas.
Ya le he tratado de describir las obras de destrucción que realiza la des-tructora que ha sido beneficiada con la obra de la ampliación de la carretera que era federal a Tecate. ¡Terrible!
Bueno, pues si trata de salir por la de cuota se encontrará que la elevada tarifa no les alcanza, a quienes sean los propietarios, para darle el mantenimiento adecuado; está destruida, no en aras de obras nuevas, sino por falta de conservación. Por si fuera poco, ya se encuentra en construcción una gigantesca planta “de algo” que eventualmente tendrá como acceso-salida de sus insumos y productos, la misma autopista, en conjunción de los trabajadores que la sostengan.
Claro que, eventualmente también, se hará necesaria la acomedida participación de los constructores de casas que, ya lo vimos, están resueltos a “sitiar” nuestra ciudad con sus masivos conjuntos, los cuales, lejos de proporcionar avenidas holgadas para su integración, hasta la carretera de cuota serán capaces angustiar.
Mire Usted, yo no conozco, ni tengo cómo, porque no me invitaron a la presentación al Presidente, el proyecto para Valle de las Palmas, pero todo esto de la construcción de vivienda encierra misterios insondables.
Usted fue testigo del ofrecimiento de subsidios que ofreció el señor Calderón (ellos que “odiaban” todo lo que fueran subsidios) a los adquirentes de vivienda. No sé de dónde piense sacar el dinero, él sabrá…
Pero hojeando el presupuesto de egresos para el presente año no veo muchos recursos para la vivienda; únicamente 6 mil ochocientos millones de pesos. Suena a mucha lana, pero…
Le tengo que decir que los funcionarios gubernamentales hablan de construir –ellos– cada año, alrededor de 700 mil viviendas –700 mil!–. El dinero necesario para que las adquiramos, con un costo promedio aproximado cada una de unos 25 mil dólares, por usar esta moneda como referencia, son unos 17 mil quinientos millones de dólares.
¡Diecisiete mil quinientos millones de dólares! ¡Ciento setenta y cinco mil millones de pesos!
¡Cada año!
Si el gobierno federal dispondrá únicamente de siete mil, yo me pregunto, ¿de dónde salen los restantes ciento sesenta y tres mil millones para prestarnos a todos nosotros para comprar cada una de las setecientas mil casas? Y además ¡cada año!
No se desgaste sumando la recuperación de préstamos previos del INFONAVIT, del ISSSTE, de la sociedad llamada hipotecaria federal que opera los fondos de FOVI, bancos y las llamadas “sofoles”. No alcanzan.
Es por eso que vimos en notas de prensa de hace unos días a un funcionario –muy bien vestido por cierto– de algún banco extranjero anunciando su participación en los programas de vivienda. Es obvio que han visto como un campo muy atractivo el “colocar” recursos en el financiamiento a la vivienda con intereses muy por encima de lo que cobra en sus países de origen.
Para pagar esta deuda que estamos adquiriendo a 20, o hasta 30 años, debemos estar seguros de poderlo hacer disponiendo de trabajos estables y bien remunerados. Por lo pronto se trata de una “deuda externa” que adquirimos de forma personal, cada uno de los acreditados…
Esto es “resaca”, lo demás son vaciladas…
Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B. C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx
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